martes, 11 de abril de 2017

Mujeres de película. Margarita de Navarra y su heptamerón

fayanas1Edmundo Fayanas Escuer

Nace el once de abril de 1492 en Angulema (Francia). Sus padres son Carlos de Orleans, conde de Angulema y Luisa de Saboya. Pertenece a la primera rama de los Orleans de la dinastía capeta. (En la imagen: Margarita de Navarra, dibujo al carboncillo por Francois Clouet. Biblioteca Nacional, París).
Fue educada bajo la dirección de su madre Luisa. Se es meraron en enseñarle idiomas, hablaba español, italiano, griego, latín y hebreo, además del francés. Su educación fue de tipo renacentista. Era importante el cuidado de su cuerpo, por eso una actividad diaria era montar a cabollo y nadar, esto último sorprendente para la época. Bordaba muy bien. Toda su educación estaba basada en el humanismo junto a un enfoque místico.
Cuando Margarita tenía dos años cambiaron de residencia y se instalaron en Cognac, donde nacería su hermano, el futuro Francisco I de Francia. Teniendo cuatro años muere su padre Carlos de Orleans. Teniendo solamente diez años se le intento casar con el príncipe de Gales, Enrique VIII de Inglaterra, pero nunca se celebró la boda porque es rechazada por parte inglesa debido a la política entonces existente. Enrique VIII de Inglaterra se casó con Catalina de Aragón.
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Posteriormente se le prometió con Gastón de Foix, que era sobrino de Luis XI de Francia y del cual estaba enamorada. Esta boda tampoco se celebró por el fallecimiento de Gastón pues resultó muerto en la batalla de Rávenna en Italia. (En la imagen: Margarita de Navarra y su hermano el rey Francisco I)
Su primera boda se produce a la edad de diecisiete años, el tres de diciembre de 1509, casándose con el duque de Alencón, Carlos IV que tenía entonces veinte años. Este matrimonio no tuvo ningún hijo y fue ordenado por orden del rey Luis XI de Francia.
Fue un matrimonio sin amor y muy desdichado. Un día Margarita exclamó“Alabado sea Dios, pero preferiría la muerte”. Se cuenta que un día “tanto se contenía que sus lágrimas que invadían su corazón. Le provocaron una hemorragia nasal tan abundante que puso en peligro su vida”.
El duque de Alencón era una persona sin cultura a pesar de su nobleza. En la época final de su primer matrimonio, conoce el movimiento místico que se desarrolla en los alrededores de París, manteniendo una extensa relación intelectual con Guillermo Briqonnet.
Queda viuda en 1525. En este mismo año, Margarita escribe su primer libro “El dialogo”, que resulta difícil de interpretar. Como consecuencia de la batalla de Pavía entre franceses y españoles, Francisco I cae prisionero del Emperador Carlos I y V de Alemania. Francisco I es trasladado en primer lugar a Valencia. Posteriormente es trasladado a Madrid donde se le recluirá en la Torre de los Lujanes, situada en la plaza de la villa.
Margarita de Navarra, en septiembre de 1525, se traslada a Madrid para visitar a su hermano el rey Francisco I y negocia las condiciones para su liberación. El propio emperador Carlos I acompañó a Margarita a visitar a su hermano. Consecuencia de esta visita, se firmó el Tratado de Madrid (19 de diciembre de 1525) por el que Francia cede el ducado de Borgoña a los Habsburgos, a cambio Francisco I obtiene la libertad.
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El escudo de armas de Margarita de Angulema

Folio 2: Enrique II de Navarra Albret con una margarita en la mano izquierda

Margarita tiene una gran influencia política a lo largo del reinado de su hermano Francisco I, y este es un aspecto muy importante, pues ambos se defienden mutuamente, y lo veremos cuando los católicos acusan a Margarita de apoyar a los protestantes
Margarita se casa por segunda vez en 1527 con Enrique de Albret, rey de Navarra. Su matrimonio con Enrique de Albret levantó una fuerte contestación entre los católicos, ya que sirvió como una muestra de la simpatía de Margarita hacia los protestantes. Fruto de su matrimonio será un hijo, Enrique IV, que fue rey de Francia y de Navarra, también tuvo un segundo Hijo, Juan pero éste murió joven.
Fijan su residencia en Nérac, donde atrae al mundo de la intelectual europea, destacando el escritor Francois Rabelais, que le dedicó un libro“Tiers libre”. Henri Jonda dice de Margarita “que tenía un ávido apetito de conocer el bien, lo justo y lo bello y una insaciable sed por el amor humano y divino”.
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En su corte se relacionaba con humanistas que eran acusados como herejes. Por su corte pasaron intelectuales de la categoría de Roussel, Marot, Lefévre d’Etaples, así como el propio Calvino. (En la imagen: Enrique II de Navarra Albret y Margarita de Angulema)

En el año 1531 publica la obra “El espejo del alma pecadora”. Dicha obra fue condenada por la Facultad de Teología de París. Sin embargo, el rey Francisco I salió en defensa de su hermana, parando la condena.
Jon Oria, escritor e historiador que es el autor de una tesis sobre Margarita, desenmascara en su trabajo la acusación de protestantismo esgrimida por la Corte española contra la reina navarra:
"A lo largo de toda la obra de Margarita de Navarra no se refleja en absoluto una temática de tipo protestante, aunque también es cierto que reformadores como Calvino se llegaron a refugiar en la corte de Navarra (1534). No obstante, pronto tuvo que abandonar la corte a causa de sus ideas intransigentes. Al pueblo de Navarra, al de los dos lados de la frontera, se le trató de hacer creer entonces, y se le ha venido explicando a lo largo de la historia, que la reunificación fue imposible por la presunta amenaza del protestantismo. Sin embargo, este peligro fue la estratagema utilizada por el entonces emperador Carlos V para retener y consumar la ocupación del territorio de Navarra. Y por su lado, el rey Francisco I decidió mantenerse al margen de la cuestión, puesto que no le convenía sacrificar sus intereses en Italia. Sacrificando la reunificación del Reino, los Albret no se cansaron de maniobrar hasta conseguir que Enrique IV entrara en Notre Dame de París, donde fue coronado rey de Francia, y donde según la leyenda llegó a decir aquella pragmática frase de "París bien vale una misa". Para Navarra se perdió una ocasión muy favorable de reunificación y en vista del fracaso de sus gestiones, Margarita decidió retirarse desilusionada en su Reino de Navarra, donde dedicó sus últimos días (1493-1549), a la composición y recopilación de su importante obra literaria".
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La obra de Margarita de Navarra: a las ya comentadas “El dialogo” y “El espejo del alma pecadora” en 1547 escribió “Margaritas de la Margarita princesas”. Después aparecen “Historia y noticias” y “Cartas de Margarita de Angulema”. En 1852 se recopilaron todas sus obras completas. En 1896 se publican unos versos inéditos suyos “Los últimos poemas de Margarita de Navarra”.
Para Jon Oria Margarita es un gran personaje del renacimiento, de tendencia neoplatónica, que destaca por su tolerancia, extraordinaria preparación cultural, sensibilidad y afán de ayuda a todos los movimientos científicos, poéticos y religiosos de vanguardia de la época. Para muchos historiadores Margarita de Navarra es considerada como “la Médicis del Renacimiento en Francia
Su gran obra y por la que se hizo célebre fue su “Heptameron de nuevo”, del que vamos a hablar un poco. Nos recuerda a la Obra de Boccaccio, el Decamerón. Este libro está lleno de sutileza erótica del amor cortés. Retrata con precisión el idealismo caballeresco, el amor por encima del honor y el culto a la pasión amorosa, convirtiéndose en una historia extraña y de intensa belleza. Es un claro reflejo de la fragilidad de la virtud, el ardor de las pasiones humanas y las consecuencias de los buenos y malos sentimientos, así como las ilusiones de nuestras pasiones y la imprudencia de los amores desmedidos
El Heptamerón intenta contar ocho jornadas, siete de ellas incluyen diez relatos y la octava sólo dos. Diez viajeros, cinco hombres y cinco mujeres se reúnen en una abadía, donde se produce un gran temporal que les deja totalmente incomunicados. Con la finalidad de poderse entretener, cada uno de ellos cuenta una historia, bien real, bien inventada, dando lugar con ello a un ameno dialogo provocado por los comentarios de los participantes.
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(En la imagen: Grabado de Freudenberg del Heptamerón de Margarita de Navarra).

Parece ser que Margarita quiso escribir un total de cien relatos, distribuidos en diez días pero no pudo terminarlas.
En la primera jornada se cuentan las trastadas que las mujeres hacen a los hombres y los hombres a las mujeres.
La segunda jornada relata las ocurrencias que súbitamente se le vienen a la imaginación a cada uno de los participantes.
La tercera jornada trata de los amores de las damas que no han buscado más que la honestidad y de la hipocresía y perversión de los frailes.
La cuarta jornada trata de la virtud de la paciencia y larga espera de las damas para ganar a los maridos y de la prudencia que desarrollan los hombres con las mujeres para conservar el honor de sus casas y de su estirpe.
La quinta jornada cuenta sobre la virtud de las solteras y de las casadas que han tenido en más su honor que su placer, de las que han hecho lo contrario y de la simplezas de alguna otra.
De la sexta jornada, se relatan los engaños que hacen los hombres a las mujeres y las mujeres a los hombres, o de las mujeres a las propias mujeres, ya sea por avaricia, venganza o engaño.
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En la séptima jornada trata de quienes hacen todo lo contrario de lo que deben o desean. (En la imagen: Margarita de Navarra en el jardín de Luxemburgo en París)
La jornada octava y última trata de las grandes y verdaderas locuras que pueden servir de aviso a todos.
La escritora Somone de Beauvoir en su libro “El segundo sexo” comenta “La escritora que mejor sirvió a la causa de su sexo fue Margarita de Navarra, que propuso contra la licencia de las costumbres un ideal de misticismo sentimental y de castidad sin mojigatería, tratando de conciliar amor y matrimonio para honor y dicha de las mujeres”.
Margarita de Navarra muere el 21 de diciembre de 1549, en el castillo de Odos (Altos Pirineos) en Francia, cuando tenía cincuenta y siete años
El clérigo incestuoso

[Cuento. Texto completo.]

De la abominable conducta de un clérigo incestuoso que embarazó a su hermana, bajo pretexto de vida santa, y del castigo que sufrió
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El conde Carlos de Angulema, padre del rey Francisco, primero de este nombre, príncipe fiel y temeroso de Dios, estaba en Cognac cuando alguien le contó que en una aldea cercana, llamada Chevres, vivía una muchacha virgen de conducta tan austera que era algo admirable, a pesar de lo cual había aparecido embarazada, sin intentar disimularlo, asegurando a todo el mundo que nunca había conocido varón y que no sabía cómo le había ocurrido, a no ser que fuera obra del Espíritu Santo; lo que el pueblo creyó fácilmente, y la tenía y reputaba por una segunda Virgen María, ya que todos sabían que, desde su infancia, siempre fuera muy juiciosa y nunca hubo en ella un solo signo de mundanería. Practicaba no solamente los ayunos mandados por la Iglesia sino también, por devoción, varias veces a la semana, y siempre que había algún servicio en la iglesia no se movía de allí. De modo que su vida era tan estimada por el pueblo que todos la iban a ver como si se tratara de un milagro, y se sentían muy felices pudiendo tocarle la ropa.

El cura de la parroquia era su hermano, hombre ya de edad y de vida muy austera, apreciado de sus feligreses y tenido por hombre santo, con opiniones tan rigurosas que hizo encerrar a su hermana en una casa, con lo que el pueblo estaba descontento; y tanto creció el rumor que las noticias (como os dije) llegaron a oídos del Conde, el cual, al ver el engaño en que estaba todo el mundo, quiso deshacerlo. Así que envió a un oidor y un limosnero (ambas personas muy de bien) para saber la verdad. Estos llegaron al lugar y se informaron del caso lo más galanamente que pudieron, dirigiéndose al cura, que estaba tan aburrido del asunto que les rogó asistieran a la verificación que esperaba hacer al día siguiente. El dicho cura, por la mañana, cantó misa, a la cual asistió su hermana, siempre de rodillas y muy abultada; y al final de la misa, el cura tomó el Corpus Domini, y, en presencia de todos los asistentes, le dijo a su hermana:
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(En la imagen: Su hermano Francisco I de Francia)

-¡Malhadada de ti! He aquí a Aquel que sufrió muerte y pasión por ti, y ante Él te demando, ¿es cierto que eres virgen, como siempre me has asegurado?


Ella, audazmente y sin temor, le respondió que sí.

¿Y cómo es posible que estés preñada si sigues siendo virgen?


Replicóle ella:

No puedo dar otra razón, a no ser por obra y gracia del Espíritu Santo, que ha hecho en mí lo que le plugo; pero no puedo negar el bien que Dios me ha concedido al conservarme virgen, porque nunca tuve deseos de estar casada.


Entonces su hermano le dijo:

Aquí te entrego el cuerpo precioso de Jesucristo, del cual recibirás tu condenación si no es tal como has dicho, de lo cual serán testigos estos señores aquí presentes, enviados por el señor Conde.
La muchacha, de casi trece años de edad, hizo este juramento:
Acepto el cuerpo de Nuestro Señor, aquí presente, y que Él me condene, ante vuesas mercedes y ante vos mi hermano, si nunca me tocara hombre alguno que no fuerais vos.
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El oidor y el limosnero se fueron muy confusos, creyendo que con tales juramentos no podía haber lugar a engaño, y dieron cuenta al Conde, queriendo persuadirlo para que creyera lo mismo que ellos. Pero éste, que era muy sabio, tras pensarlo bien, les hizo repetir de nuevo las palabras del juramento, y habiéndolas sopesado bien, les respondió:

-Os ha dicho que nunca la tocó otro hombre que no fuera su hermano, y yo pienso que en verdad ha sido su hermano quien le ha hecho el hijo y quiere encubrir su maldad con este gran fraude; y nosotros, que creemos que Jesucristo ya ha venido, no debemos esperar otro. Así que id allá y poned al cura en prisión; estoy seguro de que confesará la verdad.
Lo que fue hecho según su mandato, no sin grandes reproches por el escándalo que hacían a este hombre honrado; y así que el cura fue encarcelado, confesó su maldad y cómo había aconsejado a su hermana lo que tenía que decir para encubrir la vida que habían llevado juntos, no sólo con una excusa ligera, sino con un falso dar que pensar con el cual vivieran honrados por todo el mundo; y cuando se le reprochó cómo había podido ser tan malvado para hacerla jurar en falso sobre el Cuerpo de Nuestro Señor, respondió que no era tan atrevido y que había presentado un pan ni consagrado ni bendito. Se dio cuenta de todo al conde de Angulema, quien pidió a la justicia que hiciera lo pertinente. Se esperó a que la hermana pariera, y después que naciera un hermoso niño, fueron quemados juntos hermano y hermana; y el pueblo sintió un gran asombro al ver, so capa de santidad, monstruo tan horrible, y bajo vida tan sana y digna de encomio, reinar tan detestable vicio.

BIBLIOGRAFIA
Anderson, Magalhães. “Le Comédies bibliques di Margherita di Navarra, tra evangelismo e mistero medievale, in La mujer: de los bastidores al proscenio en el teatro del siglo XVI”. Ed. de I. Romera Pintor y J. L. Sirera. Valencia. Publicacions de la Universitat de València, 2011.
Anderson, Magalhães. “Trouver une eaue vive et saine»: la cura del corpo e dell’anima nell’opera di Margherita di Navarra, in Le salut par les eaux et par les herbes: medicina e letteratura tra Italia e Francia nel Cinquecento e nel Seicento”. A cura di R. Gorris Camos. Verona. Cierre Edizioni, 2012.

Sirva este artículo como homenaje a Jon Oria Oses, escritor e historiador de Estella (Navarra).