sábado, 6 de mayo de 2017

José Carlos Mariátegui

Juan Luis Hernández
Publicado el 22 de abril de 2015

El 16 de abril de 1930, moría en Lima José Carlos Mariátegui. Una abigarrada multitud, como pocas veces se había visto en la ciudad, acompañó acongojada el cortejo fúnebre. El primer marxista de América Latina, como muchos lo consideran, falleció a la temprana edad de 36 años, dejando una vasta y rica obra teórica y política.

José Carlos Mariátegui La Chira nació en un hogar muy humilde de Moquegua, en el sur del Perú, el 14 de junio de 1894. Su padre, José Francisco, era empleado público, y su madre, María Amalia La Chira Vallejos, una mestiza. Su infancia y adolescencia fueron difíciles. Un accidente en la escuela le ocasionó una grave lesión en la pierna, que lo acompañaría el resto de su vida. Cuando tenía 14 años, el fallecimiento de su padre obligó al adolescente a abandonar la escuela e ingresar a trabajar en “La Prensa”, un periódico de Lima. Desempeñó distintas tareas hasta convertirse en linotipista, y en 1914 comenzó a publicar artículos y crónicas. En esos años escribía crítica literaria y poesía, que firmaba con el seudónimo Juan Croniqueur, y forjó valiosas amistades con los escritores Abraham Valdelomar, César Falcón, César Vallejo y otros. Con ellos participó en la fundación de una efímera revista literaria-política llamada Colónida, que fue importante porque en ella se procesó la ruptura de estos intelectuales con el civilismo, un movimiento político peruano que impulsó el surgimiento de la República Aristocrática (1895-1919), tras la guerra del Pacífico.

Entre 1914 y 1916 Mariátegui trabajó como periodista en “La Prensa”, y desde 1916 hasta 1919 en “El Tiempo”, un periódico opositor al gobierno. Hacia 1918, Mariátegui, y sus amigos comienzan a orientarse hacia posiciones socialistas. Son años de gran agitación política y social en Perú, signados por las noticias del triunfo de la Revolución en Rusia y por las luchas del joven movimiento obrero por la jornada de ocho horas y de los estudiantes por la Reforma Universitaria.

Las referencias ideológicas de los jóvenes limeños serán la obra del intelectual anarquista peruano Manuel González Prada (1844-1918), las publicaciones socialistas que llegaban a Perú y una incipiente literatura indigenista, que denunciaba la situación de la población indígena. En junio de 1918 comienzan a publicar Nuestra época, una revista de clara orientación socialista, de la cual sólo saldrán dos números, consecuencia de la persecución gubernamental.

La situación política finalmente decantará en las elecciones presidenciales de mayo de 1919. Augusto B. Leguía, antiguo presidente de la República Aristocrática, comprendiendo el agotamiento del régimen oligárquico, armó una coalición con los sectores políticos desplazados y se impuso en los comicios. Adoptando reivindicaciones populares y con el apoyo del ejército, Leguía dio un golpe de estado en julio de 1919, disolviendo el Parlamento y convocando una Asamblea Constituyente para reorganizar el aparato estatal. Sobre esta base gobernó hasta 1930. El “oncenio de Leguía” como se conoce este período, marcará el pasaje de Perú al siglo XX: impulsó el desarrollo del capitalismo, permitió la penetración del capital extranjero, favoreció a las grandes empresas exportadoras agrícolas y mineras, promovió la centralización política y reorganizó todos los sectores de la administración pública. Leguía aceptó la reforma universitaria (octubre 1919), la jornada de 8 horas, y creó la Sección de Asuntos Indígenas, primera oficina gubernamental que impulsó medidas de apoyo a la población indígena. Pero también impuso la Conscripción Vial, que obligaba a los indígenas a prestar trabajos gratuitos en la construcción de carreteras. Durante su gobierno aumentó el endeudamiento externo al tiempo que, con el apoyo de Estados Unidos, recuperó Tacna, hasta entonces ocupada por Chile (1929).

Durante 1919 Mariátegui colaboró con el periódico “La Razón”, apoyando las luchas obreras y estudiantiles, por lo cual fue clausurado. Acto seguido, recibió una “beca” para viajar a Europa, una forma poco discreta de simular una verdadera deportación. El 8 de octubre de 1919 partió hacia el viejo continente, regresando a Perú el 17 de marzo de 1923.

El viaje, y particularmente la estancia en Italia, marcarán un antes y un después en la vida de José Carlos Mariátegui. Llegó a Italia en un momento en que el país era la encrucijada de la revolución en occidente: las ocupaciones de fábricas de Turín, los lock out patronales, el posterior retroceso del movimiento obrero y el ascenso del fascismo de Mussolini. En enero de 1921 asistió al congreso de Livorno, donde se produjo la ruptura del viejo Partido Socialista y el nacimiento del Partido Comunista. En Livorno Mariátegui conocerá a la izquierda socialista –Gramsci, Terraccini, Bordiga, flamantes dirigentes del nuevo PCI. Aunque en octubre de 1922, cuando Mussolini y sus partidarios asalten el poder con la marcha sobre Roma Mariátegui ya no estaba en Italia, su experiencia en los años anteriores le permitió conocer de primera mano el proceso italiano.

En suma, la estancia en Italia será para Mariátegui el gran laboratorio donde se formará teórica y políticamente en el marxismo. Estudiará las obras de intelectuales que ejercerán gran influencia en su posterior labor teórica y política: el filósofo Benedetto Crocce, el historiador Piero Gobetti, George Sorel, Henri Bergson, entre otros. Y será también una página fundamental en su vida personal, ya que ahí conoce a su esposa, Anna Chiappe, y nacerá el mayor de sus cuatro hijos varones.

Cuando Mariátegui regresa a Perú, comienza la época más trascendente y fecunda de su trayectoria política. Es verdaderamente sorprendente la cantidad de actividades que desarrolla, desde marzo de 1923 hasta su fallecimiento en 1930, consecuencia de una enfermedad derivada de aquel doloroso accidente sufrido en su infancia, y que apenas regresado al Perú le provocó la amputación de una de sus piernas.

Entre 1923 y 1924, Mariátegui comienza a trabajar en la Universidad Popular González Prada, y se conecta con intelectuales y dirigentes de los movimientos populares. Es una etapa en donde su producción ideológica está basada en forma directa en su inmediata experiencia en Europa, predominando los temas relacionados con la crisis de la democracia burguesa, la revolución rusa, los problemas del socialismo, el naciente comunismo y el ascenso del fascismo. La escena contemporánea, publicado en 1925, recoge los trabajos más importantes de esta época.

A partir de 1925 y hasta 1928 Mariátegui se sumerge en el estudio de la realidad peruana, tratando de hacer un planteamiento riguroso que conjugue dialécticamente lo universal y lo particular, el método del materialismo histórico y los aspectos específicos de las formaciones económico-sociales de la región andina. En 1926 aparece la célebre revista Amauta, que Mariátegui dirigirá hasta su muerte, y a fines de 1928 publica su libro más importante y difundido, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, en los que recoge trabajos, ensayos y polémicas anteriores.

Desde su regreso al Perú y hasta fines de 1927 Mariátegui iniciará su labor política, orientada a conectarse con militantes populares y a reagrupar un amplio arco de la vanguardia política e intelectual en Amauta (voz que significa “sabio” en quechua). En estos años trabajó en forma conjunta con Víctor Raúl Haya de la Torre, dirigente político peruano que había marchado al exilio en 1923, y que al año siguiente fundó en México el APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana), una organización de carácter nacionalista con la cual los marxistas peruanos trabajaban en frente único.

En los dos últimos años de su vida, se producirá la ruptura con Haya de la Torre (principios de 1928), la fundación del Partido Socialista Peruano (PSP, septiembre de 1928), y los debates con la Internacional Comunista (junio de 1929). Es en estos años que Mariátegui escribe los materiales que luego sus hijos publicarán en 1959 bajo el título Defensa del Marxismo, en el cual toma distancia tanto del reformismo como del determinismo en una lectura muy original del materialismo histórico. En 1929 Mariátegui contribuirá a la fundación de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) y del periódico Labor.

Es imposible resumir en el espacio con que contamos las posiciones de Mariátegui en las innumerables polémicas y debates en los que participó, de modo que nos limitaremos a mencionar los que entendemos constituyen sus aportes decisivos.

En relación a la cuestión agraria e indígena, Mariátegui fue el primero en sostener que la vía socialista en el campo podía resolverse a partir de la supervivencia del ayllu, la antigua comunidad indígena de origen pre-hispánico subsistente en el mundo andino. Una revolución social en el Perú, donde las tres cuartas partes de los trabajadores asalariados eran indígenas o de origen indígena, y la mayoría trabajaban la tierra, podía aprovechar las prácticas comunitarias que seguían existiendo en la población de la sierra andina para avanzar hacia formas comunistas sin necesidad de recorrer etapas intermedias, signadas por la distribución parcelaria de la tierra. Es un notable paralelo con los últimos escritos de Marx sobre la obschina y su papel en el pasaje al socialismo en Rusia, que por aquella época solo se habían publicado –muy parcialmente- en ruso, y difícilmente hayan sido de conocimiento del peruano.

En relación a la estrategia política revolucionaria, los cruces de Mariátegui con Haya de la Torre en 1928, y las discusiones que los delegados peruanos plantearon en la Conferencia de Partidos Comunistas de junio de 1929 en Buenos Aires, constituyen, posiblemente, los primeros cuestionamientos efectuados en América Latina a la revolución por etapas, sostenida primeramente por Haya y el APRA, y adoptada luego por el movimiento comunista a partir del VI Congreso de la III Internacional (julio de 1928).

Mariátegui y sus compañeros sostenían que en países como Perú, las tareas de la revolución democrática burguesa solo se podrían realizar exitosamente mediante la acción proletaria, ya que el régimen democrático burgués era incompetente para llevarlas a cabo. El Programa del PSP y los tres documentos que la delegación peruana trajo a la Conferencia de 1929 en Buenos Aires -“Punto de Vista antiimperialista”, “Antecedentes y desarrollo de la acción clasista” y “El problema de las razas en América Latina”- resumen las posiciones políticas y teóricas de Mariátegui, quien por la gravedad de su enfermedad no pudo viajar. En el programa del PSP y particularmente en “Punto de vista….” se reafirman las posiciones clasistas, la necesidad de la organización propia de la clase obrera y los revolucionarios marxistas, y la idea de que las transformaciones democráticas-burguesas serían obra de los obreros y los campesinos, cumplidas las cuales la revolución devendría en revolución proletaria. La defensa de los documentos por la delegación peruana ocasionó una dura reprimenda de Victorio Codovilla, que representó en el cónclave comunista de Buenos Aires la posición de la mayoría estalinista del Secretariado Sudamericano de la KOMINTERN.

Es muy difícil considerar a José Carlos Mariátegui como el primer marxista de América Latina, por lo menos desde un punto de vista cronológico. Si inauguró, con aciertos y errores, una forma de aplicar en forma creativa la teoría del marxismo a la realidad de nuestro subcontinente, procurando sintetizar el método y las verdades de carácter universal con los rasgos específicos del mundo andino. Alguna vez Mariátegui escribió la frase “…el dogma (se refiere al marxismo) no es un itinerario, sino una brújula en el viaje” (Defensa del Marxismo, 1959). Recuperar los aportes revolucionarios del legado mariateguiano es descubrir su contribución a un viaje, todavía hoy inconcluso.

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