lunes, 23 de enero de 2017

Armas químicas y docencia. Pequeña pedagogía del terror

Chems Eddine Chitour

«No entiendo esas reticencias a la utilización del gas. Estoy totalmente a favor de la utilización de gas tóxico contra las tribus salvajes. El efecto moral será bueno. Se difundirá un terror vivaz…» (Winston Churchill con respecto a los rebeldes kurdos)
Explicó que no pasaba nada porque eran tribus salvajes a las que había que desmoralizar por medio del terror. De paso Winston Churchill, sin reparos, sabía que hablaba de terrorismo, pero a pesar de ello persistió y firmó. Para describir los hechos hablaré en este artículo de los justicieros actuales que imponen un dogma occidental basado como en los buenos viejos tiempos en el «hecho del príncipe» -de los príncipes podríamos decir- y en la «carta real» para los mandados en versión actual de las expediciones punitivas que gustan particularmente a los socialistas hasta el punto de usar y abusar. Desde aquella Francia de Guy Mollet el partido belicoso con su cómplice de siempre, la pérfida Albión, y el inevitable Israel cuando se trata de meter en cintura a los árabes, hasta el «castigo» prometido a Siria por Hollande, el caballero sin miedo y sin tacha, frustrado por tener que abandonar la lucha a falta de la protección del paraguas estadounidense.


Historia de la utilización de armas químicas

En un artículo anterior describí la historia de la utilización de armas químicas por consumición en los incendios griegos que había perfeccionado un tal Callinicus. El fuego griego se basaba en la asociación de un carburante, el salitre, con sustancias combustibles como el alquitrán. Mucho más tarde fue Alemania la primera que utilizó armas químicas en 1915-1917: cloro líquido y fosgeno y después el gas vesicante y asfixiante mostaza (o iperita). En respuesta, Gran Bretaña y Francia también produjeron ese gas letal. El gas nervioso tabún, que provoca la muerte por asfixia, fue descubierto en 1936 por dos investigadores de la empresa alemana IG Farben. En 1930 Italia utilizó armas químicas en Libia y en 1936 en Etiopía.
Los países occidentales que gritan de indignación deberían recordar que fueron ellos los inventores y vendedores de esas trágicas armas letales. Camus escribe al respecto en Agoravox: « (…) En cuanto a la tragedia del gaseado de la ciudad kurda de Halabja en 1988, sin duda convendría sacar del olvido lo que escribió Barry Lando, antiguo presentador de la cadena estadounidense CBS, en Le Monde del 17 de octubre de 2005, a saber, que era necesario recordar «que las armas químicas iraquíes fueron suministradas principalmente por empresas francesas, belgas y alemanas cuyos ingenieros y químicos sabían perfectamente lo que preparaba Sadam. Y que anteriormente Estados Unidos proporcionó a Sadam las imágenes satelitales que le permitieron atacar a las tropas iraníes con armas químicas» (1).

Cuando Winston Churchill aprobó el gas de guerra

Antes de convertirse en icono de la resistencia al nazismo, según un artículo aparecido en The Guardian, Wisnton Churchill fue en primer lugar un ferviente defensor del imperio británico y un antibolchevique convencido. Hasta el punto de preconizar la utilización del gas que había sido el terror de las trincheras. (…) Winston Churchill, entonces secretario de Estado de la Guerra, barrió sus escrúpulos de un manotazo. Partidario de la guerra química desde hacía mucho tiempo, estaba decidido a utilizarla contra los bolcheviques en Rusia. En el verano de 1919, 94 años antes del devastador ataque en Siria, Churchill preparó y ordenó lanzar un ataque químico de grandes dimensiones. No era la primera vez que los británicos recurrían al gas de guerra. En la tercera batalla de Gaza (contra los otomanos) en 1917, el general Edmund Allenby ordenó el lanzamiento de 10.000 obuses de gas asfixiante sobre las posiciones enemigas con la «máquina de engine», un gas extremadamente tóxico, la d ifenilaminacloroarsina, descrito como «el arma química más eficaz de todos los tiempos» (2).
En 1919 Winston Churchill, entonces secretario de Estado de la Guerra, decidió utilizar los grandes recursos. Leemos, en la pluma de Camus: «Un programa ejecutado al pie de la letra por el lugarteniente-coronel Arthur Harris que se jactó en estos términos: «Los árabes y los kurdos saben ahora lo que significa un verdadero bombardeo… En 45 minutos somos capaces de arrasar una ciudad y matar o herir a un tercio de su población». 25 años después Winston Churchill, fiel a sí mismo, profesaba ideas casi idénticas a las del Reich nacional-socialista (…). Hay que añadir, por honradez, que el uso británico de los ataques aéreos con gas mostaza –iperita- especialmente en el Kurdistán en Sulemaniye en la frontera iraní-iraquí en 1925, un año después de la firma del Protocolo de Ginebra que prohíbe «usar en la guerra gases asfixiantes, tóxicos o similares y medios bacteriológicos, no era una práctica totalmente aislada. Los españoles en el Rif marroquí (1921-1927) y los japoneses en China tampoco se privaron» (1).

Francia y su 'savoir faire' en las armas químicas

Francia, como todas las demás naciones occidentales, ha desarrollado de forma intensiva los gases de guerra, especialmente desde la Primera Guerra Mundial. Su experiencia se ha exportado a varios países. A pesar de todos los convenios firmados Francia mantiene en Argelia una fábrica experimental. Fabrice Nicolino escribió al respecto: «La Francia Gaullista ha olvidado las armas químicas de B2 Namous. La Francia socialista ha olvidado los 5.000 muertos de Halabja. El 16 de marzo de 1988, los Mirage made in France lanzaron sobre la ciudad kurda-iraquí de Halabja cohetes llenos de un cóctel de gas sarín, tabun y mostaza. 5.000 muertos (…). La urgencia era apoyar a Sadam Husein, presidente de Irak, contra los mulás de Teherán (…). Y como sabemos Hollande, uno de los expertos del Partido Socialista en aquella época, no dijo ni una palabra. Ciertamente no será mañana cuando tenga que explicarse respecto a la base secreta B2 Namous, antigua base de experimentación de armas químicas y bacteriológicas (…). De Gaulle y su famosa obsesión: la grandeza por el poder. La primera bomba atómica francesa explotó el 13 de febrero de 1960 en la región de Reggane, en el corazón de un Sahara entonces francés. Lo que se conoce menos es que el poder gaullista después traficó con la Argelia de Ahmed Ben Bella para conservar bases militares secretas en el Sahara. Los ensayos nucleares franceses, ahora subterráneos, continuaron en Hoggar, cerca de In Ecker, hasta 1966. Francia firmó en 1925 un convenio internacional que prohibía la utilización de armas químicas, ¿pero qué valor tiene un papel? Entre 1921 y 1927, el ejército español libró una guerra de terror químico contra los insurgentes marroquíes del Rif. Y ahora sabemos que la virtuosa Francia formó a los «técnicos» y vendió fosgeno e iperita a Madrid» (3).
Frabrice Nicolino nos habla a continuación de los Acuerdos de Evián, que permiten a Francia mantener las bases militares restituidas a su estado natural, «Otro Reggane e In Ecker, B2 Namous, un polígono de 60x10 km al sur de Béni Ounif, no lejos de la frontera marroquí. En una nota del estado mayor francés se puede leer: «las instalaciones de B2 Namous se han creado con el objetivo de efectuar tiros reales de artillería o de armas de saturación con tóxicos químicos persistentes, ensayos de bombas aéreas y esparcimiento de agresivos químicos y ensayos biológicos». En 1977, el ministro de Defensa Alain Richard declaró: «La instalación de B2 Namous fue destruida en 1978 y restituida a su estado natural». En febrero de 2013 el periodista Marianne Jean-Dominique Merchet reveló que se había firmado un acuerdo secreto entre Francia y Argelia. Trataba de la descontaminación de B2 Namous «devuelta a su estado natural» treinta años antes (3).

La utilización estadounidense de armas químicas

Es imposible describir las numerosas circunstancias en las que se han utilizado armas químicas. Basta con observar la filosofía del mayor partidario de la utilización de dichas armas del terror. «Realmente -leemos en 'Agoravox' en la pluma de Camus-, como si hiciera falta establecer confusas distinciones entre los muertos pulverizados por bombas convencionales o los asfixiados con gas venenoso. Así que los angloestadounidenses deberían empezar por barrer sus porches en vez de jugar a ofuscados e inocentes (…) ¿Acaso no fue Estados Unidos el que libró una guerra química despiadada en Vietnam entre 1961 y 1971 con el lanzamiento masivo de 80 millones de litros de agente naranja, un defoliante que contiene dioxina? Entre 2,1 y 4,8 millones de vietnamitas resultaron heridos por ese compuesto altamente mutagénico cuyos efectos todavía perduran» (1).
Massimo Fini se pregunta a su vez por la autoridad moral de Estados Unidos: « (…Lo que nunca entenderé es de dónde viene exactamente la autoridad moral de Estados Unidos para que se permita trazar “líneas rojas” en la utilización de armas químicas. Sin embargo es ese país el que en 1985 se las suministró a Sadam, entonces en el poder, para que luchara contra los iraníes y después contra los kurdos. (…) Durante la guerra contra Serbia EE.UU. utilizó bombas de uranio empobrecido (…) Podemos imaginar fácilmente el efecto de ese uranio empobrecido sobre los civiles serbios y sobre todo en los niños que caminan a un metro del suelo y suelen tocar todo (…). En 2001, para capturar a bin Laden, los estadounidenses asfixiaron las montañas de Afganistán bajo bombas de uranio y el ministro de Defensa Donald Rumsfeld declaró «para cazar a los terroristas utilizamos gases tóxicos y armas químicas». Hoy vemos los resultados. Un campesino afgano llamado Sadizay cuenta: «Un ataque de la OTAN destruyó mi casa, mató a mi mujer y a tres de mis hijos. Pero cuando vi nacer a mi sobrino sin brazos y sin piernas, entonces entendí que los estadounidenses también nos habían robado el futuro» (4).

El secreto de los gases israelíes

«Thierry Meyssan escribe que los investigadores israelíes de armamento químico y biológico son los que han empujado históricamente a Siria a rechazar el Convenio que prohíbe las armas químicas. Porque si Damasco firma ese documento corre el riesgo de sacar a la luz la existencia, y eventualmente la continuación, de investigaciones sobre armas selectivas destinadas a matar solo a las poblaciones árabes. (…) Un documento de la CIA descubierto recientemente revela que Israel ha creado su propio arsenal de armas químicas (…). Los responsables de inteligencia en Washington estiman que desde hace decenios el Estado hebreo fabrica y almacena en secreto armas químicas y biológicas para completar su presunto arsenal nuclear. Según un informe secreto de la CIA de 1983, los satélites espías estadounidenses repararon en 1982 en «una fábrica de producción de gas químico y una unidad de almacenamiento en el desierto de Negev» (5).
Según Jean Shaoul, la condena estadounidense de la utilización de armas químicas no se aplica a Israel. Escribe: «(…) Sin embargo no se recuerda ninguna obligación moral de este tipo con respecto a Israel, país que posee la mayor cantidad de armas químicas, biológicas y nucleares de Oriente Próximo y es el único Estado que no ha firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear. Como reveló la web Foreign Policy el lunes 9 de septiembre no solo Estados Unidos conoce desde hace decenios la existencia de las armas químicas israelíes y mantiene silencio al respecto. No es simplemente que Israel posea un importante arsenal de armas químicas. Las ha utilizado contra los palestinos en Cisjordania y Gaza, contra Líbano y Gaza en los ataques militares de 2006 y en la Operación Plomo Fundido en Gaza en 2008-2009. (…) Un protocolo del convenio de 1980 sobre las armas convencionales prohíbe la utilización de fósforo blanco en tanto que arma incendiaria (…). El informe de investigación de la ONU, el informe Goldstone, corroboró las conclusiones de numerosos investigadores internacionales respetados que confirmaban la utilización desproporcionada de fuerza por parte de Israel contra los palestinos y las acusaciones de crimen de guerra a Israel y Hamás así como de «probables crímenes contra la humanidad», incluida la utilización de fósforo blanco por parte de Israel. El informe señaló que las fuerzas israelíes se comportaron de manera «sistemáticamente irresponsable» al utilizar fósforo blanco en las zonas residenciales, citando el ataque de Israel al edificio de la ONU en la ciudad de Gaza, el ataque al hospital Al Qods y al hospital Al Wafa (6).
A menudo se habla de la «Pax americana» para denominar el orden resultante de la hegemonía de Estados Unidos. Esa posición de fuerza no es una garantía de equilibrio y paz a escala mundial. Estados Unidos interviene de forma crónica en función de sus intereses estratégicos. Si observamos la historia, comenzó en 1846: En la guerra estadounidense-mexicana, Estados Unidos se anexionó California. También, sin ser exhaustivos, la guerra de Corea (1950-1953) y la de Vietnam (1968-1975). Continuó, más recientemente, con la guerra de Vietnam donde vertió cientos de toneladas de agente naranja creando muerte y la desolación para decenas de años, después la guerra de Irak (2003), con la historieta de la democracia aerotransportada a Irak a razón de decenas de muertes diarias que no acabó con el ahorcamiento inhumano de Sadam Husein.
En 2011 fue el saqueo de Libia y el abyecto linchamiento de Gaddafi. En total 66 intervenciones en el extranjero, la mayoría sangrientas.
Charles de Gaulle escribió en su época que «las armas torturaron, pero también conformaron el mundo. Han hecho lo mejor y lo peor, alumbraron la infamia y también lo más grande, reptaron en el horror o brillaron en la gloria. Vergonzosa y magnífica, su historia es la historia de los hombres». La guerra de todos contra todos nunca es limpia, de hecho es el fracaso de la palabra desarmada, que es la empatía hacia la angustia de los débiles. Realmente la humanidad avanza hacia el abismo.

Notas:

(1) Guerres chimiques… pages d’histoire oubliées, Camus, 17 de septiembre de 2013.
(2) Quand Winston Churchill approuvait les gaz de combat, The Guardian , 13 de septiembre de 2013.
(3) Et les armes chimiques françaises, M. Hollande ?, Fabrice Nicolino, 18 de septiembre de 2013.
(4) Véto sur les armes chimiques, sauf celles américaines, Massimo Fini, 4 de mayo de 2013.
(5) Le secret des gaz israéliens, Thierry Meyssan, 15 de septiembre de 2013.
(6) La condamnation par les États-Unis de l’usage des armes chimiques ne s’applique pas à Israël, Jean Shaoul, 19 de septiembre de 2013.