lunes, 16 de enero de 2017

Frigorífico Lisandro de la Torre: De Mataderos a la historia

Erica Porris y Julia de Titto
(Marcha)
Enero de 2013

Los aniversarios pueden pasar sin pena ni gloria. Más aún cuando no se trata de fechas “redondas”, ni de grandes hitos que se transformen en feriados en nuestras agendas. Pero los sectores populares, como decía Rodolfo Walsh, debemos construir nuestro propio relato sobre la historia. En la actualidad, mucho se habla, se dice, se opina, sobre la importancia de “lo público”, la des-privatización y el rol del Estado. También muchas páginas se han escrito, muchos discursos se han brindado, en torno al rol de los sindicatos y el movimiento obrero y popular. El cuestionamiento a la dirigencia gremial y el debate sobre los métodos de lucha de los trabajadores, ocupan las primeras planas. He aquí un relato de los hechos que convirtieron a un frigorífico porteño en un ícono, que nos llama a pensar hoy, por un lado, en la forma en que “lo público” es apropiado por los trabajadores y el pueblo. Y por otro, en los lazos sociales que se construyen entre las luchas sectoriales y el conjunto de la sociedad.
El Frigorífico Lisandro de la Torre fue fundado en 1923, bajo la presidencia de Marcelo T. de Alvear y bautizado en homenaje al diputado que se opuso firmemente al tratado Roca – Runciman de principio de siglo. La planta estaba situada en el tradicional barrio de Mataderos, al sudoeste de la Capital Federal y contaba con 9 mil trabajadores que diariamente faenaban un millón y medio de kilogramos de carne vacuna para consumo. Las instalaciones del frigorífico se valuaban en alrededor de 1.000 millones de pesos de la época.
La Argentina entonces
Arturo Frondizi, miembro de la fracción “Intransigente” de la Unión Cívica Radical, asumió la presidencia el 1 de mayo de 1958, tras ganar las elecciones con el apoyo del propio Juan Domingo Perón, por entonces exiliado dada la proscripción al movimiento que lideraba. En sus primeros meses de gobierno mantuvo una frágil alianza con sectores de la dirigencia sindical, la mayoría de ellos peronistas. Estos se beneficiaron con algunas medidas de gobierno como la Ley 14.455 de Asociaciones Profesionales, que aseguraba el reconocimiento de una sola unidad sindical para las negociaciones y abolía la representación de la minoría asignando a la lista ganadora el control de todo el sindicato.
A fines de 1958, comienza a quebrarse esa débil alianza. Afectado por una crisis en la balanza de pagos, el gobierno de Frondizi solicitó un préstamo al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a cambio aceptó aplicar un  “plan de estabilización” anunciado en diciembre de ese año. Algunas de sus medidas implicaron, entre otras cosas que, entre 1958 y 1959, los salarios reales disminuyeran un 20%.  El año 1959 estuvo signado por una creciente conflictividad sindical. Sólo en la Capital Federal se registraron oficialmente la pérdida de 10.078.138 jornadas de trabajo en huelgas en las que participaron 1.400.000 trabajadores, seis veces más que el año anterior.
La huelga, los bifes y los carneros
Siguiendo las recomendaciones del FMI, y en beneficio de los criadores e “invernadores” vacunos, uno de los sectores más poderosos dentro de la oligarquía argentina, el Congreso de la Nación sancionó, el 14 de enero de 1959, una ley sobre la industria frigorífica que, en su primer artículo, determinaba la privatización del frigorífico Lisandro de la Torre.  
La respuesta de los trabajadores de la carne fue unánime e inmediata. Al enterarse de la sanción de la ley que, según analizaban, además de la pérdida de un bien del Estado iba a implicar también miles de despidos, decidieron ocupar las instalaciones del frigorífico en rechazo a la resolución. Al difundirse la noticia por las zonas aledañas, los vecinos y comerciantes de los barrios de Mataderos, Villa Luro, Liniers y Lugano, se solidarizaron con la medida tomada y trabajadores de otras fábricas y de distintas ramas de la industria interrumpieron sus jornadas laborales como forma de protesta y solidaridad. El viernes 16, sobrepasados por las bases que de forma espontánea ya se estaban manifestando, las 62 Organizaciones, una de las centrales sindicales de la época, proclamó una huelga general por 48 horas, que luego se transformaría en un paro por tiempo indeterminado.
Párrafo aparte merece quien fuera secretario general del gremio de la carne en esa época y dirigente de la toma del frigorífico, Sebastián Borro. Fundador de las 62 Organizaciones; se entrevistó con el Che Guevara en La Habana; acompañó a Perón en el avión en el que este retornó al  país en 1973, luego del exilio; se vinculó a la Tendencia Revolucionaria; estuvo preso en más de cinco cárceles; y fue un duro crítico al menemismo. Fallecido en 2005 a los 83 años, es recordado como un ícono de la “resistencia peronista”.
La represión no se hizo esperar. Mientras que el presidente Arturo Frondizi se dirigía a Estados Unidos -convirtiéndose en el primer mandatario argentino en realizar un viaje oficial al país del norte- el jefe de la policía al que el presidente había dejado al mando de la situación, ordenó en la madrugada del 17 de enero de 1959, que 1500 policías, gendarmes y miembros del ejército irrumpieran en la planta. Contaban además con cuatro tanques de guerra de origen estadounidense conocidos como “Sherman”. Uno de ellos estaba comandado por un joven oficial del Ejército, llamado Jorge Esteban Cáceres Monié, quien más tarde fue jefe de Policía de la dictadura militar de Lanusse y, posteriormente, ejecutado por un comando montonero en Entre Ríos, en 1975. También se encontraba participando del operativo represivo el comisario Luis Margaride, luego jefe de policía de Isabel Martínez y López Rega en 1974 y miembro de la Triple A.
Los obreros resistieron dentro del frigorífico, al grito de “patria sí, colonia no”, tirando carros de faenamiento por las escaleras, lanzando roldanas, agua caliente a presión desde las mangueras y hasta intentaron largar a 5.000 reses desbocadas sobre los policías. A pesar de la ardua resistencia, al cabo de cinco horas de asedio, las fuerzas represivas tomaron control de la planta. Sin embargo, la lucha continuó durante cinco días en las calles.
Después de esta feroz represión, las 62 organizaciones llamaron a la huelga general por tiempo indeterminado y se produjeron numerosos allanamientos a sindicatos y detenciones de dirigentes gremiales como Augusto Vandor, de metalúrgicos, Eleuterio Cardozo, de la carne, y José Alonso, del vestido.
Apenas tres días después, el paro por tiempo indeterminado fue levantado por iniciativa de los grandes sindicatos de las 62 Organizaciones, principalmente metalúrgicos y textiles, con la oposición de algunos gremios más pequeños como el del vidrio, la construcción naval y del caucho. El levantamiento de la medida no estuvo condicionado a ninguna conquista ni promesa, ni siquiera a la libertad de los detenidos. Meses después la empresa fue efectivamente privatizada y su licitación adjudicada a la Corporación Argentina de Productores de Carne (C.A.P), empresa manejada por la oligarquía vacuna ligada a los intereses comerciales de los EE.UU. e Inglaterra. Sólo alrededor de 4000 trabajadores, menos de la mitad, conservaron su fuente de empleo.
En cambio, la reacción a la represión de las bases trabajadoras y los sectores populares, fue contundente. Mientras que la cúpula de la dirigencia sindical suspendió la huelga, las barriadas obreras fueron el escenario de una verdadera insurrección. La zona sur del conurbano y los porteños Mataderos, Villa Lugano, el Bajo Flores, Villa Luro y Floresta fueron ocupados por los trabajadores durante cinco días consecutivos, tomando el control de la circulación vehicular, cortando el alumbrado público de la zona y levantando barricadas con adoquines y árboles. En algunas localidades como Avellaneda y Rosario, la movilización y la huelga se extendieron incluso varios días más.
Todo pasa y todo queda
La huelga y ocupación del Frigorífico Lisandro de la Torre fue tomada como símbolo del movimiento peronista. Si bien se trató de una acción defensiva, lo que evidenció fue, entre otras cosas, la experiencia y combatividad acumulada durante los años anteriores, conocidos como “La Resistencia”. A su vez, también fueron hechos que influyeron en los sectores obreros y populares de otras trayectorias políticas. El Cordobazo, 10 años después, daría cuenta de esto.
Los debates sobre la significación histórica de estos sucesos, siguen vigentes, incluso entre los académicos, algunos de los cuales ven en el año 1959 el comienzo de una etapa de derrotas y desmovilización de la clase trabajadora argentina. Otros, en cambio, entienden que la conflictividad sindical continuó más allá de dicha fecha.
Lo cierto es que, dictadura cívico-militar, genocidio y neoliberalismo mediante, la clase trabajadora, como todo el pueblo argentino, se encuentra en circunstancias que difícilmente sean conmensurables a las de entonces. Pero el legado de aquellos trabajadores de la carne, como de tantos otros, nos marca y nos empuja a seguir escribiendo las páginas de nuestra propia historia.