sábado, 29 de abril de 2017

Los encuentros del Che con Perón

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Pacho O`Donnell

(La Nación

"Cuando le pregunté al General sobre la foto dedicada que el Che le había entregado en nombre del "gordo" Cooke en la que se veía a éste vestido de guerrillero cubano, me comentó: "Este hombre ha dejado de ser peronista", me confió Enrique Pavón Pereyra, su secretario y su biógrafo durante los primeros años del exilio de Perón en Madrid, a quien entrevisté para mi biografía del Che.
 
John William Cooke, `el gordo`, líder de la izquierda peronista, exiliado en Cuba, había convencido al Che de que ningún proyecto revolucionario era viable en Argentina sin el apoyo del general Perón, aquel cuya caída en 1955 como consecuencia de una asonada militar había arrancado a Ernesto Guevara un insolente párrafo en una carta a su madre, visceralmente antiperonista: "La caída de Perón me amargó profundamente, no por él sino por lo que significa para toda América (…) Estarás muy contenta, podrás hablar en todos lados con la impunidad que te da el pertenecer a la clase en el poder".
 
A su regreso de una gira por países africanos, Guevara, ministro de Industria, hizo escala en Madrid. El testigo del encuentro fue Julio Gallego Soto, contador, hombre de confianza de Perón en asuntos comerciales, quien, cuando años más tarde su vida peligraba, eligió como depositario de su testamento político a su colega el contador Alberto T. López, quien declaró en la causa judicial abierta por secuestro y desaparición de Gallego Soto en 1977, a manos de la genocida dictadura. López, a su vez, lo relató a Rogelio García Lupo, quien lo reveló en un artículo periodístico.
 
A fines de abril de 1964 Gallego Soto estaba acostándose para dormir en su lujosa habitación del Hotel Plaza de Madrid, frente a la emblemática fuente de Cibeles, cuando escuchó golpes en su puerta. Al abrir encontró a un desconocido que con mucha precaución y en susurros le entregó un mensaje manuscrito de Perón. En él le pedía que acudiera de inmediato a su residencia de Puerta de Hierro. Gallego Soto descontó que se trataba de algo importante por lo avanzado de la hora.
 
Encontró a Perón rodeado por personas con uniformes verde olivo, casi todos ellos barbudos, con los que parecía pasarla muy bien pues hablaban en voz alta y reían a carcajadas. Gallego Soto los identificó como cubanos. Después Perón se puso serio y le dijo que lo había "convocado para una tarea que requiere una gran reserva y una buena administración". El general pensaba que era el hombre para la función "por lo mucho y bien que lo conozco".
 
Gallego Soto se enteró entonces de que se trataba de administrar varios millones de dólares del fondo de "Liberación", el organismo que Guevara había creado para apoyar los movimientos revolucionarios en Latinoamérica. Fue entonces cuando Perón se dirigió a alguien que había permanecido en la oscuridad "y para mi sorpresa vi aparecer a un sacerdote capuchino que había estado presenciando la escena anterior y que, al alzar la pantalla de luz, resultó ser el mismísimo Che".
 
Las consecuencias del encuentro fueron evidentes poco tiempo después. García Lupo constataría que el 26 de octubre de 1964 el encargado de negocios de la embajada cubana en Madrid, Ramón Aja Castro, otorgó una visa a Gallego Soto para llevar adelante una negociación en el ministerio de Comercio Exterior de Cuba para colocar un importante embarque de maíz argentino y el beneficio de esa operación seguramente tendría como destino financiar el acuerdo de `Puerta de Hierro`.
 
Philip Agee, el espía norteamericano que llevó un diario de su actividad en Uruguay, escribió el 21 de marzo de 1964: "La estación (de la CIA) en Montevideo ha organizado varias operaciones fructíferas contra objetivos peronistas en Uruguay a través de las cuales se ha podido descubrir el apoyo que prestan los cubanos a los peronistas. Una operación de escucha contra el departamento del periodista peronista Julio Gallego Soto nos permitió descubrir la clandestina relación existente entre éste y el antiguo jefe del servicio de inteligencia cubano en el Uruguay".
 
El otro encuentro se produjo en 1966, antes de la experiencia boliviana. El Che Guevara hizo escala en Madrid con el propósito de visitar otra vez a Juan Domingo Perón en su residencia de `Puerta de Hierro`, en esta oportunidad para pedir su colaboración debido a que Fidel Castro, en el momento de partir Guevara y sus colaboradores de La Habana, le habría expresado sus dudas acerca del prometido apoyo por parte del Partido Comunista Boliviano, defección que luego se confirmaría y que sería una de las principales causas del fracaso y muerte del Che en tierras bolivianas.
 
"Sería en septiembre u octubre porque recuerdo que no hacía mucho que habíamos regresado de nuestras vacaciones de verano", me contaría Pavón Pereyra tomando café en un bar de Buenos Aires, poco tiempo antes de su fallecimiento. "Una mañana muy temprano, serían las seis de la mañana, a través de la ventana veo a un sacerdote en la puerta de la Quinta" y le aviso a Perón. "Es el Che Guevara", me dice ante mi sorpresa, "hágalo pasar".
 
En España gobernaba Franco y la situación de asilado de Perón no era muy cómoda, así que evitaba recibir abiertamente a políticos de izquierda porque después venían las protestas y las amenazas de expulsión. Así sucedió, por ejemplo, cuando recibió al chileno Allende, entonces senador por el socialismo.
 
"El Che estaba disfrazado, con sotana, irreconocible, afeitado y casi calvo, con anteojos de marco oscuro y cristales algo ahumados. Iba de paso hacia Bolivia y pasaba por Europa porque debido al bloqueo de Cuba los viajes debían necesariamente conectar con países socialistas.
 
Luego de los saludos Guevara pasó a contarle su plan de insurgencia en el Alto Perú. Perón se mostró sorprendido y al principió no le creyó, o se hizo el que no le creía.
 
"Esto va en serio" dijo el Che. Yo creo que Perón me hizo quedar al principio de la reunión para quitarle intimidad porque comprendió que el Che venía a pedirle ayuda para una acción con la que el General no estaba de acuerdo. Pero no esgrimió argumentos políticos sino que puso énfasis en el asma de Guevara y en la inconveniencia de la humedad y el calor de las selvas bolivianas para ese mal. `Yo conozco bien la zona porque allí cursé el segundo año de la instrucción militar que hicimos en Brasil, en Bolivia y en Chile`, le dirá y luego agregará con impostado dramatismo: "Disculpe, Comandante, que sea franco con usted, pero usted en Bolivia no va a sobrevivir. Es contra natura. Suspenda ese plan. Busque otras variantes." Luego de algunos segundos de silencio agregó, grave: "No se suicide".
 
Pavón continuó: `Entonces llegaría el momento de dejarlos solos. El General me ordenó que trajera yerba, agua caliente y un mate. A los dos les gustaba matear. Cerré la puerta a mis espaldas y siguieron conversando por veinte minutos. Estoy seguro de que entonces se habló de lo que más le interesaba al Che y también estoy convencido de que Perón le dijo que no estaba en condiciones de darle una ayuda formal del Movimiento Justicialista mientras las acciones se desarrollaran en territorio boliviano, pues las circunstancias no favorecían que comprometiese en una operación internacional a un partido debilitado como el suyo que debía enfrentar la proscripción a que lo habían condenado las dictaduras cívico-militares de la Argentina. Cuando la acción del Che se trasladase a territorio argentino entonces podría contar con el peronismo. Mientras, prometió, no se opondría a quienes por voluntad propia quisieran participar del foco boliviano`.
 
Después del encuentro lo único que me comentó, como si hablara para sí mismo, fue "pobre Guevara, lo van a dejar solo". Y acertó porque él también lo dejó solo aunque por motivos justificados.

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"El primer encuentro personal entre Perón y el Che lo relató Rogelio García Lupo. El testigo sería Julio Gallego Soto, contador, hombre de confianza de Perón en asuntos comerciales, secuestrado y desparecido en 1977."
Ernesto Guevara de la Serna nació en el seno de una familia de clase media alta, con ribetes genealógicos aristocratizantes, circunstancia que inclinaba a sus padres hacia el antiperonismo. Pero el futuro Che fue desembarazándose de esos  prejuicios a medida que en sus viajes conoció la dramática realidad de los sectores populares latinoamericanos. 
En su primer viaje continental escribió en Bolivia que para los indígenas eran "semidioses venidos nada menos que de la Argentina, el maravilloso país donde está Perón y su mujer, Evita, donde todos los pobres tienen las mismas cosas que los ricos, y no se explota al pobre indio, ni se lo trata con la dureza con que se lo hace en estas tierra". En otra oportunidad,  Ernesto Granado contó: "En el año 1949 él hizo un viaje en barco hasta el Caribe, observó todo, y como era su costumbre, lo anotó en su cuaderno, y cuando volvió hablamos de sus experiencias y de la situación en la Argentina. Yo tenía problemas económicos y le eché la culpa al peronismo. Ernesto me escuchó y me contestó con pocas palabras: 'Si conocieras el Caribe, serías menos antiperonista.'"
Años más tarde, cuando la revolución cubana desalojó a la dictadura de Fulgencio Batista, siendo el Che funcionario, el embajador cubano en Argel, "Papito" Serguera, héroe de Sierra Maestra, recibió en marzo de 1963 la visita de  dos argentinos de apellido Luco y Villalón que se presentaron como mensajeros de Perón, entonces  exiliado en España.
Entrevisté a Serguera en su casa de La Habana en  2003 para mi biografía del Che:
"Mi impresión de esos emisarios no fue buena, pues los noté con una desenvoltura histriónica y se demostraban tan de acuerdo entre sí que lo que decían y hacían parecía producto de ensayos. Los despedí con la promesa de trasladar sus propuestas al presidente Castro y al comandante Guevara y a ello subordiné la aceptación a concurrir a Madrid. 
Ya en La Habana, Guevara me escuchó con mucha atención y finalmente tomó la decisión de que yo fuese a Madrid a ver a Perón. 'Le vas a llevar algo de mi parte.' Al despedirnos me era claro que el Che estaba muy interesado en el asunto: 'Papito, sondea a Perón, trata de ver qué puedes sacar de un diálogo con él. Dile que nosotros estamos dispuestos a ayudarlo'. 
Salí de La Habana de regreso a Argel vía Madrid. A mi llegada localicé a Luco y Villalón quienes me informaron que Perón me recibiría el día siguiente a las once de la mañana.
Parado en la puerta de su quinta llamada Puerta de Hierro, en el residencial barrio madrileño del mismo nombre, me esperaba un sonriente Perón  y a su lado, también amable, Villalón. Alto, de 68 años, de pelo teñido de un negro que ocultaba todas las canas, corpulento y en buen estado físico, Perón disimulaba muy bien sus años. Preguntó con familiaridad por Fidel y por Ernesto.
Luego de un rato de conversación consideré que ya era el  momento y le entregué el maletín con los dólares subrayando que era el Che quien se lo enviaba. Lo tomó, lo puso a un lado sin abrirlo y continuó hablando sin darle importancia."
Por las fechas que daba Serguera, me fue claro que la ayuda económica pedida y otorgada era para el intento inicial de regreso de Perón, abortado en Río de Janeiro durante el gobierno de Arturo Illia. 
El primer encuentro personal entre Perón y el Che lo relató Rogelio García Lupo. El testigo del  mismo sería Julio Gallego Soto, contador, hombre de confianza de Perón en asuntos comerciales, secuestrado y desparecido en 1977. 
A fines de abril de 1964 Gallego Soto concurrió a la quinta de Puerta de Hierro y encontró a Perón rodeado por personas con uniformes verde olivo, casi todos ellos barbudos, con los que parecía pasarla muy bien pues hablaban en voz alta y reían a carcajadas. Gallego Soto los identificó como cubanos. Después Perón se puso serio y le dijo que lo había "convocado para una tarea que requiere una gran reserva y una buena administración". Gallego Soto se enteró entonces de que se trataba de administrar  varios millones de dólares del Fondo de Liberación, el organismo que Guevara había creado para apoyar los movimientos revolucionarios. Fue entonces cuando Perón se dirigió a alguien que había permanecido en la oscuridad "y para mi sorpresa vi aparecer a un sacerdote capuchino que había estado presenciando la escena anterior y que, al alzar la pantalla de luz,  resultó ser el mismísimo Che". 
Años más tarde, en su camino hacia Bolivia, donde perdería la vida, el Che Guevara hizo escala en Madrid con el propósito de visitar otra vez a Perón. 
"Yo era secretario de Perón en su exilio en Madrid", me contará Enrique Pavón Pereyra tomando café en un bar de Buenos Aires. "Una mañana muy temprano, serían las seis de la mañana, a través de la ventana veo venir a un sacerdote y le aviso a Perón. 'Es el Che Guevara', me dice ante mi sorpresa, 'hágalo pasar'. En España gobernaba Franco, y la situación de asilado del General no era muy cómoda, así que evitaba recibir a políticos de izquierda porque después venían las protestas y las amenazas de expulsión. Así sucedió, por ejemplo, cuando recibió al chileno Allende.
El Che estaba disfrazado, irreconocible, afeitado y casi calvo, con anteojos de marco oscuro y cristales algo ahumados. Yo creo que Perón me hizo quedar al principio de la reunión para quitarle intimidad porque comprendió que el Che venía a pedirle ayuda para una acción con la que el General no estaba de acuerdo. Con el pretexto del asma del Che le diría con impostado dramatismo: 'Disculpe, Comandante que sea franco con usted, pero usted en Bolivia no va a sobrevivir. Es contra natura. Suspenda ese plan. Busque otras variantes.' Luego de algunos segundos de silencio casi dramático agregó: 'No se suicide.'"
Pavón continuó: "Entonces llegaría el momento de dejarlos solos. Estoy seguro de que entonces se habló de lo que más le interesaba al Che, y también estoy convencido de que Perón le dijo que no estaba en condiciones de darle una ayuda formal del Movimiento Justicialista mientras las acciones se desarrollaran en territorio boliviano, pues las circunstancias no favorecían que comprometiese en una operación internacional a un partido debilitado y proscripto como el suyo. Mientras, prometió, que no se opondría a quienes por voluntad propia quisieran participar del  foco boliviano."

  Enterado de la muerte del Che, un conmovido Perón escribió: "Hoy ha caído en esa lucha, como un héroe, la figura joven mas extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica."