viernes, 31 de marzo de 2017

El padre de todos los golpes en Latinoamérica


Eduardo J. Vior 
Miradas al Sur [x]
"En 1964 Brasil no estaba en crisis económica. El problema de Brasil era el populismo, que es la antesala del comunismo. Nuestro objetivo era entonces destruir al populismo, para frenar al comunismo. La base del populismo estaba constituida por los grandes sindicatos de masas que se nutrían de la industrialización sustitutiva de importaciones que reunía grandes masas de trabajadores en las fábricas.
Por consiguiente, había que destruir la industria sustitutiva de importaciones, para disolver las concentraciones de masas, dominar al sindicalismo y destruir al populismo, para prevenir el comunismo"
(Roberto de Oliveira Campos, ex ministro de Planeamiento de Brasil entre 1964 y 1967, en Brasilia en mayo de 1985 en diálogo con el autor).


Cuando el derrocado presidente João Jango Goulart el 2 de abril de 1964 cruzó fugitivo la frontera uruguaya, ninguno de los actores principales del drama brasileño previó las transformaciones que se iniciaban en toda América del Sur. Para la mayoría de los golpistas se trataba de restaurar el poder conservador modernizándolo. Las oposiciones vieron en el golpe sólo la culminación de los once intentos que se sucedieron desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La estrategia nacional e internacional de la contrarrevolución fue ideada y desarrollada por Golbery do Couto e Silva (1911-87). Durante su revista en el Estado Mayor de la Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB) en Italia en 1944/45 –en la que sirvieron los oficiales que condujeron el golpe de 1964– y gracias a su estrecha cooperación con el mayor Vernon Walters, oficial de enlace del 5° Ejército norteamericano, desarrolló sus vínculos con el espionaje de Estados Unidos y su visión de la guerra total. Cabe señalar que V. Walters fue agregado militar de la embajada estadounidense en Brasil entre 1962 y 1967 desde donde preparó la intervención de la IV Flota de Estados Unidos en caso de guerra civil.

En 1952 Golbery comenzó a servir en la Escuela Superior de Guerra (ESG, fundada en 1949) como director de su Departamento Internacional. Bajo su influencia, los cursos en la ESG se orientaron en tres direcciones: crear una elite tecnocrática cívico-militar, desarrollar la Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN), pensada por el mismo Golbery, y diseñar la estrategia geopolítica de Brasil. Ésta se hizo pública en 1966 en el libro Geopolítica del Brasil. En la obra, Golbery concibe a Brasil como un archipiélago de siete islas cuyo aislamiento aprovechaban los enemigos del país, particularmente “la subversión comunista” –que podría hacerse fuerte en el Nordeste– y Argentina –que amenazaba el escudo riograndense. Según el autor, la expansión de la infraestructura y las comunicaciones servía al desarrollo económico y éste a su seguridad nacional, proyectando el poder de Brasil sobre los países vecinos.

Primero Paraguay. La geoestrategia de Golbery se implementó primero en la relación con Paraguay. Como el presidente Alfredo Stroessner (1954-89) había estado adscripto al Estado Mayor del Ejército brasileño entre 1940 y 1941, desde el golpe de 1964 se estrecharon los vínculos, para sacar a Paraguay de la órbita argentina. Brasil y Paraguay compartían intereses en la frontera del Río Paraná, aunque litigaban por el límite. Desde la Guerra de la Triple Alianza (1865-70), el Este de Paraguay estaba prácticamente despoblado y servía de base a las guerrillas contra Stroessner. Brasil, en tanto, quería vincular la faja de frontera al resto del país. Por eso ambos estados fomentaron la colonización de la zona y estudiaron el potencial energético de la región hasta firmar en 1972 el Tratado de Itaipú, que regló la construcción de la segunda represa más grande del mundo y la entrada en Paraguay de cientos de miles de colonos brasileños.

Si bien Brasil no intervino en el golpe que en noviembre de 1964 depuso al presidente boliviano Víctor Paz Estenssoro (1952-56 y 1960-64), introdujo posteriormente colonos brasileños en el Oriente y usó la represión de la guerrilla del Che Guevara en 1967 para aliarse con las fuerzas armadas bolivianas, lo que daría sus frutos durante la presidencia de Hugo Bánzer (1971-78).

Mientras que durante el gobierno de Humberto Castelo Branco (1964-67) el alineamiento con Estados Unidos fue total, en las presidencias posteriores de Artur da Costa e Silva (1967-68), Emilio Garrastazu Médici (1969-74) y Ernesto Geisel (1974-78) las necesidades del desarrollo económico concentrado y la preponderancia de sectores nacionalistas dentro del Ejército y la Fuerza Aérea llevaron a diferenciaciones y choques, como sucedió cuando Brasil firmó el acuerdo nuclear con Alemania Federal en 1975. A partir de 1967 la política exterior brasileña combinó la colaboración con Washington en la lucha contra las guerrillas dentro y fuera del país con la prosecución de la propia estrategia en la región y en el Atlántico Sur.

La extensión de la DSN y la imitación del modelo autoritario burocrático indujeron al Ejército Argentino a reproducir la experiencia en 1966, con la intención de frenar la influencia brasileña sobre Paraguay y Uruguay, donde la presión combinada de EE.UU. y Brasil llevó en 1967 a la instauración de las “Medidas Prontas de Seguridad”, antecedente inmediato del golpe de estado de 1973.

Además de la intervención en la guerra civil en la República Dominicana bajo el mando norteamericano en 1965, el modelo brasileño influyó sobre gobiernos civiles como el venezolano y el colombiano, que en la década de 1960 enfrentaban movimientos guerrilleros, en la reacción defensiva de la Revolución Peruana de Juan Velasco Alvarado (1968-75) y en el gobierno militar ecuatoriano de Guillermo Rodríguez Lara (1972-79).

Golbery estuvo alejado del gobierno entre 1967 y 1974 y enfrentado con el sector duro del Ejército por la política represiva que éste implementó contra la guerrilla urbana y rural y la oposición civil a través de las actas institucionales, la tortura y el exilio. Sin embargo, al asumir como jefe de la Casa Civil de la Presidencia bajo Ernesto Geisel (cargo que mantuvo con João B. Figueiredo hasta 1981), en paralelo con la apertura política controlada continuó las tres líneas geoestratégicas de sus predecesores: el acuerdo nuclear con Alemania, el apoyo a los procesos de independencia en los países lusófonos de África y la coordinación represiva en el sur del continente que en 1975 tomó forma en el Operativo Cóndor.

En 1978 esta perspectiva se amplió con la firma del Pacto Amazónico para la integración y seguridad de la cuenca. El acuerdo fue firmado por los ocho países de la región, pero perdió continuidad en los años 1980 por la crisis económica y las democratizaciones limitadas en los países signatarios. No obstante, fue recuperado a partir de la década de 1990 en los acuerdos de cooperación bi- o trilaterales que Brasil cerró, especialmente, con Colombia y Perú, para el combate al narcotráfico y la progresiva radarización de la cuenca.

Si bien el modelo brasileño se modificó al inicio de los años 1970, dando lugar a la reforma tecnocrática del Estado y a los planes de desarrollo que integraron el territorio e impulsaron la sustitución de exportaciones, sus dos patas fundamentales (la DSN y la dominación de una elite tecnocrática cívico-militar) se mantuvieron y constituyeron su principal artículo de exportación. La Doctrina de Seguridad Nacional fue abandonada en la década de 1980, pero su supuesto de que las relaciones sociales están signadas por la guerra sigue vigente. Así, el golpe militar de 1964 sigue siendo presente, no sólo en Brasil.