jueves, 16 de marzo de 2017

La masacre de My Lai, un crímen impune de Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam

My Lai massacre.jpgPIA Noticias


 En Medio Oriente, en el sudeste asiático, en centroamérica y en cualquier lugar del globo donde Estados Unidos ha iniciado una guerra, directa o indirectamente, o bien ha avalado dictaduras sangrientas para defender sus intereses geopolíticos, siempre han sido los pueblos las principales víctimas del apetito imperial norteamericano. La guerra de Vietnam ha sido en el siglo pasado un claro ejemplo de ello.

Si bien la heroica lucha del pueblo vietnamita propino un duro revés a una de las tantas incursiones militares estadounidenses en el mundo, su pueblo ha sido víctima de masacres y violaciones a los derechos humanos cometidas por las tropas norteamericanas durante la década que duró el conflicto, matanzas que EE.UU. se encargó de dejar impunes sin castigar a ningún responsable. La masacre de My Lai es uno de los episodios más sangrientos de la derrota norteamericana en este país del sudeste asiático. Sobre My Lai se ha basado gran parte de la filmografía norteamericana que muestran las matanzas y atrocidades cometidas por los soldados a los civiles pobladores de las aldeas vietnamitas.
El hecho ocurrió un  16 de marzo de 1968, pero la noticia se dió a conocer al mundo un 13 de noviembre de 1969 cuando Seymour Hersh, un periodista de Dispatch News Service, una pequeña y nueva agencia de noticias,  publicó la historia de la masacre de My Lai en 33 entregas.
My Lai-4 era el nombre en clave con que las tropas norteamericanas denominaban a una aldea donde supuestamente, según informaciones de los servicios de inteligencia, tenía su base el 48º batallón del Vietcong, objetivo a eliminar por parte de la Compañía C del 1º Batallón de la 20ª División de Infantería, y la Compañía B del 4º Batallón de la 3ª División de Infantería, enmarcadas en la “Task Force Barker” estadounidense.
La mañana del 16 de marzo de 1968, luego de lanzar un ataque aéreo sobre la zona de Son My donde se encontraba el objetivo de la operación, las tropas estadounidenses descendieron y sin encontrar resistencia avanzaron sobre la aldea de My Lai desde el norte y desde el sur. Durante horas, y sin motivo alguno, fueron asesinadas 347 mujeres, niños, ancianos y familias enteras que tuvieron la mala fortuna de toparse en el camino de los soldados estadounidenses. Disparando a todo lo que se movía, violando mujeres y niñas para después asesinarlas a sangre fría, arrojando granadas dentro de las chozas de los pobladores, quemando cultivos y hasta matando el ganado, se perpetró la masacre de My Lai, uno de los hechos más vergonzosos y sangrientos del accionar imperial estadounidense en su historial guerrerista. A los aldeanos sobrevivientes se los juntó luego en la acequia de un regadío, donde fueron fusilados, quemando posteriormente sus cuerpos.
Días después, un parte oficial del ejército estadounidense “informaba” que en la operación habían sido abatidos 120 vietcongs y que solo 20 civiles habían muerto por quedar atrapados en fuego cruzado. La mentira no fue superior al escándalo cuando se supo que entre los “vietcongs” en realidad se habían contabilizado a los civiles vietnamitas salvajemente violados y asesinados.
El fotógrafo Ronald Haeberle y el periodista Jay Roberts que se encontraban acompañando a uno de los pelotones, más los pilotos de los helicópteros y algunos soldados quebrados contaron la verdad de lo sucedido con relatos y testimonios verdaderamente estremecedores.
Cuando Hersh da a conocer al mundo y a la opinión pública norteamericana la masacre de My Lai, y cuando Haeberle publica fotos de la matanza en el Cleveland Plain Dealer, estalla el escándalo y comienza el accionar político del gobierno de Nixon para trtar de ocultar los hechos.
Ningún ofical superior fue condenado por la masacre. Sólo fue juzgado el teniente segundo William Laws Calley Jr, encargado de la sección que ingresó a la aldrea por la zona sur. Fué condenado a cadena perpetua y trabajo forzado por el asesinato de 22 civiles vietnamitas, pero finalmente liberado en 1974, luego de 3 años y medio de arresto domiciliario.
En la maniobra de ocultamiento de la información estuvo involucrado el por entonces coronel Colin Powell, quien décadas más tarde sería Secretario de Estado del gobierno de George W. Bush durante las invasiones a Irak donde hasta la fecha murieron aproximadamente 1 millón de personas.
El periodismo y el cine de Oliver Stone, un sector del pueblo norteamericano movilizado por ese entonces contra la guerra de Vietnam y contra las matanzas, fueron los únicos en condenar las atrocidades del ejército estadounidense, mientras que el poder político y militar se encargaba de echar un manto de impunidad.