lunes, 22 de mayo de 2017

Agosto de 1954. Nace el Rastrojero Diésel


Héctor Brondo

Algo había que hacer con esos motores inservibles arrumbados en un galpón estatal. Eran unos Willys Overland que habían propulsado los jeep artillados que los soldados estadounidenses utilizaron en la Segunda Guerra. Finalizado el conflicto bélico, la industria norteamericana los recicló en los tractores Empire.
IAME Rastrojero Diesel NP-66 (1967).jpg

A fines de los ’40, funcionarios del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (Iapi), encargado del comercio internacional del país, compraron 2.500 unidades de esa maquinaria agrícola por una cifra millonaria. Sin embargo, jamás pudieron surcar nuestros campos porque tenían un problema de diseño insalvable.

¿Desafío o locura?

El entonces ministro de Aeronáutica, brigadier Juan Ignacio San Martín, le propuso al presidente Juan Domingo Perón utilizar los motores herrumbrosos como plataforma de lanzamiento de la industria automotriz nacional. El mandatario aprobó la idea y el funcionario planteó el desafío a técnicos de Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado (Iame). El complejo fabril, a la vera de la ruta 20, en Córdoba, había sido creado el 28 de marzo de 1952; ya existía, desde un año antes, en el mismo predio, la Fábrica de Motores y Automotores.

Los ingenieros Raúl Gómez y Félix Santiago Sanguinetti, entre otros, asumieron el reto.

“Me llamaron y me preguntaron si me animaba a hacer un camioncito. Con la inconsciencia que tenía entonces dije que sí, no iba andar pensando mucho...”, comentó una vez Gómez a una periodista de este diario. De los tractores en desuso se utilizaron el motor, el embrague, la caja de velocidad, las crucetas y la bocha del diferencial, entre otras piezas.

La suspensión delantera era similar a la de los Ford, con elástico transversal pero con amortiguadores tubulares. La trasera constaba de dos elásticos semi elípticos preparados para soportar 750 kilos de carga, más o menos.

Los trabajos en chapa se hicieron en el hangar 90 de la Fábrica de Aviones y el taller Autoar proveyó los primeros chasis.

¡A rodar la vida!

El prototipo del Rastrojero y la rural Gauchita se presentaron el 1° de mayo de 1952 en la Plaza de la República, en Buenos Aires. Fue en el mismo acto en el que se lanzó al mercado el automóvil nacional Institec, con Juan Perón en el palco de honor.

La aceptación que tuvo el vehículo de carga sorprendió a propios y extraños. Por esa razón, para su comercialización, en 1953 se creó el Consorcio Industrial para la Producción Automotriz (Cipa) formado por autopartistas locales. La alta demanda agotó en poco tiempo las 2.365 unidades.

Un noble gasolero

Fue entonces que se tomó la decisión de archivar esa línea de producción y activar la del Rastrojero equipado con motor diésel de cuatro tiempos. La modificación permitió abaratar costos de la “chatita” y ampliar geométricamente su participación en el mercado automotriz.

Y consolidó un sistema de producción basado en la interacción científica, tecnológica, económica y social, en un marco ideológico determinado por el peronismo y su afán por el desarrollo industrial.

La alemana Borgward se impuso en la licitación convocada para proveer los motores a gasoil. Este combustible se había incorporado masivamente al transporte. Las pruebas de los impulsores fueron satisfactorias. Iame encargó 20 mil y Borgward montó una planta en Argentina para producirlos.

En agosto de 1954 se lanzó al mercado el Rastrojero diésel con el motor alemán de 1.758 centímetros cúbicos y 42 caballos de potencia. Causó furor y salía como el pan caliente.

La producción se mantuvo en constante crecimiento y alcanzó su apogeo en 1975, cuando de cada 10 vehículos que se vendían en el segmento de las pick up diésel, casi ocho eran Rastrojeros.

Sin embargo, el 22 de mayo de 1979, por decreto del entonces ministro de Economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz, la producción del emblemático vehículo, sus autopartes y todos los derivados, fue suspendida para siempre.

La empresa contaba entonces con más de 70 proveedores, un centenar de concesionarias en todo el país y más de tres mil empleados.

El Rastrojero inició así su marcha hacia la leyenda.