lunes, 24 de abril de 2017

Armenia, el genocidio olvidado que sigue siendo un obstáculo

Marcharmenians Emanuele Cassano
El 24 de abril se celebra el aniversario del Genocidio Armenio (Medz Yeghern, "gran crimen"), considerado a todos los efectos, el primer genocidio del siglo XX.
El genocidio armenio se desarrolló en dos fases. La primera masacre (1894-1897) está ligada a la figura del sultán Abdul Hamid II (de ahí el término "masacre hamidiana"), que quería castigar a un pueblo en rebelión mediante una violentísima represión. La segunda masacre (1915-1923), de un mayor dramatismo, se vincula al grupo de los Jóvenes Turcos, que para ver cumplidos sus objetivos nacionalistas planifican científicamente la eliminación de la población armenia en el país. Esta planificación ha sido demostrada con el tiempo por varias personalidades, como el estudioso de origen judío Yehuda Bauer, que en su libro "El lugar del Holocausto en la historia contemporánea", define el genocidio armenio como el caso más semejante al Holocausto, o como el profesor polaco Raphael Lemkin, que afirmó haber pensado en el caso de los armenios en 1944 cuando acuñó el término "genocidio". Recientemente, en 2005, la Asociación Internacional de Expertos en Genocidio (IAGS) confirmó que el Imperio Otomano puso en marcha un genocidio sistemático contra la población armenia.
Las matanzas hamidianas
A final del siglo XIX, los armenios eran uno de los muchos grupos étnicos que habitaban en el Imperio Otomano. Había cerca de dos millones, ubicados en su mayor parte en la región de Anatolia, territorio en el que residieron durante siglos. Con el Imperio ya en decadencia, sobre todo después de la guerra ruso-turca de 1877-1878, los armenios comenzaron a vislumbrar en la Rusia cristiana un nuevo protector, capaz de defender a la población armenia del pujante nacionalismo turco. La propia Rusia estaba interesada en hacer que el territorio poblado por los armenios cayera bajo su esfera de influencia, con el fin de debilitar aún más el ya inestable Imperio Otomano, mediante alguna anexión territorial. El íncumplimiento del Tratado de Berlín de 1878 (Wikipedia), que obligó a los otomanos a asegurar un mayor número de derechos a los súbditos armenios sujetos, fue la chispa que encendió la mecha.

Hacia 1890 laHistoria: Armenia, el genocidio olvidado que sigue siendo un obstáculo población armenia creció en toda Anatolia, exigiendo más reformas al Imperio, el fin de su discriminación, el derecho a votar y un gobierno constitucional. La respuesta del sultán Abdul Hamid II fue durísima: los otomanos enviaron al ejército a la región y alentaron a la población musulmana a cometer actos de violencia contra los armenios, como "enemigos del Islam". En poco tiempo los otomanos fueron responsables de múltiples delitos graves, el peor de los cuales se produjo en la ciudad de Urfa, donde alrededor de 3.000 armenios murieron quemados vivos dentro de la catedral, donde se habían refugiado.
Para no quedarse solas en su lucha contra el enemigo otomano, los armenios intentaron varias veces pedir ayuda a los gobiernos extranjeros. Para sacar a la luz pública la causa armenia ante los países extranjeros, en 1896 un grupo de revolucionarios ocuparon el Banco Otomano en Estambul, tomando como rehenes a un gran número de empleados. La reacción del gobierno fue una vez más muy dura, de hecho, tanto en la capital como en otras regiones del imperio fueron implementadas gran represión que llevaron a la muerte de miles de armenios (alrededor de 50.000 víctimas). El período de terror duró hasta 1897, cuando el sultán Abdul Hamid, aseguró haber resuelto la cuestión armenia.
Los Jóvenes Turcos y la segunda masacre
Unos años más tarde, en 1909, los Jóvenes Turcos llegaron al poder, deponiendo el sultán Abdul Hamid, a favor de su hermano, Mehmet V. Uno de los principales objetivos de los Jóvenes Turcos, grupo político fuertemente nacionalista y caracterizado por su fuerte fanatismo, era conseguir una Anatolia (región todavía poblada por un gran número de armenios) en Asia Central habitada exclusivamente por la etnia turca.
Mientras tanto, en Cilicia, otra región con fuerte presencia armenia, se registraron nuevas masacres, con al menos 30.000 muertos confirmados. Con la Primera Guerra Mundial, el gobierno turco también temía que el pueblo armenio pudiera aliarse con el enemigo ruso, poniendo en grave peligro la precaria estabilidad del país. Por esta razón, los Jóvenes Turcos, dirigidos por los "Tres Pashas" (Mehmed Talat Pasha, Ismail Enver y Ahmed Djemal), que se reunieron en 1911 en un congreso secreto en Salónica, decidieron planificar el exterminio sistemático del pueblo armenio. La oportunidad para poner en marcha su plan de exterminio fue el estallido de la guerra, que impidió de facto a los países extranjeros inmiscuirse en los asuntos internos de Turquía.
Todo comenzó en la noche del 23 al 24 de abril de 1915, cuando en la ciudad de Constantinopla (hoy Estambul), se produjo una incursión repentina de intelectuales armenios pertenecientes a la elite de la ciudad. En solo un día desaparecieron cerca de 300 personas de la clase dominante incluyendo periodistas, escritores, abogados e incluso miembros del Parlamento. Estas personas fueron deportadas en Anatolia, y los que sobrevivieron al traslado fueron masacrados a su llegada a destino. Sin sus intelectuales, la población armenia se encontró "decapitada". Después de la eliminación de la clase dominante, el gobierno turco, mediante el decreto emitido en 1915, ordenó el desarme de todas las fuerzas armadas de Armenia enroladas para la guerra (alrededor de 350.000), que fueron detenidos y asesinados. Por último, el plan de los Jóvenes Turcos golpeó a la población armenia de Anatolia, deportada a Mesopotamia con la excusa inicial de tener que evacuar a las zonas de guerra y obligándolos a verdaderas marchas de la muerte en las que participaron aproximadamente 1.200.000 personas. Sólo unos pocos llegaron a su destino, mientras que la mayoría murió durante el arduo viaje. La evidencia de esta matanza están reflejada en las fotografías del alemán Armin T. Wegner, que durante la guerra sirvió en Anatolia.
El debate sobre el reconocimiento
Quien organizó y planificó el genocidio se ocupó también de ocultar la verdad. Para negar la premeditación de la masacre, los turcos deportaron a la población armenia con el pretexto de la guerra, además de se encargó de la deportación de estas personas a algunas tribus kurdas, con el fin de encubrir las responsabilidades de la funcionarios del gobierno.
Turquía siempre se ha negado a reconocer el genocidio armenio, minimizando los hechos y el número de víctimas. Hablar de genocidio supone aún hoy una violación del artículo. 301 del Código Penal, que castiga los delitos "contra el Estado turco", algo conoce de primera mano el ganador del Premio Nobel Orhan Pamuk, procesado por haberlo recordado en una entrevista.
El negacionismo del genocidio armenio podría costarle la entrada a Turquía en la Unión Europea, con la que amenaza con socavar las negociaciones, ya que muchos países de la UE no reconocen su existencia, mientras que en Francia es incluso un delito negarlo. En la actualidad, el genocidio armenio está oficialmente reconocido por 21 Estados, entre ellos Italia.
Traducción: casabalcanes.com