lunes, 10 de abril de 2017

Emiliano Zapata es asesinado por Jesús Guajardo en la Hacienda de Chinameca

Doralicia Carmona*

En el dintel de la puerta de la hacienda de San Juan Chinameca, alrededor de las dos de la tarde, Zapata recibe a quemarropa el fuego de fusilería de la banda de guerra que había tocado tres veces llamada de honor. Intenta sacar su pistola en los últimos momentos que le quedan de vida, trata de dar media vuelta pero el caballo arroja su cuerpo al suelo. Siete tiros le causan la muerte casi instantánea. Mueren con él Zeferino Ortega, Gil Muñoz, otros generales, su asistente Agustín Cortés y tropa. Los sobrevivientes de la escolta que lo acompaña huyen despavoridos ante el cerrado fuego de ametralladora de los soldados apostados en las azoteas y cerros. Luego son perseguidos por una fuerza montada que les causa gran cantidad de bajas.

Consumado su crimen, a las cuatro de la tarde de este día, el coronel carrancista Jesús M. Guajardo traslada a lomo de mula el cadáver a la ciudad de Cuautla, en donde lo entrega al general Pablo González alrededor de las nueve de la noche.
De inmediato corre la versión de que Zapata, siempre necesitado de recursos militares, había tenido conocimiento de que Guajardo había sido duramente reprendido por Pablo González por faltas a la disciplina militar y había tratado de ganárselo; que habían iniciado un intercambio epistolar y que Pablo González, habiendo interceptado una de las notas, había obligado Guajardo a seguir la trama de su posible defección y usarla para capturar o asesinar al jefe suriano; y que fue así como Guajardo había ofrecido a Zapata varias muestras de " adhesión" y como prueba suprema de su amistad, le había obsequiado un caballo alazán "As de Oros", el mismo que montaría la tarde en que fue asesinado.
La realidad fue que un mes antes, en Cuautla, Guajardo había sido sorprendido ebrio y escandalizando por el gobernador José G. Aguilar y el general Pablo González. Cuando iba a ser castigado, el gobernador recibió de manos de un fotógrafo espía una carta de Zapata a Guajardo, en la que con motivo de este incidente lo invitaba a unirse a su causa. Entonces urdieron la traición el propio gobernador, Guajardo y Pablo González. Guajardo intercambió cartas, escritas por Aguilar, con Zapata y logró convencerlo de que se uniría al zapatismo mediante la simulación de un ataque a Jonacatepec. Fue así que Zapata había aceptado la invitación a comer en Chinameca, en donde encuentra la muerte.
El general zapatista Gildardo Magaña dará noticia de la muerte. “Víctima de la más negra de todas las traiciones, cayó ayer, gloriosamente, atravesado por las cobardes balas enemigas, nuestro inolvidable y heroico General en Jefe, don Emiliano Zapata. Que las maldiciones de todos los buenos mexicanos, de los que hayan sabido comprender la grandiosa obra del más grande y desinteresado revolucionario mexicano, caigan sobre los nombres maldecidos y malditos de los cobardes asesinos”.
El cadáver de Zapata será expuesto al público en la presidencia municipal de Cuautla durante los próximos días. Allí, un reportero sorprenderá la conversación entre dos campesinos, en la que uno de ellos, con voz baja y vehemente, dirá que aquel cadáver no es el de Zapata, pues no tiene el lunar cerca de los ojos y sí tiene los dedos completos, siendo que " Zapata tenía un dedo mocho' " por un accidente de reata. Los carrancistas amenazarán a quien niegue la identidad del cadáver, pero la leyenda de que Zapata vive surgirá de todos modos y consolará a los zapatistas sobrevivientes hasta que mueran.
En la prensa nacional se presentará la muerte del “cabecilla morelense” como resultado de un ardid ingenioso, la figura del “valiente” Guajardo será exaltada y sus méritos exagerados.
Días después, Zapata será sepultado en presencia de Pablo González y una multitud que lo acompañará en su sepelio. Sus restos descansarán al pie del monumento que en su memoria se erigirá en Cuautla, Morelos.
El día 12 de abril siguiente, el diario El Universal publicará la felicitación de Carranza a Pablo González: “Lo felicito por este importante triunfo que ha obtenido el Gobierno de la República con la caída del jefe de la revuelta en el sur, y por su conducto, al coronel Guajardo y a los demás jefes; oficiales y tropa que tomaron participación en ese combate; los felicito por el mismo hecho de armas; y atendiendo a la solicitud de usted, he dictado acuerdo a la Secretaría de Guerra y Marina para que sean ascendidos al grado inmediato el coronel Jesús M. Guajardo y los demás jefes y oficiales que a sus órdenes operaron en este encuentro”.
* MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.