martes, 25 de abril de 2017

Graciela María de los Milagros Doldán, militante del peronismo revolucionario detenida el 25/4/76 a los 42 años


María”. “Petisa”. Santafesina; nacida en la ciudad capital de esa provincia el 19 de agosto de 1941. Tenía 4 hermanos. Estudió el secundario en el Colegio “Nuestra Señora del Calvario”. De jovencita, en la Universidad de Santa Fe fue una de los líderes del Movimiento de Estudiantes de la Universidad Católica (MEUC), organizando su centro de estudiantes. Fue presidenta de la Juventud Universitaria Católica de Santa Fe. Doctora en Leyes, se recibió en 1965. 

Pensaba que su profesión era un vehículo apto para instaurar más justicia y garantizar la defensa de los más desposeídos de la sociedad; de allí su inclinación por el derecho laboral. Un viaje a la cuña boscosa, donde trabajó un mes junto a los Hermanos de Foucalt, fue decisivo en su opción: “Mi vida va a cambiar, no soporto más las injusticias. Con la reivindicativo sólo ya no alcanza…”.  Militante del peronismo montonero, fue una de los que lo fundó en su provincia natal. Graciela “Monina” Doldán era la viuda de un histórico de la organización: “El Negro” José Sabino Navarro. Quienes la conocieron –como Cecilio Manuel Salguero- la recuerda “como una muy buena compañera por su ética y moral revolucionaria y además, excelente conductora de automóviles en los operativos (…) A pesar de estar excedida de peso, su contextura era frágil, de huesos pequeños. De piel muy blanca, rosada, con ojos celestes verdosos, su cabello era rubio claro y lo llevaba ondulado hasta los hombros. Aproximadamente tendría 1,55 m. de estatura. Y hacía un gesto muy característico en ella con su mano derecha, levantando y moviendo los dedos con delicadez, mientras torcía su mano”. Al momento de su secuestro, el 25 de abril de 1976, contaba con 34 años de edad. La recluyen en Córdoba, en el campo de concentración “La Perla”. Es ferozmente torturada. Mantiene su fe y decisión intacta. No la pueden “quebrar”, sabe que ese lugar es un frente más de lucha, aunque sea el último antes de la muerte, pero nunca deja de ser un frente de lucha y esa lucha hay que darla. Viviendo en cautiverio, sin ninguna esperanza futura, sin ningún tipo de contacto con su familia, en medio de la locura y la barbarie, intentó formar un grupo de compañeros, con el único fin de resistir la derrota, poner freno al embate de un enemigo poderoso que tenía todas las de ganar. Este grupo fue detectado y la mayoría de sus miembros “trasladados” (asesinados). Graciela Geuna, compañera de martirio, relató en 1985 ante el Juez León Arslanián, que Graciela María de los Milagros Doldán, también conocida como la “Gringa” y “Teresa”, cuando fueron a buscarla para matarla, se fue tranquila, la cabeza erguida, haciendo la “V” de la victoria a sus compañeros de infortunio. Pidió que la fusilen sin venda, sin mordaza, sin maniatar; que ella no se iba a escapar, porque quería morir viendo el sol y el cielo. También pidió el último cigarrillo. Al Mayor que dirigía el fusilamiento lo despidió: le dio la mano, un abrazo y le dijo: “Sos el último ser humano que voy a ver antes de morir y aunque vos no lo sepas sos un ser humano y para mí es importante, porque me estoy despidiendo de la humanidad”. El Mayor volvió al Destacamento 141 llorando y no quiso participar nunca más de un fusilamiento clandestino. La compañera Doldán le había ganado la última batalla, solamente apelando a su grandeza.

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Otra reseña [x]

Nació en Santa Fe, el 19 de agosto de 1941, siendo la segunda hija de una familia de cinco hijos. Desde muy joven vivió sus relaciones como hija, hermana, amiga con intensidad y cuidado. Proyectando posteriormente esta vivencia en su visión comunitaria y participativa de la vida. Sintió una gran ternura por su madre, a través de la cual se hermanó con el destino de las mujeres postergadas de su generación.

Fue singular en la conjunción entre su inteligente/ simplicidad frente a la vida y su profunda pasión por la humanidad y la transformación de la sociedad.

El “tomarse la vida en serio“ incluyó, sin duda para ella, su capacidad de goce, su incisivo humor su fundamental alegría por lo grande y por lo pequeño, sus enojos y sus rebeldías.

Conjugó su “sobriedad”, como en el vestir.... bleizer azul pollera gris y mocasines, con la “intensidad” de su entusiasmo, como cuando jugaba al voley, en los veranos en la playa de Guadalupe. Fue una descubridora incansable de gentes y de paisajes. Sus veranos los pasaba viajando “a dedo”, como mochilera por la Argentina y los países limítrofes, adentrándose y compartiendo la vida y la cultura de otras regiones.

Estudió el secundario en el Colegio Nuestra Señora del Calvario.

Ingresó a la Facultad de Derecho de la U.C.S.F. en 1960 y se recibió en 1965. Su excelente trayectoria universitaria fue la expresión de su pasión y responsabilidad en el estudio del derecho,que entendió y vivió como un instrumento para instaurar más justicia y garantizar la defensa de los más desposeídos de la sociedad.

Fue presidenta de la Acción Católica Universitaria (J.U.C.) de Santa Fe.

Trabajó en el 1er Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho. En ese marco colaboró con la primera revista editada por el Centro.


Siendo ya abogada, época de Onganía, en la que comenzaba una etapa de gran activismo social y estudiantil, fue una de las fundadoras de la Agrupación de Egresados de la U.C.S.F.


Paralelamente ejerció su profesión, principalmente en derecho laboral, defendiendo al sector obrero. Integraba la Asociación de Abogados de Santa Fe, dedicada a la defensa de los Derechos Humanos.

Trabajó, también, como abogada voluntaria en la CGT.

En 1968 se solidarizó con los alumnos de la U.C.S.F. y participó dentro del MEUC, de la huelga de hambre, que comenzó en la Iglesia Ntra. Sra. de los Milagros y prosigió en el Colegio Mayor Universitario. La huelga fue la culminación de un movimiento reivindicatorio, pero al mismo tiempo, un cuestionamiento de la política universitaria de la U.C.S.F., con una visión de compromiso con la democracia y con los sectores más postergados.

Un viaje a la cuña boscosa, donde trabajó un mes junto a los Hermanos de Foucault, fue decisivo en su opción de vida. En sus propias palabras: “mi vida va a cambiar, no soporto más algunas injusticias. Con lo reivindicativo no alcanza…”

Integró, en Santa Fe, el grupo fundacional de lo que sería después Montoneros.

En febrero de 1971 debió irse de Santa Fe. Se instaló en los primeros tiempos en Buenos Aires y luego en la ciudad de Córdoba, junto a su pareja, José Sabino Navarro.

Finalizando el año 1971, Sabino Navarro fue muerto por el ejército. Monina fué parte del grupo que mantenía desde tiempo atrás disidencias dentro de la organización Montoneros, que culminaron con la creación de la “Columna José Sabino Navarro” de marcada inserción en el sector obrero. Este paso fue fundamental en su historia militante, ya que significó una posición política-ideológica y una práctica consecuente que privilegió la organización política de la clase obrera.

Frente a diversos procesos políticos que llevaron al desmembramiento de la Columna, en 1975, Monina (María o Petiza, como la conocían los compañeros) decide reingresar a Montoneros, continuando su militancia en Córdoba.

Es secuestrada, en su casa de Córdoba en abril de 1976. Muere asesinada en el campo de concentración, La Perla, Pcia. de Córdoba.

Hoy -al recordarla- aparece claramente el hilo conductor de su vida,que enhebró sus vínculos personales, sus opciones estudiantiles, su apertura a la política internacional, sus posiciones profesionales y gremiales, su compromiso vital y político con los sectores marginados de la sociedad y su integración a un proyecto político de liberación nacional. Su fidelidad y su coherencia con la lucha del pueblo, generaron cuando fue necesario una legítima postura crítica.

Ante su fusilamiento expresó una vez más la dimensión de su dignidad política, al decir al jefe del pelotón de fusilamiento: “en usted me despido de toda la humanidad”.