martes, 17 de enero de 2017

La cima de los Andes no escalo

Norberto Galasso
La falacia que tejió el mitrismo sobre los colores de la enseña con que el Libertador inició el histórico cruce, el 17 de enero de 1817.
Tantas veces cantamos en la escuela que la bandera argentina "la cima de los Andes escaló", que muchos lectores se sorprenderán del título de esta nota.

Sin embargo, es así: la bandera que cruzó los Andes fue la del Ejército de los Andes, que no era exclusivamente argentino sino argentino-chileno o, más bien, el inicio de un ejército hispanoamericano cuyo objetivo era la liberación y la unificación de la Patria Grande.

Pero la historia mitrista cuenta esta falacia: en el banquete por los festejos de la Nochebuena de 1816, que compartía San Martín con sus oficiales y sus respectivas esposas, el General –gran estratego y veterano de 30 batallas en Europa– recordó de repente que su ejército no tenía bandera y faltaba poco para el 17 de enero de 1817, cuando iniciaría el cruce de la gran cadena montañosa que tanto le preocupaba.

¿Olvidadizo el General?

¿Nada planificador el estratego?

Lo cierto es que allí mismo urgió a las señoras presentes, incluida la suya propia, a que le proveyeran una bandera, indispensable como punto de reunión para sus hombres en medio de las batallas por venir.

Ellas, para cumplir el encargo, buscaron tela celeste y blanca pues, el 16 de agosto de 1816, el Congreso de Tucumán había decidido que esos eran los colores de la bandera de las Provincias Unidas, pero buscaron y buscaron y no encontraron en toda Mendoza la tela necesaria.

Entonces, con osadía femenina, en vez de una bandera celeste-blanca-celeste, fabricaron una bandera de dos paños: uno azul oscuro y otro blanco, y ya envalentonadas, tomaron la iniciativa de no colocarlos horizontales sino verticales y, aún más, agregarle un escudo cruzando la que luego se conocería como la bandera del Ejército de los Andes.

Y el General, que suponíamos enérgico y, para la época, duramente "machista", aceptó y la enarboló en el cruce famoso.

Para Billiken y los chicos de jardín puede pasar, y así ocurrió que la canción retomara esta historia aparentemente infantil pero, en lo profundo, porteña y antilatinoamericana.

Porque de allí se concluía en lo que Mitre llamó "la revolución argentina americanizada", que quería independizar países de sur a norte, ajena a la otra campaña, que venía del norte al sur, que era colombiana y quería, con "el ambicioso Bolívar" a la cabeza, dominar toda América.

Esta mentirita de la bandera tiene un fuerte contenido político, inadmisible hoy en la época de Unasur y la CELAC.

La verdad es otra, por supuesto. San Martín construyó su ejército en Cuyo con nativos de esa zona y con chilenos fugados de su país tras la derrota de Rancagua.

El ejército era argentino-chileno, como lo afirman Olazábal y Guido en su correspondencia, y el segundo jefe era el chileno O’Higgins.

El cruce de los Andes se hace en varias columnas, dos de ellas capitaneadas por oficiales chilenos: O’Higgins y el coronel Ramón Freire. San Martín no podía entrar a Chile con bandera argentina, como un invasor, sino con la bandera de un libertador de la Patria Grande.

Hasta Ricardo Levene lo sugirió cuando, en épocas del peronismo, sostuvo que aquél ejército era "de soberanía flotante", y lo corrobora al relatar que San Martín renuncia a su cargo, en Rancagua, y se hace elegir jefe nuevamente por sus oficiales para dar autonomía a su ejército respecto a todo gobierno.

No hubo, pues, tal imprevisión de un veterano de guerra en aquella cena de Nochebuena, sino la expresa indicación de cómo debía ser la bandera, y las mujeres cumplieron con el encargo.

Más aun, la comisión de mujeres la presidía Dolores Prats de Huasi.

Si el lector no sabe de su existencia, pregunte a un camionero de los que circulan por la Autopista del Oeste, que conoce la colectora "Dolores Prats" y, por eso, supone que algo importante debió haber hecho.

Efectivamente, presidía el núcleo de mujeres que hicieron la bandera de los Andes, era chilena y no hubiera aceptado una bandera argentina para liberar a su patria chica, donde –como nos lo enseñó no Mitre sino Violeta Parra– Manuel Rodríguez, con sus guerrillas, ya había insubordinado dos provincias cuando San Martín triunfaba en Chacabuco.

San Martín tampoco va al Perú con bandera argentina.

Dado que la escuadra que transportó al ejército la financió O’Higgins con impuestos a la oligarquía chilena, San Martín dijo, sin darle importancia: vamos con la bandera chilena, manteniendo para la fuerza militar la del ejército de los Andes, para luego incorporar guerrilleros peruanos antiabsolutistas.

Así se convirtió –este misionero a quien la oligarquía chilena pretendía despreciar llamándolo "paraguayo" por su origen guaranítico– en el Protector del Perú.

En esta verdadera historia se encuentra la Patria Grande como objetivo común, y allí empalman Tupac Amaru, O’Higgins y San Martín con Kirchner, Lula y Chávez repudiando el ALCA en 2005 y mandando el proyecto "al carajo", como dijo Chávez, o a las profundidades del océano, como señaló Fidel Castro.

De modo que esa mentirita –inserta "inocentemente" en las mentes infantiles para tapar la verdadera naturaleza de la revolución y crear argentinos europeizados o "azonzados", como decía Jauretche– debe desecharse, porque nos conduciría a votar a políticos como Macri o Massa, desertando del verdadero camino sanmartiniano y bolivariano al cual nos convoca hoy la Historia de la Patria Grande.