martes, 18 de abril de 2017

La teoría desarrollista de Raúl Prebisch y la política de industrialización en América Latina

Resultado de imagen para Raúl PrebischLic. Malena Castañeda Pérez 
Ing. Yuri Morales Vélez 

Introducción 
En 1949, un conjunto de investigadores de la CEPAL lograron estructurar un pensamiento común de desarrollo para América Latina, a partir del  Informe Económico de América Latina de 1949. Fue Raúl Prebisch quien redactó para la CEPAL “El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas”. Algunos meses después, todavía en 1949, volvería a presentar las mismas ideas, con pequeñas modificaciones en la parte conceptual del “Estudio Económico de América Latina”, y ya en 1950, redactó los cinco primeros capítulos del “Estudio Económico de América Latina”  que recibirían el nombre de “Problemas teóricos y prácticos del crecimiento económico”.  

A partir de ese conjunto de documentos, que contenían ya todos los elementos que figurarían como la gran referencia ideológica y analítica para los desarrollistas latinoamericanos, se inicia un proceso de teorización que ordena las concepciones desarrollistas surgidas de experiencias nacionales y se transforman en un conjunto de originales propuestas que tuvieron una gran repercusión, tanto en el plano académico como político, en la casi totalidad de los países de la región.  

Raúl Prebisch, quien fuera el responsable directo de la elaboración del citado Informe de 1949, había sido director del Banco Central en Argentina durante la administración del Presidente Domingo Perón, teniendo una participación activa en la política de su  país. Su formación económica era, en general, keynesiana, y ostentaba apreciable dominio de la economía política clásica. Fue Secretario General de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL-UNCLA) y posteriormente de la Comisión de las Naciones Unidas para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Fue en el seno de la CEPAL donde tuvo lugar el programa de reflexión e investigación inaugurado por Prebisch en 1949 el cual se desprendía esencialmente del diagnóstico de la profunda transición que se observaba en las economías subdesarrolladas latinoamericanas, que evolucionaban del modelo de crecimiento primario-exportador, "hacia afuera", al modelo urbano-industrial "hacia adentro", en parte como consecuencia del no funcionamiento correcto de la "teoría de las ventajas comparativas". Se da un deterioro constante de los términos del intercambio que afectan severamente a los países subdesarrollados. 

Desarrollo 

Desde mediados del siglo XX Raúl Prebisch comienza a desarrollar la teoría “centro – periferia”, a partir de la cual postuló lo que sería la base del pensamiento desarrollista: el cuestionamiento de la inserción de América Latina en el mercado mundial a través de la exportación de productos primarios y la importación de manufacturas.  

Prebisch parte con una clara crítica a la teoría prevaleciente del comercio internacional según la cual todos los países se verían beneficiados si cada uno se especializara en lo que sabe hacer mejor (ventajas comparativas y competitivas).  

Para contrarrestar esta concepción liberal Prebisch elabora una propuesta alternativa que distingue entre países desarrollados industrialmente, a los que denomina el centro  y los países subdesarrollados que constituyen la periferia. 

Dicho en otros términos, el centro se refiere a las economías avanzadas del capitalismo que se caracterizan por ser productivamente homogéneas y diversificadas. La periferia, mientras tanto, está constituida por las economías rezagadas desde el punto de vista tecnológico y organizativo, siendo su estructura productiva heterogénea y especializada en productos primarios. La teoría centroperiferia de Prebisch le permite concluir que el subdesarrollo se genera a partir de la relación existente entre ambas regiones  y que la brecha entre el centro y la periferia tiende inevitablemente a ensancharse. 

Prebisch sostenía que el Tercer Mundo no podía desarrollarse porque los términos de intercambio del comercio internacional eran desfavorables para estos países; el mundo industrial los mantenía en una situación de dependencia.  

Permanentemente se observaba que se producía una caída constante del valor o precio relativo de las materias primas frente al valor de los productos industriales —producidos en los países del Norte. Esta era la razón, según los desarrollistas, de nuestro subdesarrollo y deterioro económico. El mayor volumen de exportaciones de productos primarios no hacía otra cosa que deprimir aún más los precios.  Prebisch observaba que supuestamente bajo la teoría clásica los precios de los productos manufacturados deberían caer, pero constataba que eran los precios de las materias primas los que descendían con mayor rapidez. Entonces afirmaba que los frutos del progreso técnico no se repartían de modo parejo en todo el mundo. A esta aseveración siguió una secuela: la industrialización vía protección de la industria, para así participar de los frutos del progreso técnico, y de ese modo corregir las reglas de la teoría del comercio internacional. 

Al iniciarse la segunda mitad del siglo XX, la mayoría de los países de América Latina ya contaban con siglo y medio de independencia política, con estados nacionales consolidados y junto con ello, sus economías se estaban desarrollando y funcionaban bajo los principios del capitalismo, aun cuando no estaban exentas de una considerable presencia estatal.  A esto se agrega el hecho de que muchos de estos países habían iniciado, entre las dos guerras mundiales, un proceso de industrialización modificando las alianzas políticas y transformando a la incipiente burguesía industrial en parte plena de quienes ostentaban el poder. 

Se puede considerar que estos países aprovecharon el debilitamiento del “centro” para formular estrategias nacionales de desarrollo, que implicaban tanto la protección de la industria nacional naciente y la promoción del ahorro forzado a través del Estado, como una alianza entre empresarios industriales, burocracia y trabajadores. 

Estas son precisamente las especificidades que atraen y facilitan la estructuración de un pensamiento que en las décadas posteriores se conoció como desarrollista.   

Raúl Prebisch incorporó a su teoría categorías y enfoques de la escuela neoclásica, del keynesianismo, del social−institucionalismo y de la síntesis neoclásica, pero al hacerlo utiliza el enfoque estructuralista. Es importante resaltar que Prebisch se cuestiona el principio de las ventajas comparativas en relación a los factores, por considerar que esta teoría no funciona en el capitalismo periférico por razones estructurales, pero reconoce este principio válido para los países centro.  

La postura de Prebisch sobre la industrialización de la periferia llevaba implícita y explícita la idea de que la evolución de las sociedades suponía cambios estructurales, cambios en sus estructuras productivas. 

La reducción de las brechas entre los centros industriales y las periferias “agrarias” solamente se podía realizar si se imprimía un nuevo rumbo al desarrollo de las naciones latinoamericanas. El impulso “externo” o “hacia afuera”, tradicional impulsor del crecimiento de las economías periféricas hasta entonces, ya no garantizaba el pleno uso de los factores productivos, se estaba imponiendo la búsqueda de un mecanismo que lo promoviera “desde adentro”. 

El 75% de la población mundial está concentrada en Asia, América Latina y África, que solamente cuentan con el 25% de la riqueza de la tierra, el 12% de la producción industrial, el 4% de la investigación científica y cifras más alarmantes aún en lo que se refiere a la calidad de vida. En cambio los países ricos, con la cuarta parte de la población del Mundo, consumen el 70% de la energía mundial, el 75% de los metales, el 85% de la madera, el 60% de los alimentos, etc. Esto quiere decir que si el crecimiento económico de los pueblos del Tercer Mundo se duplicara, se necesitarían diez veces más de combustibles fósiles y unas 200 veces más de la cantidad de minerales. 

Ya no se presenta la alternativa entre seguir creciendo vigorosamente de ese modo (desde afuera por el crecimiento persistente de las exportaciones) o bien crecer hacia adentro mediante la industrialización. Esta última ha pasado a ser el modo principal de crecer. 

La estructura productiva de América Latina determinaba por una parte, un patrón específico de inserción en la economía mundial, cuya característica esencial era producir bienes y servicios con una demanda internacional poco dinámica, pero que al mismo tiempo era importadora de bienes y servicios con una demanda interna en rápida expansión y asimiladora de patrones de consumo y tecnologías adecuadas para los países de mayor desarrollo relativo, aunque con frecuencia inadecuadas para la disponibilidad de recursos y el nivel de ingreso de las economías de menor desarrollo. 

La condición periférica de estos países, derivó en la idea de que la estructura socioeconómica también determina el proceso de industrialización, la forma en que se introduce el progreso técnico, la modalidad de crecimiento, así como el modo de absorber la fuerza de trabajo y distribuir el ingreso. 

Había razones también de índole monetaria internacional que así lo exigía; el sistema de pagos acordado en Bretton Woods.  

Prebisch consideraba a Estados Unidos como el nuevo “centro” cíclico, señalando que presentaba un coeficiente de importaciones muy inferior lo cual dificultaría aún más las condiciones para el crecimiento de  la periferia. Los reiterados ciclos de emergencia y desequilibrios en la balanza de pagos de la periferia y la reducción de su coeficiente de importaciones, su control selectivo y/o devaluaciones apuntaban claramente a la búsqueda de nuevas soluciones. 

En Prebisch el fenómeno del progreso técnico su evolución y propagación al resto de la colectividad tiene que ver con el supuesto de una baja de los precios o una elevación de los ingresos reales, que es lo mismo en todo caso ya que el nivel productivo ha elevado su capacidad productiva. Por ello el sistema industrial a través de la productividad manufacturera supone una tasa de crecimiento mayor que la que se refleja en sectores de la producción primaria u otros sectores de la economía (“precapitalista” o no).  

Sin embargo, Prebisch sostenía que ello no significaba que el proceso de industrialización suponía sacrificar la producción y exportación primaria, generadora clave de las divisas, sino más bien elevar el progreso técnico y su “propagación” hacia el resto de la economía, a su “colectividad”. 

Insistentemente Prebisch habla de las disparidades, no “asimetrías” como diríamos hoy, entre economías centrales y la periferia, las cuales se manifiestan de manera diversa en las respectivas economías y también en la forma de confrontar las fluctuaciones cíclicas y no existe política anticíclica per se que impida la merma de los ingresos de la periferia hacia el centro, en la menguante cíclica perdiendo con ello lo ganado durante el periodo creciente del ciclo. Se  requería  además, una política específica que genere la propagación del progreso técnico. Esto se debe a que las pérdidas de ingreso hacia fuera, obedecen a un fenómeno constitutivo de las relaciones entre las economías en cuestión.  

Si a los fenómenos en cuestión se le agregan las pérdidas que son producto del declive en la relación de precios entre la periferia y el centro, tenemos un proceso acumulativo-reiterativo durante el cual el centro no solamente se apropia de los “frutos de su progreso técnico” sino de aquél generado por la propia periferia. El texto clásico pone mucho énfasis en el fenómeno del deterioro de los términos de intercambio, no obstante de señalar de paso que los “índices de precios” entre el centro y la periferia no reflejan “las variaciones de calidad”, aspecto que será resaltado constantemente por la literatura adversa a la interpretación del deterioro desde sus primeros días hasta la más reciente que busca reiterar que la división internacional del trabajo es de algún modo “natural” no una construcción.  El fenómeno más importante de la explicación sobre la apropiación o por lo menos la salvaguarda de aquellos frutos de los aumentos de productividad, tiene que ver con las diferentes formas en que las economías mantienen sus niveles de ingreso, en el centro se hacen grandes esfuerzos para que los efectos de las fluctuaciones cíclicas no castiguen hacia abajo los ingresos de los factores productivos en claro contraste con las economía periféricas –dada la debilidad relativa de sus organizaciones sociales-, donde los ajustes de las devaluaciones y las contracciones la obligan sistemáticamente a ello.  

Para la periferia, el aparente “equilibrio” momentáneo solamente produce los puntos de partida que serán superados durante el alza cíclica para decaer mucho más en la baja subsiguiente. Es que independientemente de que el nivel de precios reales o la utilización de los recursos productivos sea mayor o no durante  la iniciación del siguiente ciclo, lo que hay que entender, desde la perspectiva de Prebisch es que el empeoramiento de los precios de la periferia con respecto al centro tiene su razón de ser con el movimiento cíclico de la economía y la forma en que se manifiesta en los centros y la periferia. Pues el ciclo es la forma característica de crecer de la economía capitalista y el aumento de productividad uno de los factores primarios de crecimiento. 

Hay en el proceso una disparidad continua entre la demanda y la oferta globales de artículos de consumo terminados, en los centros cíclicos. En la creciente la demanda sobre pasa la oferta y en la menguante ocurre lo contrario. La cuantía y las variaciones del beneficio están íntimamente ligadas a esa disparidad. El beneficio aumenta en la creciente y tiende así a corregir el exceso de demanda, por el alza de los precios, y disminuye en la menguante y tiende así a corregir el exceso de oferta por la baja de aquéllos.  

El beneficio se traslada desde los empresarios del centro a los productores primarios de la periferia mediante el alza de los precios. Cuanto mayores son la competencia y el tiempo que se requiere para acrecentar la producción primaria, en relación con el tiempo de las otras etapas del proceso productivo, y cuanto menores son las existencia acumuladas, tanto más grande es la proporción del beneficio que se va trasladando a la periferia. De ahí un hecho típico en el curso de la creciente cíclica: los precios primarios tienden a subir más intensamente que los precios finales, en virtud de la fuerte proporción de los beneficios que se trasladan a la periferia. Es interesante entonces explicar que con el andar del tiempo y a través de los ciclos, los ingresos en el centro hayan crecido más en la periferia. No hay contradicción alguna entre ambos fenómenos. Los precios primarios suben con más rapidez que los finales en la creciente, pero también descienden más que éstos en la menguante, en forma tal que los precios finales van apartándose progresivamente de los precios primarios a través de los ciclos.  

Por otra parte, Prebisch pone énfasis desde un inicio en que la elevación del ingreso en la periferia tiene connotaciones positivas respecto del centro ya que sus exportaciones irán en aumento, por lo tanto elevar el nivel de ingreso interno no tiene aspectos contraproducentes para los centros cíclicos. Además, Prebisch no deja de resaltar, que inclusive países como los Estados Unidos siempre han  logrado defender sus niveles de ingreso con políticas proteccionistas, especialmente cuando intenta defender aquellos sectores donde la productividad y el progreso técnico o no se apareja o a quedado rezagado ante la competitividad extranjera. 

Pero Prebisch juega con la teoría clásica para apoyar su caso, nos dice que si no llegara a entorpecerse el juego espontáneo de las fuerzas económicas, en un estado de plena y creciente ocupación del centro cíclico principal, se abriría el camino para la solución de aquel problema fundamental que tanto preocupa a los países de la América Latina ello aumentaría el coeficiente de importaciones de los Estados Unidos, aunque no se tocaran los presentes aranceles, y se fortalecería su interdependencia con el resto del mundo. 

Hasta ahora, no se había logrado resultado positivo alguno, en el empeño de interpretar con ayuda de la teoría clásica, las variaciones de balanzas de pagos y de los movimientos internacionales del oro, en los treinta. Mal pudo haberse logrado tal empeño, pues la teoría clásica, como se sabe, se basa en el supuesto de la plena ocupación.  

Sin rodeos Prebisch plantea que los procesos de capitalización en la región van a requerir del capital extranjero aunque solamente lo sea por un periodo “transitorio”. 

Existían elementos de escasez de recursos tanto por la exigua productividad media de la economía y por las disparidades de ingreso que generan prácticas de consumo entre los grupos de ingresos elevados propias de los países con un nivel de ingreso promedio mayor. Por lo mismo hay que valorar el uso y finalidad de los recursos limitados. Aumentar la productividad media de la economía requiere “asimilar” la técnica  existente lo cual haría posible el traslado de la población de ciertos estratos de ingreso hacia otros de mayor envergadura técnica.  

Así la población “mal ocupada” se dirigirá a sectores con un mayor nivel productivo y el ingreso por hombre se elevará coherentemente y que se propagaría hacia el resto de las clases sociales como se dio “la experiencia de los grandes países industriales”. 

Prebisch parece estar argumentando por analogía y de paso salen a relucir aspectos económicos que solamente podrían funcionar bajo la perspectiva clásica que, conforme pasen los años, serán el centro de ataque y el surgimiento del estructuralismo latinoamericano el cual supone que heterogeneidad productiva relativa es algo congénito a las economías, algo que a su vez da lugar a los obstáculos estructurales y las diversas estrategias para superarlas. Por tal razón expresó “Hemos insistido en que para lograr este aumento de productividad, es necesario aumentar sensiblemente el capital por hombre y adquirir la técnica de su empleo eficaz. Esa necesidad es progresiva. En efecto al aumentar en general los salarios, por la mayor productividad de la industria, se extiende  gradualmente el alza a otras actividades, obligándolas a emplear mayor capital por hombre, a fin de conseguir el incremento de productividad, sin el cual no podrían pagar salarios más altos”. 

Pero Prebisch siempre mantendrá que además de los problemas estructurales existen aspectos que no tienen nada que ver con aquellos que son por naturaleza “monetarios” y ambos deben analizarse detenidamente, lo cual da lugar a políticas paralelas anticíclicas. Retrospectivamente los estructuralistas ven los aspectos cíclicos distinguidos por Prebisch, como efecto de la heterogeneidad estructural y de las asimetrías de poder entre los agentes productivos, no un fenómeno a la par o independiente de ellos. 

Por otra parte, Prebisch no cree que la industrialización en sí misma liberará a las economías periféricas de ciertos fenómenos negativos de la actual división internacional del trabajo: Hay pues, que buscar otro tipo de medidas para conjurar las consecuencias más agudas del ciclo en la actividad interna de nuestros países. 

Conviene, ante todo descartar la idea de que el desarrollo industrial en sí mismo les hará menos vulnerables a estos fenómenos.  

Nos inclinamos más bien a creer que el desarrollo industrial hará más perceptible las consecuencias del ciclo y acentuar el movimiento oscilatorio de la ocupación en las zonas urbanas.  No podemos concluir de esto que la industrialización tiene esta desventaja desde el punto de vista cíclico. La tendría si la actividad económica se dejara librada a sus propias fuerzas. De no ser así, el desarrollo de la industria podría convertirse en uno de los elementos más eficaces de la política anticíclica. 

Cuando dominaba en cierta forma la visión anticíclica, Prebisch dice: Téngase presente que el reajuste del coeficiente de importaciones no significa disminuirlas. Las importaciones tendrán la misma magnitud, se siga o no esta política anticiclica, puesto que dependen, en última instancia, de las exportaciones y las inversiones extranjeras. 

Sólo habrá que cambiar su composición para alcanzar la meta perseguida. Prebisch siempre planteó que la industrialización significa “cambiar las composiciones” de la importaciones no su monto, incluso éste a veces se incrementaría. Ante todo, la sustitución de importaciones por producción interna requiere generalmente la elevación de los aranceles de aduana, por el mayor costo que suele tener aquélla. 

Desde este punto de vista, habría una pérdida  efectiva de ingreso real. Pero, por otro lado, la pérdida de ingreso provocada por las fluctuaciones cíclicas de la ocupación suele ser ingente. Es muy probable que, en la mayor parte de los casos, lo que se gana colectivamente al dar estabilidad a la ocupación, sea mucho mayor de lo que se pierde por el costo más elevado de producción interna. Se concibe, sin embargo, que la precariedad de recursos naturales y la ineficiencia de la mano de obra o de la dirección técnica sean tales, que la pérdida por incremento de costo absorba una parte excesiva del incremento de ingreso resultante de la mayor ocupación. 

No puede negarse la importancia de este obstáculo. Prebisch planteó que “mantenida dentro de ciertos límites, la sustitución de importaciones no significa  disminuirlas más de lo que permiten las exportaciones. Todo lo contrario. Se sustituyen ciertas importaciones por producción interna a fin de dar lugar al crecimiento de otras que requiere el desarrollo económico”.  

Desde otro punto de vista, la sustitución de importaciones primarias en los centros industriales acentúa la disparidad de tendencias entre ellas y la demanda de productos industriales en los países periféricos. De ahí el dilema: que se plantea a estos últimos o disminuyen su ritmo de crecimiento para mantener el equilibrio exterior, o aumentan la amplitud del proceso sustitutivo y realizan nuevas exportaciones para sostener y acelerar su ritmo de crecimiento.” En general, Prebisch plantea alternativas para lograr cierta tasa de “crecimiento” ante el desequilibrio congénito a que estaban expuestas las economías de la región. Y muchas de sus participaciones insisten en la industrialización con “economicidad”. 

Conclusiones 

Prebisch no quería refutar a Ricardo sino que quería probar que las recíprocas ventajas comerciales postuladas por Ricardo estaban repartidas desigualmente, debido al proteccionismo del "Norte".  

Si bien Prebisch abogaba para América Latina básicamente por un desarrollo según el modelo "occidental" contemplando el factor productividad como el criterio cuasi exclusivo de desarrollo, en su explicación de las causas del subdesarrollo latinoamericano pueden encontrarse elementos críticos con respecto a los países  industrializados. 

El modelo de sustitución de importaciones fue efectivo para establecer las bases industriales de los países de América Latina.  

Todas las teorías que abogan de un modo u otro por equiparar al mundo subdesarrollado al del capitalismo avanzado, están viciadas ya en su misma base, puesto que su consecución supondría una explotación insostenible para el planeta. 

Estas teorías, por otra parte, carecen de la más mínima visión ecologista y del desarrollo sostenible.  

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