viernes, 31 de marzo de 2017

Alemanes antinazis e italianos antifascistas en Buenos Aires durante la Segunda Guerra Mundial

El canciller Franz von Papen (izquierda)
 con su sucesor, el ministro de
 Defensa Kurt von Schleicher-Wikipedia
Friedmann, Germán Claus 1
Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, 25 de mayo 217, 2º piso - C1002ABE. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Resumen:
Hacia mediados de la década de 1930 y principios de la de 1940, los acontecimientos suscitados por la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial ayudaron a conformar en la Argentina una amplia y heterogénea coalición política que encontró un elemento aglutinante en el antifascismo, en un contexto de enorme polarización del escenario político, donde las disputas internas eran vistas bajo la lente de los sucesos europeos contemporáneos. 

Entre la gran cantidad de agrupaciones antifascistas conformadas en el país se encontraban algunas constituidas por emigrantes políticos italianos provenientes de la Italia mussoliniana y alemanes refugiados del Tercer Reich, que se establecieron en Buenos Aires luego de emprender un exilio por diferentes estaciones europeas. 

Este trabajo se centra en la naturaleza de los vínculos existentes entre los integrantes de Italia Libre y Das Andere Deutschland, que actuaron en el escenario político europeo y argentino, en cuyas cambiantes relaciones se entremezclaron cuestiones de índole ideológica y nacional. Además, analiza la percepción del "antifascismo" que tuvieron distintos actores políticos de un heterogéneo espectro -que contaban con intereses divergentes y perseguían, por lo tanto, objetivos disímiles-, que encontraron en él un elemento unificador, así como su influencia  en el posterior desarrollo político argentino.

Antinazi Germans and antifascist Italians in Buenos Aires during the Second World War
Abstract:
By the mid-1930's and early 1940's the events triggered by the Spanish Civil War and the Second World War helped form in Argentina a wide and varied political coalition, which found a common element in anti-facism, in a context of great polarizaction of the political stage, where internal disputes were seen under the lens of contemporary European developments. 

Among the numerous anti-fascist groups formed in the country were some made up of Italian political emigrés, straight from Mussolini's Italy, and of German refugees from the Third Reich, who had settled down in Buenos Aires after being exiled in different European locations. 

This paper focuses on the nature of the relationship existing between the members of Italia Libre and Das Andere Deutschland, which were active in both the European and Argentine political scene. In their changing relations, national issues intermingled with ideological questions. It also analizes how "anti-fascism" was perceived by different political actors of a wide spectre -with diverging interests and different aims- who found in ti a welding element, and its influence in the subsequent Argentine political development.
Key words: Argentine History; German antinazi exile; Antifascism; National identity.
I

         Las primeras manifestaciones opositoras al régimen fascista se desarrollaron en Italia dentro de los marcos institucionales vigentes, hasta que la política peninsular experimentó un vuelco trascendental hacia fines de 1922, con las expediciones punitivas de los fascistas. Este panorama se fortaleció luego a partir del asesinato del diputado Matteotti en junio de 1924 y, al año siguiente, con la promulgación de las "Leyes Excepcionales". 

          A partir de entonces, el heterogéneo y desarticulado "antifascismo" - integrado tanto por personas pertenecientes al movimiento obrero organizado, como por militantes demócratas liberales,  socialistas,  republicanos,  comunistas,  anarquistas  y algunos miembros del Partido Popular-  estuvo imposibilitado de manifestar sus opiniones y desarrollar sus políticas libremente dentro del reino, por lo que muchos opositores abandonaron el país. 

          Aunque se extendió por diversos lugares, el exilio italiano encontró en París el terreno apropiado para (re) organizar sus actividades políticas, pues la ciudad contaba con  una importante red de asociaciones que operaban conteniendo a los refugiados2. De este modo, los italianos conformaron agrupaciones sindicales y políticas, y editaron periódicos cuyo objetivo común era la denuncia del régimen fascista. 
          En la capital francesa los refugiados establecieron estrechos vínculos con personalidades políticas de toda Europa, y además de mantener sus contactos con los compatriotas antifascistas que permanecían en Italia, su mensaje pudo llegar a una enorme cantidad de inmigrantes italianos que se habían establecido en el "hexágono" en su mayor parte por razones económicas 3. 
          A comienzos de la década de 1920 arribaron a la ciudad de Buenos Aires los primeros antifascistas de filiación socialista, comunista y anarquista4. La comunidad italiana local, que contaba  por entonces con una fuerte presencia en la sociedad -la colectividad contaba hacia 1925 con casi dos millones de miembros-, se caracterizaba por una larga tradición política republicana de corte mazziniano-garibaldino5. 
          Sin embargo, la inexistencia de  un movimiento antifascista organizado, llevó a los recién llegados a delinear los primeros pasos de esa organización que un principio se caracterizó por tener un carácter episódico carente de unidad de ideas y de acción. Esta primera fase fluida y un tanto oscura de preparación y organización del antifascismo finalizó en 1924, y fue sucedida por otra que promovió la conformación de un movimiento unificado, que sin embargo continuó teniendo disputas y tensiones internas6 
          En 1927 se constituyó la Alianza Antifascista Italiana, cuya efímera existencia daba cuenta de las desavenencias entre sus diferentes grupos políticos, fundamentalmente comunistas y socialistas-republicanos, que provocaron el alejamiento de éstos últimos y su adhesión a asociaciones cuyos modelos de organización fueron tomados del movimiento antifascista de París 7. 
          En el interior de la Alianza se produjeron enfrentamientos entre los mismos comunistas debido a la creciente relevancia de la figura de Vittorio Codovilla8, en tanto que los representantes de los partidos políticos no comunistas (socialistas, republicanos) se congregaron en enero de 1929 en  la Sección de la  Concentración de Acción Antifascista de Buenos Aires  que proclamaba ser heredera de la  doctrina mazziniana, del socialismo y del asociacionismo, así como su intención de convertirse en el único eje del movimiento antifascista. 
          Los antifascistas se vieron favorecidos en su obra de propaganda y organización por el clima político argentino y la actitud de benevolencia hacia sus metas expresada por los gobiernos radicales de Alvear e Yrigoyen. La situación cambió bruscamente como consecuencia del golpe del 6 de septiembre de 1930, que interrumpió una larga tradición de institucionalidad republicana. Sin embargo, y a pesar de las restricciones sufridas a sus actividades, el antifascismo permaneció activo, y comenzó a delinear una nueva etapa en su organización.

II

          Mientras los exiliados italianos fortalecían sus lazos organizativos y entraban en contacto -al tiempo que contribuían a desarrollar -con el ámbito antifascista argentino, la república de Weimar comenzaba un proceso de deterioro que la llevaría a su disolución9 

          Desde la asunción de Hitler a la cancillería del Reich, en enero de 1933, hasta la prohibición de la emigración judía, en el otoño europeo de 1941, cerca de medio millón de personas debieron abandonar los territorios que entonces constituían la "Gran Alemania". 

          La "primera oleada" que dejó Alemania por motivos de persecución política o disidencia cultural, tuvo lugar en los primeros meses de 1933 -entre el incendio del Reichstag del 27 de febrero y la quema de libros  del 10 de mayo-, cuando el régimen comenzó su ola de detenciones arbitrarias y la instalación de campos de concentración10. Casi todos los exiliados de la "primera hora" desarrollaban actividades políticas, artísticas o intelectuales, se habían expresado contra los nazis antes de su subida al poder y militaban activamente en los partidos más férreamente opositores al nuevo gobierno. Los refugiados de la "segunda oleada" escaparon de las medidas y prescripciones de carácter "racial", entre las que se destacaron las llamadas "leyes de Nüremberg" de 1935. El punto más alto de la emigración de esta segunda etapa se alcanzó luego de la "noche de los cristales" (Kristallnacht) del 9 noviembre de 1938. Aquella jornada se transformó en una catástrofe para los judíos alemanes y marcó claramente el desmantelamiento de su emancipación. Entre 20.000 y 30.000 hombres fueron detenidos por semanas o meses en los campos de concentración de Buchenwald, Dachau y Sachsenhausen. Además, hubo 36 asesinatos, se destruyeron 75000 revistas judías y 191 sinagogas11. 
          Diversos estudios han estimado que alrededor del 94 % del total de hombres y mujeres que dejaron la Alemania nazi estaba constituido por refugiados "raciales" y el resto estaba integrado por los denominados exiliados "políticos". Sin desconocer la existencia de estas dos oleadas a las que se ha hecho mención, es importante destacar, sin embargo, las limitaciones que tiene esta diferenciación ampliamente difundida entre los denominados exiliados "políticos" y  "raciales", pues el hecho de que el régimen nazi haya discriminado a personas que no ejercían actividades políticas no equivale a creer que estas habrían sido perseguidas por motivos extra políticos a no ser que se parta de los mismos argumentos raciales de Hitler. Además, el concepto de "emigración judía" ha sido aplicado a un grupo extremadamente heterogéneo de la población, cuyos miembros, excepto la incriminación de origen del nacionalsocialismo, a menudo no tenían ningún punto de contacto. 
          En un comienzo, gran parte del movimiento se desplazó hacia los países vecinos a Alemania, con la esperanza de que una rápida caída del Tercer Reich permitiera un pronto retorno a la patria. La zona del Saare, administrada por la sociedad de las Naciones hasta 1935, Holanda, y Checoslovaquia -que tenía una fuerte presencia cultural alemana-, presentaron las mejores condiciones de vida y trabajo para los exiliados12. 
          También fue relativamente fácil el establecimiento en París, debido a la combinación de una amplia oferta cultural con la predisposición favorable a recibir exiliados antifascistas manifestada por el gobierno del Frente Popular de León Blum. 
          Al igual que los antifascistas italianos, los alemanes antinazis residentes en París, establecieron una gran cantidad de comités y asociaciones, así como publicaron diarios y revistas que informaban sobre las condiciones políticas reinantes en la Alemania nazi.13 
          Así, estos exiliados conformaron el ala alemana de un vasto movimiento antifascista internacional constituido por intelectuales, artistas y periodistas occidentales, en cuyo surgimiento y desarrollo tuvieron una decisiva influencia el inicio de la Guerra Civil Española y la estrategia de la Tercera Internacional, que a partir de 1935 impulsó la formación de frentes populares14. 
          Sin embargo, la situación de los alemanes antinazis se fue agravando como consecuencia de un creciente clima de xenofobia por el cual los gobernantes, fuertemente presionados por la derecha política, multiplicaron las medidas contra los emigrados y los extranjeros en general. De hecho, el antigermanismo se encontraba ya firmemente arraigado en Francia, sobre todo entre los intelectuales de derecha próximos a la Action Française. También el antisemitismo comportaba una dimensión violentamente antialemana, por lo que, en esta época, los judíos perseguidos en Alemania eran tratados de "boches" 15 . 
          El comienzo de la guerra transformó a los refugiados alemanes en "extranjeros enemigos" que debieron retirarse de Francia para evitar ser internados en los diversos campos de prisioneros. Además, el avance incesante del ejército alemán en toda Europa los amenazó con la extradición y los obligó a emprender un viaje más lejano hacia ultramar. A pesar de que la política migratoria de los principales países receptores se hizo más restrictiva, los Estados Unidos recibieron cerca de 130.000 emigrantes y Latinoamérica entre 75.000 y 90.000, la inmensa mayoría de los cuales se radicó en la Argentina.

III

          También en la Argentina el antifascismo sirvió como el elemento aglutinante y dio cierta coherencia programática a un grupo de intelectuales que provenían de diversos sectores y abarcaban un amplio espectro político y cultural. 

          En ese contexto, se organizaron una serie de agrupaciones, entre las que se destacaron, desde un inicio, la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores, y el Comité contra el Racismo y el Antisemitismo. 

          La Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores fue creada en 1935 -a imagen del parisino Comité de vigilancia de los intelectuales antifascistas, presidido por Paul Rivet- y estuvo animada tanto por afiliados como por "compañeros de ruta" del partido comunista argentino que se centraron en la constitución de un frente popular. Esta organización estaba constituida por intelectuales de centro y de izquierda, cuyo objetivo explícito era la defensa de la cultura frente al ataque del fascismo. Fue dirigida en un principio por Aníbal Ponce y desde 1936 por Emilio Troise y contó con la participación de destacadas personalidades políticas como el dirigente radical Arturo Frondizi y el socialista Roberto Giusti16. 
          El Comité contra el Racismo y el Antisemitismo se fundó en septiembre de 1937 y estuvo impulsado -al igual que la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores- por destacados intelectuales comunistas enrolados en la línea de constitución de "frentes" populares para enfrentar al nazismo, conforme las resoluciones del VII Congreso del KOMINTERN de agosto de 1935. A partir de entonces - un año y medio después de que Hitler subiera al poder- los comunistas, que habían concentrado sus ataques contra los socialdemócratas, cambiaron su estrategia y se convirtieron en los defensores más sistemáticos y eficaces de la unidad antifascista 17  
          El Comité contra el Racismo y el Antisemitismo logró concitar la adhesión de buena parte de la intelectualidad y la dirigencia política socialista, demócrata progresista y radical 18. Además, publicó un periódico denominado Contra y contó con el servicio de prensa El Corresponsal Argentino. Su primer congreso tuvo lugar en Buenos Aires, del 6 al 8 de agosto de 1938, y contó con la participación, entre otros, de Alfredo Palacios, Lisandro de la Torre, Arturo Illia, Arturo Frondizi y Salvador Allende19. 
          Tuvo también un papel destacado el Colegio Libre de Estudios Superiores, surgido en 1930 por iniciativa de numerosos intelectuales de renombre, quienes se propusieron brindar una oferta paralela a la de la universidad pública, constituyendo un espacio de oposición liberal y democrática al régimen gobernante. Desde mediados de la década de 1930 fue un centro por excelencia del antifascismo. Su revista, Cursos y Conferencias, fue dirigida desde 1939 por Arturo Frondizi20. 
          El clima de efervescencia antifascista se fue diluyendo en la misma medida que la alianza entre las diversas fuerzas políticas que tenían al fascismo como común enemigo, sobre todo desde la firma del tratado Von Ribbentrop-Molotov entre la Unión Soviética de Stalin y la Alemania de Hitler, y el consiguiente abandono de la política de frentes populares por parte del KOMINTERN. 
          Sin embargo, dos años más tarde volvieron a cambiar las condiciones políticas tanto externas como internas. 
          Luego del retiro de Roberto Ortiz del Poder Ejecutivo nacional por enfermedad y su reemplazo por Ramón Castillo en julio de 1940, el entonces mayoritario bloque de la Unión Cívica Radical cambió su postura frente al neutralismo y exigió un viraje en el mismo sentido de la política del gobierno argentino. 
          También los militantes e intelectuales comunistas transformaron sus posiciones. Durante la vigencia del pacto de no agresión germano-soviético mantuvieron una postura neutralista, justificada en una guerra europea que enfrentaba a dos bandos integrados por potencias igualmente imperialistas. Sin embargo, luego de la invasión del ejército alemán a la Unión Soviética en junio de 1941, no tuvieron grandes problemas en apoyar a la causa aliada para combatir al "nazi-fascismo reaccionario". 
          De este modo, la invasión alemana a la Unión Soviética y la consolidación de Castillo en la presidencia, sumadas a la ya generalizada condena de los principales medios de prensa -recién con la declaración de la guerra y la invasión alemana de París, se generalizaría, en el grueso de la prensa periódica "seria", la adhesión a la causa aliada- 21, dieron lugar a un nuevo escenario que generó las condiciones necesarias para que la política comenzara a ser percibida como una "cruzada" de la democracia frente al nazifascismo. A los grupos de políticos e intelectuales de izquierda constituidos bajo el influjo de los frentes populares europeos se sumaron, a principios de la década de 1940, muchos integrantes de los partidos radical y socialista, configurando una coalición opositora que detrás del objetivo de averiguar posibles conspiraciones nazifascistas expresaría su oposición al gobierno de Castillo 22 
          En este contexto se conformó una nueva serie de organizaciones pro aliadas, entre las que se destacó Acción Argentina, cuya primera proclama del 5 de junio de 1940 instaba a la opinión pública a organizarse para combatir la infiltración nazi en el país. Esta agrupación alcanzó a constituir una movilización de masas un año más tarde, hecho que se evidenció en el multitudinario "Cabildo Abierto" llevado a cabo el 22 de mayo de 1941 en el Consejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires23. La junta central de Acción Argentina publicó la revista Alerta!. 
          Importante fue también el papel jugado por la  revista Argentina Libre, cercana a los miembros deAcción Argentina. Clausurada durante la mayor parte de 1944, reapareció al año siguiente bajo el nombre de Antinazi. Desde sus páginas atacó duramente al gobierno militar, apoyó las actividades de Acción Argentina y participó en la campaña de la Unión democrática24. 
          En el seno de estas agrupaciones descriptas más arriba colaboraron diversos exiliados italianos antifascistas y alemanes antinazis que les aportaron a aquellas la experiencia de quienes habían enfrentado directamente a la "bestia nazifascistas", en tanto estos últimos tuvieron la posibilidad de "amplificar" sus actividades en el exilio.

IV

          Se ha señalado que el cambio de las tendencias políticas del KOMINTERN posibilitó la constitución, desde 1935, de diversos organismos unitarios producto de la alianza entre comunistas y socialistas, a los que se sumaron luego republicanos y antifascistas no afiliados a partido alguno. 

          Durante esta etapa surgieron una serie de asociaciones y comités de ayuda como las secciones delPatronato italiano de ayuda a las víctimas antifascistas y el Patronato alemán de ayuda a las víctimas del fascismo hitlerista que se definieron como parte del comité internacional del mismo nombre que, con sede en la ciudad de París, fue liderado por Willi Münzenberg. 

          El Patronato alemán de ayuda a las víctimas del fascismo hitlerista (Deutsches Patronat für die Opfer des Hitlerfaschismus) fue establecido 12 de octubre de 1935.  Según sus estatutos fue suprapartidario y se dedicó a la ayuda material y moral a las víctimas del nazismo así como al esclarecimiento político sobre lo sucedido en Alemania. Esta organización, de existencia efímera, constituyó la primera organización alemana antinazi conformada en la Argentina, ya que fue en este ambiente de enorme polarización política, en el cual los exiliados alemanes antinazis recién llegados se pusieron en contacto con el mundo germano parlante de Buenos Aires y comenzaron a desarrollar su actividad política. 
          Los estudios sobre la comunidad alemana de la Argentina en las décadas de 1930 y 1940 coinciden en que la mayor parte de ella apoyaba al Tercer Reich, o al menos no se le oponía, y señalan que una vez en el poder en Alemania, el nacionalsocialismo, a través de la embajada, comenzó un proceso de "Gleichschaltung" (uniformación o alineación) de todas las organizaciones culturales, sociales, deportivas y religiosas de la colectividad25. Sin embargo, este proceso de "alineación" al nacionalsocialismo no abarcó a la totalidad de la colectividad alemana de nuestro país, pues parte de aquella quedó al margen de ese intento, y algunos de sus miembros le hicieron una explícita oposición. 
          La movilización generada por la guerra civil española provocó también la fundación de gran cantidad de organizaciones a través de las cuales no sólo participaron activamente exiliados italianos y alemanes, sino que también muchos de ellos se enrolaron como voluntarios en las Brigadas Internacionales, formando parte de un vasto segmento comprendido entre los liberales y el sector más extremo de la izquierda que tomó a la lucha española como propia 26 . 
          Una vez finalizada la guerra en España se constituyeron diversos comités para repatriar a los combatientes italianos y alemanes que habían partido del país y ahora se encontraban en campos de concentración. 
          Del mismo modo, la guerra de Etiopía favoreció la unidad, al crearse -aunque sin contar con la presencia de comunistas- un Comité de Italianos en el exterior contra la guerra de Abisinia para difundir iniciativas contra la aventura colonial africana. Aquí puede observarse que los exilados alemanes e italianos no sólo organizaron actividades en conjunto en el seno del antifascismo porteño sino que también, en algunos casos, las diversas agrupaciones estaban integradas por las mismas personas. Así, Oda Olberg, viuda del socialista Giovani Lerda, que formaba parte de la comisión directiva de este comité fue uno de los miembros fundadores de la principal organización de exiliados alemanes de la Argentina. 
           Das Andere Deutschland (DAD) fue establecida en Buenos Aires a mediados de 1937 por un grupo de exiliados políticos alemanes y austríacos opositores al régimen nacionalsocialista que pertenecían a una amplia constelación de fuerzas de izquierda, y por germano parlantes establecidos en la Argentina de distintas extracciones políticas, sociales y religiosas. 
          El grupo comenzó a tomar notoriedad dentro del ámbito germano parlante a partir de su aparición en la prensa periódica, a través de la cual realizó una importante tarea de difusión de sus posturas políticas. Desde 1937 tuvo una columna semanal en el Argentinisches Tageblatt y un año más tarde, en 1938, comenzó a editar  su propia revista -con el mismo nombre que la agrupación- en la imprenta de la familia Alemann. Desde 1941 algunos miembros de DAD editaron también un folleto llamado Heute und Morgen(Hoy y Mañana)destinado a los jóvenes inmigrantes y entre 1940 y 1942 publicaron un boletín en castellano llamado Informaciones para la prensa sudamericana. 
          Desde los comienzos sus miembros organizaron y dirigieron una amplia red de actividades, entre las que se destacaba la ayuda económica y laboral destinada tanto a los refugiados de la Alemania nazi como a los alemanes residentes en nuestro país que fueron apartados de las diferentes asociaciones de la comunidad alemana alineadas tras el Tercer Reich. 
          La agrupación se destacó también por ejercer una intensa difusión de las atrocidades cometidas por el nazismo en Europa y de las acciones de diversas agrupaciones nazis en la Argentina.

V

          El abandono de los comunistas de la política de frentes populares, a consecuencia del pacto ruso-alemán, provocó serios enfrentamientos dentro del ámbito antifascista. 

          DAD, que en un principio agrupaba a socialistas de diversos signos, comunistas, y republicanos, sufrió, luego del pacto Molotov-Ribbentrop, serios conflictos a raíz de los cuales un grupo de comunistas se escindió y fundó, en octubre de 1941, el periódico Volksblatt. 

          Entre los exiliados italianos, las posiciones más intransigentes y antisoviéticas se vieron reflejadas en las páginas de un nuevo periódico, Italia Libre, que dirigido por Nicolás Cilla, tuvo su aparición el 21 de agosto de 194027. 
          Con motivo de su fundación, el presidente de DAD, August Siemsen, saludó a los "estimados amigos y compañeros de lucha" de Italia Libre y señaló que ambas asociaciones combatían contra la opresión de sus respectivos países. Indicó que mediante "la mentira, el engaño y la violencia se ha llegado a la dictadura de los mismos grupos sociales tanto en Alemania como en Italia" en tanto que "nuestros amigos, como los suyos, son encarcelados, expulsados y asesinados". También los aunaba, en la concepción de Siemsen, el sentimiento de pena por la destrucción de "la cultura y los ideales de nuestros pueblos" y la vergüenza provocada por la manera en que "las dictaduras que tiranizan a nuestros pueblos han arrojado a Europa y al mundo a la guerra" manchando los nombres de Italia y Alemania. Siemsen destacó además la común lucha contra "las criminales ideologías fascista y nacionalsocialista" llevada a cabo por ambas agrupaciones en el territorio argentino -al cual recalca su lealtad y fidelidad- para esclarecer "los peligros con los que la agresión fascista amenaza también a Sudamérica" y finalizó la salutación con un tono optimista subrayando su "profunda creencia de que  nuestros pueblos se quitarán de encima el dominio de las tiranías y se purificarán del oprobio fascista" 28. 
          Sin embargo, las relaciones en un principio cordiales entre los antifascistas italianos y los antinazis alemanes pasarán por distintas etapas que dependerán tanto de la coyuntura local como de la internacional. 
          A comienzos de la década de 1940 proliferaron diversos trabajos que indagaban acerca de la naturaleza de la relación establecida entre el nazismo y el "carácter alemán". Una tesis muy extendida señalaba que, lejos de constituir una trágica excepción, el nacionalsocialismo estaba intrínsecamente ligado a la historia alemana y constituía su resultado fatal. Esta interpretación, presente ya en la obra de Erich Kahler, alcanzó una enorme difusión con Emil Ludwig, quien no cesaría de denunciar desde su exilio californiano al "carácter alemán" en una serie de conferencias y ensayos29. 
          Esta consideración de la responsabilidad colectiva de los alemanes, que daría por tierra con la existencia de "otra Alemania", alcanzó una enorme difusión también en el ámbito local. 
          Alberto Guerchunoff -que integraba la asociación Acción Argentina, así como el Comité Contra el Racismo y el Antisemitismo-  manifestaba no sólo su desconfianza ante la capacidad de acción de "otra Alemania" para apartar a los alemanes del nazismo después de la caída del régimen, sino también ante la existencia misma de aquélla. Basaba su claro escepticismo en las expresiones de sir Robert Vansittart, para quien no existía más que una Alemania "uniforme en sus pensamientos y acciones". Así, para Guerchunoff solamente "el dolor que da esclavitud, el dolor que acompaña la evidencia del desastre, de la muerte, del padecimiento físico" constituirá "el único remedio para hacer hombres de los alemanes" 30. 
          Las concepciones que remarcaban la estrecha relación entre el nazismo y el carácter alemán encontraron su forma más caricaturesca en los periodistas norteamericanos fuertemente germanófobos como W. Shirer y sobre todo en Lord Vansittart. Este último -que fue subsecretario de Estado en el Ministerio del Exterior británico entre 1930 y 1937- publicó, bajo el título Black Record, una serie de discursos radiofónicos en los cuales se explayaba violentamente sobre el "carácter nacional alemán", que desde Carlomagno no habría producido más que guerras. 
           La popularización de las tesis "vansitarttistas" se extendió hacia finales de 1942 y principios de 1943, cuando la batalla de Stalingrado estaba volcando la suerte de una contienda bélica sobre la cuál, a partir de entonces, la única incógnita era saber cuándo terminaría. 
          Con el mismo tono -y a partir de un informe del gobierno británico referido a los abominables crímenes cometidos por los nazis en el este europeo- Sigfrido Ciccoti señalaba la desaparición de aquella "otra Alemania", que se encontraría ahora "completamente al servicio de la primera", e indicaba que el pueblo alemán muestra el "monstruoso aborto" que genera "la unidad del espíritu cavernario y bestial con la potencia de la técnica moderna" 31. 
          Ante esta aseveración del integrante de Italia Libre, el presidente de DAD manifestó el "deber de prevenir de las peligrosas generalizaciones", producidas por la atribución al conjunto de los alemanes de las características que, a su juicio, serían exclusivas sólo de una parte de ellos, e insistió en destacar la existencia de "una Otra Alemania". Para ello, remarcó que Hitler no accedió al poder por la voluntad del pueblo alemán, sino por "las sucias intrigas de los 'Junkers' y los grandes capitanes de la industria". Agregaba Siemsen que pese a las graves restricciones a la libertad existentes en Alemania, las constantes y crecientes "noticias referentes a oposiciones, sabotaje y fusilamiento de luchadores ilegales", portarían un mérito doble pues señalaba que, desde sus inicios, la oposición no había recibido ningún apoyo externo; sino que, por el contrario, "la política inglesa y la de Francia hacía imposible cada nueva esperanza, ya que proporcionó a Hitler vía libre"32. 
          También repercutieron en las páginas de la revista DAD las expresiones de Mario Mariani, quien había comparado desfavorablemente la posición de la otra Alemania con la de los antifascistas italianos al afirmar que "doce millones de alemanes votaron libremente por Hitler sabiendo que significaba la guerra de revancha". Además, señalabaMariani que, frente el posible escenario en el que "los aliados podrían imponer a una Alemania derrotada condiciones demasiado graves", la exigencia de los exiliados alemanes de que su patria obtenga "derechos perfectamente iguales a los demás pueblos" representaría "una forma de patriotismo que se acerca al totalitarismo" 33. 
          Luego de enfatizar que "no somos patriotas alemanes, sino buenos europeos", los integrantes deDAD expresaron que "lo que en verdad no queremos es una colonización y un dominio extranjero de Alemania, Italia o de otras partes de Europa por intermedio del capitalismo anglosajón". Al tiempo que impugnaban "la capacidad educadora de un ejército de ocupación", consideraban que "el pueblo alemán debía librarse a sí mismo", y, diferenciándose claramente de las concepciones de Italia Libre, abogaban por "la formación de los Estados Unidos de Europa sobre una base socialista" 34. 
          En esta disputa ítalo germana vino a terciar otro exiliado antifascista, José Venegas, director de la agrupación España Republicana, quien llamó a "combatir la injusticia" frente a los "muchos que consideran víctima del fascismo al pueblo italiano, pero en cambio cómplice del nazismo al pueblo alemán". Señaló además Venegas que los republicanos españoles "no olvidan a los demócratas alemanes", pues cuando "fuimos atacados por los nazis y fascistas, tuvimos en nuestras filas voluntarios italianos y voluntarios alemanes que combatieron en las Brigadas Internacionales35.

VI

          En el telón de fondo de este intercambio poco amable protagonizado por integrantes de dos organizaciones extranjeras pertenecientes al ámbito antifascista radicado en la Argentina se observan argumentos de orden político-ideológico entremezclados con posiciones de índole patriótico-nacionalista. 

          A continuación de la opiniones de Ciccoti y de Mariani, la revista de los exiliados alemanes publicó un breve comentario favorable aparecido en el periódico L'Italia del Popolo36hacia DAD, que dejaba traslucir no sólo cierta afinidad entre estos últimos, sino también una fuerte interna dentro del exilio italiano37. 

          Mientras el comité Italia libera adoptó una clara posición en favor de los gobiernos de Francia e Inglaterra, el grupo reunido en torno a L´Italia del Popolo, que expresaba en aquel momento las posiciones de "izquierda" del antifascismo democrático, remarcó su disenso hacia las posiciones de las potencias aliadas con argumentos semejantes a los utilizados por DAD, al señalar que
          "Si se quisiera examinar bien el origen de la guerra, deberíamos necesariamente remontarnos hasta Abisinia para comprobar que si la agresión hubiera sido detenida a tiempo, si la Francia de Laval y la Inglaterra de Chamberlain hubieran obrado seriamente en lugar de montar la comedia de las sanciones, la situación hoy podría ser diversa. No hablemos después de la España republicana... los Daladier y los Blum dejaron morir la gloriosa república y permanecieron indiferentes ante la masacre de un millón de trabajadores españoles"38.

          La coincidencia entre L'Italia del Popolo y DAD en la claves interpretativas del origen de la guerra indica que no sólo el espanto unía a ambas publicaciones. 

          La tensión dentro del antifascismo italiano se había agravado con el marcado perfil anticomunista mostrado por la asociación Italia Libera, que constituía el eslabón argentino de una red internacional de exiliados liberales - anti anticomunistas y anti Mussolini- en estrecho contacto con fuorusticiti de los Estados Unidos". Sus promotores en la Argentina incluían a Nicolás Cilla, Guido Tempesti, Sigfrido Ciccoti y Mario Mariani, en tanto que jugaba un importante papel financiero y diplomático el industrial Torcuato Di Tella39. Esta tirantez alcanzó su punto culminante en la "Conferencia Panamericana" de Italia Libre, realizada en Montevideo del 14 al 17 de agosto de 1942, después de la cuál se suscitó dentro del movimiento un grave conflicto que finalizaría con la división del mismo40. 

          Así, en noviembre de 1942, dos posiciones claramente contrapuestas se enfrentaron en las elecciones para la renovación del organismo directivo: la primera intentaba modificar sus estatutos y preveía la inscripción de socios comunistas, en tanto que la segunda opción reafirmaba el carácter "antiautoritario" de la asociación, por lo que cerraba las puertas a la incorporación de los comunistas. El conflicto finalizó resolviéndose con la expulsión de los adherentes a la primera opción y la elección de Mario Mariani como presidente de Italia Libera. 
          En este contexto de máxima tensión tuvo lugar la relatada disputa entre aquella agrupación y DAD, precisamente cuando esta última estaba organizando también un congreso en Montevideo conjuntamente con los exiliados comunistas alemanes con la esperanza de unificar al exilio alemán sudamericano. Finalmente, y al igual que en el caso de los italianos, el Congreso montevideano que tuvo lugar entre el 29 y el 31 de enero de 1943, fue la última colaboración conjunta en la larga relación conflictiva entre ambos sectores del antifascismo teutón. Mientras los comunistas, después de la agresión nazi a la Unión Soviética, querían formar un frente unitario que incluyera a amplios sectores, DAD pretendía un frente exclusivamente de izquierda. 
          Sin embargo, como se ha dicho, los motivos que condujeron a las tensas relaciones entre Italia Libera y DAD no fueron exclusivamente de orden político ideológico. 
          En las respectivas interpretaciones de los representantes de ambos grupos sobre la posición adoptada frente a los regímenes dictatoriales por los pueblos alemán e italiano, se percibe ya la presencia de argumentos que jugarán un papel central en la posterior legitimación de sus respectivos estados, pues si bien las "resistencias" europeas tuvieron una importancia militar mínima, constituyeron un factor esencial para fundar la legitimidad de los regímenes surgidos en la posguerra. Claramente, su relevancia política y moral permitió a los italianos, cuyo país finalizó en el bando de los vencedores, superar la etapa mussoliniana de una forma distinta a los alemanes que hasta el final no pudieron distanciarse del nazismo.
          También en Alemania la presencia de una gran cantidad de bibliografía sobre la oposición al nacionalsocialismo -tanto dentro del Tercer Reich como entre los exiliados políticos alemanes-, con una marcada propensión a la mitificación y heroicización de los integrantes de las diversas agrupaciones, jugó un papel político sumamente importante, pues la resistencia al nacionalsocialismo constituyó un factor esencial para fundar la legitimidad de los dos estados alemanes surgidos después de la Segunda Guerra Mundial. 
          Eric Hobsbawm ha caracterizado a aquél enfrentamiento bélico como una contienda "civil ideológica a nivel internacional" e indicó que no hubo nunca un período en el que contara menos el patriotismo, en el sentido de lealtad automática al gobierno nacional 41. 
          No obstante, se advierte una fuerte presencia de un discurso nacionalista en todas las resistencias europeas a la invasión nazi que, en la mayoría de los casos, aparece combinado con argumentos que ensalzan la libertad y la lucha contra la opresión para defender a la patria. En este sentido, debe destacarse que, durante la inmediata posguerra, las figuras de De Gaulle y Churchill no constituyeron un patrimonio exclusivo de las derechas francesa e inglesa. 
         El caso de los alemanes antinazis es sensiblemente distinto, pues no serían nacionalistas si por ello se entiende exclusivamente un acatamiento incondicional al estado independientemente de quien lo gobierna. No sin cierta lógica los integrantes de DAD fueron considerados por muchos alemanes como "traidores a la patria", pues no sólo habían desertado del frente de batalla, sino que de diferentes maneras habían propiciado la caída de su país42. 
          Sin embargo, la coyuntura política provocó una transformación en muchos militantes de la izquierda alemana que antes no levantaban el estandarte nacional como primera opción. Sin duda, en esta evolución jugó un papel muy importante una estrategia doble destinada  tanto a ganar adeptos entre los alemanes de la Argentina y no ser considerados "traidores a la patria", como a recalcar a los ojos de los extranjeros que no todos los alemanes eran nazis. 
          Así, la activa militancia antinazi no constituyó la única característica de la agrupación DAD, pues sus integrantes se arrogaron, al igual que los nacionalsocialistas,la representación de la "verdadera" Alemania, en una auténtica lucha por la apropiación de la identidad alemana. 
           Tampoco los antifascistas italianos resultaron inmunes al nacionalismo.  Cuando el 10 de junio de 1940 Italia declaró la guerra a Francia e Inglaterra, el grupo reunido alrededor de L'Italia del Popolo estuvo influenciado por un espíritu patriótico que penetraba al conjunto de los antifascistas italianos. Así, desde las páginas del periódico se indicaba que:

          "L'Italia del Popolo... no arría su bandera de libertad y democracia. Pero no olvida tampoco que son los hermanos nuestros los que van a morir... nosotros sentimos hoy que estamos junto al pueblo italiano, a todo el pueblo italiano"43.
          Del mismo modo, el primer manifiesto de Italia Libera, del 31 de mayo de 1940, contenía un claro corte nacionalista al expresar que la guerra fue posible porque "Hitler después de haberse asegurado la complicidad de Mussolini, recibió al final el aliciente de Stalin", mientras que el pueblo italiano nunca había aprobado el eje Roma-Berlín, al que caracterizaba de "pacto monstruoso que lo ata a su enemigo tradicional"44.
VII

          El 15 de mayo de 1945, DAD editó un número especial de su revista dedicado a la capitulación alemana. En él expresaron su opinión diversos representantes del antifascismo local. Esta vez José Venegas se refería a los relatos de los espantosos crímenes nazis que ocupaban un "amplio espacio en todos los periódicos" y estimulaban la unánime condena de la opinión pública mundial, absorta al "comprobar hasta donde llegó la atroz crueldad del nazismo". Si bien apoyaba la amplia difusión del horror provocado por el "movimiento regresivo que en Alemania encabezó Adolfo Hitler", llamaba con mayor ahínco a "recordar que esos campos de concentración se instalaron en 1933, y quienes primero entraron en ellos fueron alemanes". Esta apelación a la memoria es considerada por Venegas de vital importancia para no olvidar que entre "quienes se horrorizan ahora hay muchos que no ignoraban la existencia de esos lugares de tortura y exterminio", pero sin embargo "recibían o visitaban a los dirigentes nazis, y les concedían no el trato correspondiente a los asesinos, sino el que se otorga a las personas dignas de la mayor consideración"45. 

          También Sigfrido Ciccoti consideraba que "el sadismo científica y sistemáticamente utilizado en los campos de concentración no podía imputarse a la totalidad de la nación alemana". Sostenía, sin embargo, una posición bastante distante de la del republicano español, ya que para él, la manera en que acompañó al régimen, luchando hasta el final, indicaría "que el pueblo alemán en su  inmensa mayoría ha sido cómplice del nazismo y tiene un considerable grado de responsabilidad por los crímenes del mismo". 

          En un gesto desde luego compartido por los miembros de DAD, Ciccoti rechazaba una ocupación militar aliada para garantizar la educación democrática del pueblo alemán, pues lo único que ésta aseguraría sería la imposibilidad "de que surja en Alemania una democracia capaz de sobrevivir por sus propios medios", por lo cual llamaba a los aliados a que dejen "que los alemanes procedan por su propia cuenta a la limpieza de los nazis". Ciccotti ironizaba sobre la idea de que "un cuerpo de profesores norteamericanos -o a lo mejor rusos- pueda enseñar las normas democráticas al pueblo alemán" considerándola absurda y ridícula y sostenía una postura semejante a la de Guerchunoff al indicar que "los alemanes aprenderán o no la democracia, se volverán pacíficos o seguirán siendo militaristas, de acuerdo a las lecciones que aprendan de la vida, de la experiencia y de sus propios sufrimientos"46. 
          Las últimas expresiones vertidas por destacados dirigentes del ámbito antifascista argentino aparecidas en la revista de DAD fueron publicadas el 1 de agosto de 1947, con motivo del décimo aniversario de esta asociación. En ellas puede observarse no sólo la opinión acerca del desempeño deDAD, sino, y fundamentalmente, qué significaba el antifascismo (o el fascismo), en el clima de la inmediata posguerra, para cada uno de los miembros de ese enorme conglomerado que apoyó la causa aliada en los términos de defensa de la libertad y la democracia. En este sentido, las apreciaciones referidas a DADconstituyen el telón de fondo detrás del cual se advierte la percepción de la realidad de sus respectivos países durante el período de posguerra. 
          Así, ante una Alemania en ruinas y una agrupación de exiliados alemanes que poco a poco iba llegando a un destino semejante al de su patria47 , desde "Italia Libre" se homenajeaba a una organización que "porta en su mismo nombre una gran verdad": que "existe como siempre ha existido una 'Otra Alemania'", democrática y progresista, "respetuosa de los derechos ajenos y compenetrada de la necesidad de una amistosa colaboración entre europeos", sin la cual "no podrá haber una Europa libre y confederada"48. 
          También José Venegas manifestaba su gratitud para con DAD en tanto "español y demócrata", señalando que había deseado muy vivamente que las tareas de DAD se "extendiesen y ensancharan, hasta alcanzar una sólida y dominante influencia en el pueblo alemán", aunque concluía: "temo mucho que no sea así". No fundaba su temor en la creencia de que "los germanos sean más proclives que otros pueblos a los regímenes militaristas, despóticos y agresivos", pues consideraba que las causas que habían hecho agresores a los alemanes "no están en la raíz de su carácter, sino en la organización social, política y económica que los encuadra". Para Venegas, si bien "el pueblo alemán ha sido víctima del nazismo, y lo sigue siendo", este régimen "se cosechaba también en los demás pueblos y se sigue cosechando", pues la victoria sobre los nazis germanos no habría hecho más que robustecer a las fuerzas nazis de los demás países, "porque el espíritu del vencido es la herencia que reciben los vencedores"; en tanto que "para vencerle hubo que recurrir, entre quienes lo combatían, a los que mejor se identificaban con él". Sin embargo, para el republicano español "no importa la falta de confianza en el éxito de la tarea que se cumple, para seguir cumpliéndola", por lo que elogiaba a sus "amigos" de DAD por permanecer aún "en pie, luchando en la trinchera que abrieron hace diez años", y aunque sospechaba que durante mucho tiempo "siga siendo sombría la línea del horizonte", alguna vez nacerán en ella "las claridades de la luz"49. 
          Sin lugar a dudas las expresiones de Venegas reflejan la amarga decepción de un antifascista que había observado cómo su odiado adversario había salido airoso de una contienda mundial que había arrasado, desde su perspectiva, con el resto de sus "cómplices" y, al mismo tiempo, la postura de quién podía solidarizarse claramente con aquellos que defendieron su posición de patriotas desde el exilio cuestionando la legitimidad de quienes detentaban el poder en su patria de origen. 
           También expresó su opinión Alicia Moreau de Justo, quien formulaba, "una vez lograda la victoria", la necesidad de seguir luchando por la libertad y la democracia, dado que "los millones de hombres que murieron en los campos de batalla, las mujeres y los niños sepultados bajo los escombros, los esclavizados y hambreados" no pudieron encontrar alivio a sus atroces sufrimientos en aquellas ideas abstractas, "invocadas sin cesar por los que conducían los pueblos" durante la segunda guerra mundial. Así, 'La Otra Alemania', "que nació a impulsos de un denodado esfuerzo contra le nazifascismo", tiene ante sí todavía un amplio campo de acción pues, indicaba la viuda de Juan B. Justo, "el nazifascismo no ha muerto. Esta es la tremenda sensación que agita al mundo entero: la lucha no ha terminado"50. 
          Se ha señalado que la postura frente al neutralismo adoptada por adoptada por los socialistas y los radicales en la Cámara de Diputados no descansaba tanto en convicciones ideológicas, sino, principalmente en razones de táctica de política interna como un arma de lucha discursiva contra el gobierno nacional51 . 
          Alberto Ciria ya había señalado que a partir de la Guerra Civil Española y, sobre todo, la Segunda Guerra Mundial, la política nacional habría comenzado a "internacionalizarse", pues la ubicación con respecto a un problema se habría efectuado teniendo presente el campo más extenso de la escena extranjera, tomándose partido en los debates y discusiones locales según la militancia aliada o nazi de la hora52. 
          Sin embargo, la influencia de los acontecimientos europeos sobre la vida argentina no puede reducirse simplemente a la utilización de la política exterior como un argumento instrumental para dirimir los conflictos internos, pues, fundamentalmente, aquellos prestaron un vocabulario y una ideología que se traduciría en prácticas que importaron una concepción guerrera de la política que transformaba al adversario en un enemigo irreconciliable. 
          En este sentido, al realizar un estudio de algunas ideas y discusiones ideológicas desarrolladas en la Argentina entre 1930 y 1945, Halperin Donghi analizó cómo paulatinamente y de una forma cada vez más sistemática, se aplicaron a los acontecimientos locales, palabras y argumentos tomados de un escenario mundial conflictivo y cómo aquella "tormenta del mundo" se insertó en una crisis argentina que la precedía e iba a sobrevivirle53. 
          Detrás de las alarmadas consideraciones de Moreau de Justo puede percibe su concepción sobre una realidad argentina protagonizada por quien ya se había perfilado claramente como el líder de un movimiento iniciado en junio de 1943 que, según la expresión de su compañero de militancia Enrique Dickmann, tuvo su origen en un proceso caracterizado por como "un verdadero cuartelazo de entraña nazifascista"54. 
          Esta concepción de la política en clave guerrera fue agravando una polarización previa, y ayudó a conformar un escenario representado por enemigos irreconciliables que terminaría delineando la base del surgimiento del peronismo, y del antiperonismo que se conformaría simultáneamente55.


Notas
 La investigación aquí reflejada forma parte de mi trabajo de doctorado, en el que me propongo estudiar la composición, funcionamiento y actividades de la organización Das Andere Deutschland, así como trazar un panorama sobre la forma en que la coyuntura y las prácticas políticas argentinas influyeron en la autopercepción de los integrantes de aquella y sobre las distintas maneras en que sus miembros se relacionaron con la vida nacional.
 Sobre las diversas organizaciones políticas, culturales, y caritativas que se organizaron en París alrededor del "antifascismo", véanse: François Furet El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo XX, (México: FCE, 1995); Enzo Colloti, L'Antifascismo in Italia e in Europa 1922-1939, (Turín: Loescher, 1975); y Jacques Droz  Histoire de l'antifascisme en Europe, 1923-1939, (París: La Découverte, 1985).
 Véase Bruno Groppo, "La formation des cadres politiques italiens dans l'exil en France pendant le fascisme", Colloque international Emigration politique en France et en Argentine XIXe - XXe siécle, París, Institut Culturel Italien et Université de Paris I, 24-25 de marzo de 2000.
 Ver Pietro Rinaldo Fanesi, El exilio antifascista en la Argentina, (Buenos Aires: CEAL, 1994); y María Luján Leiva, "Il movimento antifascista italiano in Argentina (1922-1945)", AA.VV. Gli italiani fuori d´Italia. Gli Emigranti italiani nei movimienti operai dei paesi d'adozione 1880-1940, (Milán: Franco Angeli Editore, 1983), 553-582.
 Véase Pietro Rinaldo Fanesi, "El antifascismo italiano en la Argentina (1922-1945)", Estudios Migratorios Latinoamericanos, No. 12, Año 4, (Agosto de 1989): 319-351; y Ronald Newton "¿Patria? ¿Cuál patria? Italo argentinos y germano argentinos en la era de la renovación nacional fascista, 1922-1945", Estudios Migratorios Latinoamericanos, No. 22, (diciembre de 1992): 401-423.
 Véase Fanesi,  "El antifascismo italiano en la Argentina (1922-1945)".
 Véase Fanesi El exilio antifascista en la Argentina, 43-44.
 Véase María Luján Leiva "Il movimento antifascista italiano in Argentina (1922-1945)".
 Sobre el clima político imperante en los últimos tiempos de la república de Weimar, véase Jeffrey Herf  El modernismo reaccionario. Tecnología, cultura y política en Weimar y el Tercer Reich, (Buenos Aires: FCE, 1993); José Ramón Diez EspinosaSociedad y cultura en la república de Weimar. El fracaso de una ilusión, (Valladolid: Universidad de Valladolid, 1996); y Hagen Schultze Weimar. Deutschland 1917-1933, (Berlín : Siedler, 1998).
10  Sobre los primeros campos de concentración, véase Robert Gellately  No sólo Hitler. La Alemania nazi entre la coacción y el consenso, (Barcelona: Crítica, 2002).
11  Sobre la "Noche de los cristales", véase Wolfgang Benz "Applaus, Beteiligung, Missbilligung. Zum Verhalten des Publikums in der Reichkristallnacht", Zeitschrift für Geschichtswissenschaft, No. 46, (1998): 963-970.
12  Véase Alexander Stephan, "Anlässe, Rahmenbedigungen und lebensweltliche Aspekte. Die intellektuelle, literarische und künstlerische Emigration", en Claus Dieter Krohn (comp.) Handbuch der deutschsprachige Emigration 1933-1945, (Darmstadt: Primus, 1998), 30-46. La emigración hacia Gran Bretaña adquirió importancia afines de los treinta. Véase J. M. Ritche German Exiles. British Perspectives, (Nueva York, Peter Lang, 1997).
13  Sobre la enorme cantidad de asociaciones y comités fundados por los exiliados alemanes y sus relaciones con el ámbito antifascista francés, véase Jean Michel Palmier Weimar en exil. Exil en Europe. Exil en Amérique, (París: Payot, 1990).
14  Véase Eric Hosbawm The Age of extremes. A History of the World, 1914-1991, (Nueva York, Pantheon Books, 1994).
15  Véase Gilbert Badia Les Barbelés de l'exil, (Grenoble: Presse universitaires de Grenoble,1979).
16  Véase Sylvia Saítta "Entre la cultura y la política", en Alejandro Cattaruzza (dir.) Crisis económica, avance del Estado e incertidumbre política (1930-1943). Nueva Historia de la Argentina, Tomo VII, (Buenos Aires: Sudamericana, 2001), 383-426.
17  Según Hobsbawm, se superó así el principal obstáculo para la unidad de la izquierda, aunque no su desconfianza. Véase Eric Hobsbawm The Age of extremes. A History of the World, 1914-1991.
18  Leonardo Senkman ha distinguido tres épocas bien definidas en la evolución ideológica del Comité, en las que recalcó su relación con la línea del Partido Comunista y el curso de la política de la Unión Soviética frente al Eje. Señaló también que estos cambios en la línea política internacional del Comité Contra el Racismo y el Antisemitismo fueron interpretados como un claro seguimiento de la política oficial de Moscú, y le restaron credibilidad entre los demócratas y liberales, tanto de los partidos políticos como de la comunidad judía organizada. Véase Leonardo Senkman, Argentina, la segunda guerra mundial y los refugiados, (Buenos Aires: GEL, 1991).
19  Además, la heterogeneidad de los participantes de este comité se refleja en los firmantes de la primera declaración: Lisandro de la Torre, Julio Noble, Eduardo Laurencena, Mario Bravo, Américo Ghioldi, Cárlos Sánchez Viamonte, Ricardo Balbín, Emilio Troise, Joaquín Coca, Ernesto Laclau, Sergio Bagú, Deodoro Roca, Álvaro Yunque, César Tiempo, Luis Reissig, Jorge Luis Borges y Alfred Dang. Véase Comité contra el racismo y el antisemitismo de la Argentina. Dos años de labor: agosto 1937-julio 1939, (Buenos Aires, 1939).
20  Véase Ricardo Pasolini, "Exil italien et antifascismes en Argentine dans les années 30: la place des intellectuels, en Fernando Devoto y Pilar González Bernaldo (coord.) Émigration politique: une perspective comparative. Italiens et Espagnols en Argentine et en France (XIXe. - XXe. Siécles), (París: L'Harmattan, 1994).
21  Véase María Inés Tato y Romero, Luis Alberto "La prensa periódica argentina y el régimen nazi" en Ignacio Klich (comp.),Sobre nazis y nazismo en la cultura argentina, (Gaithersburg, MD: Hyspamérica, 2002), 157-175.
22  Véase Luciano de Privitellio, "La política bajo el signo de la crisis", en Alejandro Cattaruzza (dir) Crisis económica, avance del Estado e incertidumbre política (1930-1943), Colección Nueva Historia Argentina, (Buenos Aires: Sudamericana, 2001), 97- 142 y Leonardo Senkman "El nacionalismo y el campo liberal argentinos ante el neutralismo: 1939-1943", en Estudios interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, vol 6, No. 1 (enero-junio de 1995).
23  La Junta Ejecutiva Central de Acción Argentina estaba conformada por relevantes figuras del ámbito político. Entre ellas se destacaban: Mario Bravo, Américo Ghioldi, Nicolás Repetto, Federico Pinedo, Julio A. Noble y Emilio Ravignani, Juan José Díaz Arana, Honorio Roigt, Martín Noel, Alejandro Cevallos y Victoria Ocampo. Participaron también del Cabildo abierto de mayo de 1941 desde el líder radical Marcelo T. de Alvear, dirigentes Socialistas y Demócrata Progresistas, y el ex canciller Cantilo.
24  Estuvo dirigida por Octavio González Roura y contó con la colaboración de prestigiosos intelectuales. Las referencias a Acción Argentina y Argentina Libre se basan en los estudios de Hernán Bisso "La recepción de la tradición liberal por parte del antifascismo argentino", en Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, Volumen 12, No. 2, (Julio-Diciembre de 2001); y Leonardo Senkman "El nacionalismo y el campo liberal argentinos ante el neutralismo: 1939-1943.
25  Véase Carlota Jackisch El nazismo y los refugiados alemanes en la Argentina, (Buenos Aires: Editorial de Belgrano, 1989); Ronald Newton  El cuarto lado del triángulo. "La amenaza nazi" en la Argentina, (Buenos Aires: Sudamericana, 1997) y Matthias Schönwald "Nationalsozialismus im Aufwind? Das politische Leben der deutschen Gemeinschaft Argentiniens in den frühen zwanziger Jahren des 20. Jahrhunderts" en Holger Meding (comp.) Nationalsozialismus und Argentinien, (Frankfurt: Lang, 1995).
26  Alrededor de 40000 jóvenes extranjeros procedentes de más de cincuenta países fueron a luchar a un país que no conocían. Entre ellos habían aproximadamente 10.000 franceses, 5.000 alemanes y austriacos, 5.000 polacos, y ucranianos, 3.500 italianos, 2.800 estadounidenses, 2.000 británicos, 1.500 yugoslavos, 1.500 checos, 1.000 húngaros, 1.000 escandinavos y un número indeterminado procedente de otros países. Véase Eric Hobsbawm, Historia del Siglo XX, 164-165.
27  Véase Pietro Rinaldo Fanesi El exilio antifascista en la Argentina, y  María Luján Leiva "Il movimento antifascista italiano in Argentina (1922-1945)".
28  Véase "Das Andere Deutschland  an Italia Libre", en DAD, Año 3, No 30, (Septiembre de 1940): 14.
29  Véase Erich Kahler, Der deutsche Charakter in der Geschichte Europas, (Zurich: Europa-Verlag, 1937); The Germans, (Princeton University Press, 1974); y Emil Ludwig, Historia de Alemania, (Buenos Aires: Anaconda, 1941).
30  Albertro Guerchunoff, en Argentina Libre, No. 80.
31 Sigfrido Cicotti, en Italia Libre, No. 108.
32  August Siemsen "¿Dónde está la otra Alemania? Una respuesta a Sigfrido Ciccoti por el Dr. A. Siemsen," en DAD, Año V, No. 56 (Noviembre de 1942). La nota también apareció en Italia Libre, No. 112.
33  Reproducidas en "La Alemania del porvenir en la Europa de post-guerra", en DAD, Año VI, No. 58, (enero de 1943): 15-16.
34  Véase "La Alemania del porvenir en la Europa de post-guerra", en DAD; Año VI, No. 58, (enero de 1943): 15-16. Para los planes de los aliados ante el futuro de Alemania, véase Joaquín Abellán Nación y nacionalismo en Alemania. La "cuestión alemana" (1815-1990), (Madrid: Tecnos, 1997).
35  Véase "José Venegas, Director de 'España Republicana' Bs. As", en DAD, No. 60, (marzo de 1943): 9.
36  Para un análisis pormenorizado este periódico durante la década de 1920, véase María Victoria Grillo "L'Antifascisme dans la presse italienne en Argentine: le cas du journal L'Italia del Popolo (1922-25)" en Fernando Devoto y Pilar González Bernaldo (coord.) Émigration politique: une perspective comparative. Italiens et Espagnols en Argentine et en France (XIXe. - XXe. Siécles), 147-170.
37  Muy representativa de esta división fue la organización de dos conmemoraciones distintas del asesinato de Matteoti en 1941, así como las dos celebraciones diferentes del 20 de septiembre, llevadas a cabo por Italia Libre y L'Italia del Popolo. Véase Pietro Rinaldo Fanesi El exilio antifascista en la Argentina, 94. 
38  Véase L'Italia del Popolo, 2 de junio de 1940, citado por Fanesi El exilio antifascista en la Argentina, 91.
39  Véase Ronald Newton "¿Patria? ¿Cuál patria? Italo Argentinos y germano argentinos en al era de la renovación nacional fascista, 1922-1945".
40  Aunque tuvo gran repercusión, este congreso, preparado por Nicolás Cilla y que finalizó difundiendo un programa político de ocho puntos  elaborado por Sforza, estuvo muy lejos de representar a la totalidad del antifascismo italiano, debido a la exclusión de los comunistas y la ausencia de los socialistas más representativos. La declaración final del Congreso estuvo confeccionada por una comisión, cuyo representante por la Argentina fue Sigfrido Ciccotti. Véase Fanesi "El antifascismo italiano en la Argentina (1922-1945)", 344-355.
41  Véase Eric Hobsbawm, Historia del Siglo XX.
42  En este sentido podría hacerse una analogía con los émigrés français que esperaban la caída del ejército republicano para retornar a su patria: debe destacarse que,  entre otras cosas,  por eso los revolucionarios los consideraban traidores a la nación. Véase François Furet "La Francia revolucionaria y los estados europeos (1789-1799)" en Louis Bergeron, François Furet y Reinhart Kosellek La época de las revoluciones europeas 1780-1848, Colección Historia Universal Siglo XXI, Volumen 27, (México: Siglo XXI, 1998).
43  L'Italia del Popolo, 11 de junio de 1940. Citado en  Rinaldo Pietro Fanesi  El exilio antifascista en la Argentina, 91. Fanesi señala que tal vez esta toma de posición que no es de condena ni de rechazo a la guerra encuentra su explicación en la tesis que sostenía la posibilidad de utilizar la guerra para derrocar al régimen fascista.
44  Citado por María Luján Leiva "Il movimento antifascista italiano in Argentina (1922-1945), 573-574.
45  José Venegas "Lo que no debemos olvidar", en DAD, No. 94, (15 de Mayo de 1945): 2.
46  Sigfrido Ciccotti "La Ocupación militar y la educación del pueblo alemán", en DAD, No. 94, (15 de Mayo de 1945), 2-3.
47  Esta heterogénea agrupación, cuyo único punto de unión lo constituía la férrea oposición al régimen nacionalsocialista, fue desapareciendo lentamente del ámbito argentino una vez que su enemigo común dejó de existir. El 1 de enero de 1949 cesó la publicación de la revista homónima debido a que el número de lectores, avisadores y colaboradores había descendido vertiginosamente.
48  Véase "Glückwünsche aus Sudamérica". Italia Libre", en DAD, (1 de agosto de 1947): 15.
49  Véase José Venegas "Glückwünsche aus Sudamérica". España Republicana", en DAD, (1 de agosto de 1947): 15.
50  Véase "Glückwünsche aus Sudamérica". Dra.  Alicia Moreau de Justo (Partido Socialista Argentino)" en DAD, (1 de agosto de 1947): 15.
51  Véase Leonardo Senkman El nacionalismo y el campo liberal argentinos ante el neutralismo: 1939- 1943".
52  Véase Alberto Ciria Partidos y Poder en la Argentina moderna, (Buenos Aires: Hyspamerica, 1985).
53  Véase Tulio Halperín Donghi La Argentina y la tormenta del mundo, (Buenos Aires: Siglo XXI editores Argentina, 2003).
54  Véase Enrique Dickmann Recuerdos de un militante socialista, (Buenos Aires: La Vanguardia, 1949) 324.
55  Halperín ha señalado algunas trayectorias de personas y grupos que testimonian las diferencias entre los alineamientos provocados por la Segunda Guerra Mundial y los que caracterizan al surgimiento y posterior desarrollo del peronismo. Para Halperín, la guerra, que había finalizado en 1945 sin dejar duda sobre quién había sido el vencedor, tuvo en la Argentina un ambiguo desenlace con el surgimiento del movimiento que desde entonces dominaría el escenario político nacional. Véase Tulio Halperín Donghi, Argentina y la tormenta del mundo.
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