martes, 3 de enero de 2017

AMIA. El misterio más profundo de la Argentina

Hugo Presman*

El misterio que no tiene explicación, no es otro que el ocultamiento del juicio por encubrimiento del atentado a la AMIA.


El 6 de agosto del 2015 se inició ese juicio y después de transcurridos estos 13 meses, un oprobioso silencio periodístico lo cubre sin fisuras.

En ese proceso han sentado en el banquillo de los acusados nada más ni nada menos que a:  el ex Presidente de la  Nación Carlos Menem; el ex jefe de los servicios de inteligencia Hugo Anzorreguy; el ex Presidente de la DAIA ( la organización política de los argentinos judíos); el ex jefe de Policía Metropolitana  Jorge “el Fino” Palacios; Jorge Telleldín (presunto entregador de una fantasmal Trafic con la que se habría perpetrado el atentado); su mujer Ana Boragni; Víctor Stinfale, abogado de Telleldín, acusado de peculado; el juez y los fiscales que realizaron la investigación Juan José Galeano, Eamon Mullen y José Barbaccia; los ex agentes de inteligencia Patricio Finnen y Juan Anchezar; y el ex policía Carlos Castañeda (éste es el ex jefe de la División Protección del Orden Constitucional (POC) de la Policía Federal, condenado en el año 2005 a cuatro años de prisión por la desaparición de 66 casetes de escuchas telefónicas, 13 disquetes y tres videos, además del borrado del contenido de la agenda de Carlos Telleldín y otras pruebas que se recogieron en los días inmediatamente posteriores al atentado, especialmente en el domicilio del armador de autos truchos.)  Recordemos que con anterioridad,  el Tribunal Federal N° 3, después de tres años de juicio oral, absolvió a Juan José Ribelli, Raúl Edilio Ibarra, Anastasio Irineo Leal y Mario Norberto Bareiro, imputados de haber sido supuestamente la denominada "conexión local".  Fue ese mismo Tribunal el que denunció como encubridores a la lista consignada más arriba. El mismo tribunal que afirmó en la sentencia: “Fue una investigación de pistas falsas, armada al servicio de políticos inescrupulosos.”

En cualquier lugar del mundo tener sentado en el banquillo de los acusados a un ex presidente de la nación; a su ex jefe de la inteligencia; al juez y a los fiscales  que participaron de la investigación, y al ex presidente de la institución representativa de la comunidad  afectada merecería un seguimiento intenso del juicio. Nada de eso sucede en la Argentina. Ante este misterio sólo cabe interrogarse  ¿Por qué?

HIPÓTESIS  

El encubrimiento estuvo presente desde las primeras horas del atentado. Una combinación de circunstancias políticas coincidió para enterrar la verdad bajo los escombros de la AMIA.

El gobierno de Carlos Menem decididamente alineado con EE.UU en las malhadadas relaciones carnales, necesitaba satisfacer a su patrón, quien a su vez tenía como enemigo central a Irán, igual que su aliado estratégico en Medio Oriente que es, entre otros, fundamentalmente Israel. Esto no significa proclamar la inocencia de Irán, simplemente señalar que primero se determinó el autor y luego se intentaron buscar y/o plantar las pruebas que lo respaldaran. A su vez el gobierno necesitaba desviar cualquier posibilidad de que argentinos de origen sirio hubieran sido parte del operativo, que también coincidía con el interés israelí que estaba en una etapa de acercamiento en las gestiones de paz con ese país. La DAIA, que es una prolongación de la política exterior de Israel, se alineó rápidamente con la hipótesis inducida desde allí.

Pasados 22 años, resulta increíble que José Galeano, Eamon Mullen y José Barbaccia, los investigadores originales y luego el fiscal Alberto Nisman que continuo durante 10 años, sin mayores logros, la investigación cuestionada, hayan podido describir con minuciosidad cómo se planeó el atentado a veinte mil kilómetros de distancia y no hayan encontrado pruebas firmes y ni un solo acusado de los que integraron la conexión local que participó directamente en la ejecución de aquél. Los actuales fiscales identificaron a la víctima número 85 que permaneció como NN durante 22 años. Posiblemente porque mientras no se supiera quién era, siempre quedaba la posibilidad que pudiera ser el “conductor suicida”. El periodista Raúl Kollman sostiene que Nisman le dijo  que “el NN en cuestión seguramente sería un obrero boliviano.” En ese caso es difícil diferenciar si la afirmación es una expresión de inoperancia, de encubrimiento  o directamente una discriminación.
  
Hay fiscales que cuestionaron el accionar de Nisman en vida,  pero lo levantaron como bandera después de muerto; hay jueces que durmieron la causa AMIA y ahora parecen interesados en moverla sólo para involucrar a la ex presidente y a su canciller; todo ello con el silencio de la actual dirigencia judía, heredera de aquellos dirigentes encubridores. Mientras, la enorme endeblez del Memorándum con Irán y la muerte de Nisman, operaron a su favor para sacarla de su situación de acorralamiento, y poder pasar a la ofensiva que les permita tapar sus trapos sucios. Su activismo al respecto contrasta significativamente con el silencio profundo que enmudece toda información sobre el juicio por encubrimiento del atentado a la AMIA.      

Que casi toda la prensa escrita, radial y televisiva de todas las corrientes ideológicas contribuya activamente a desinformar, es un capítulo cuyo misterio está todavía pendiente de dilucidación.


TESTIMONIOS EN COMODORO PY

Sólo transcribiré algunos testimonios para que el lector evalúe si los mismos tienen o no interés periodístico y público, tomando como base los comunicados de Memoria Activa.

Para agilizar la lectura los mismos están al finalizar la presente nota divididos en:

 Testimonio de Hugo Anzorreguy y familiares de las víctimas
Testimonios de periodistas y otros
  
EL MISTERIO MÁS PROFUNDO DE LA ARGENTINA  

El Memorándum con Irán  fue aprobado en el Congreso Argentino y nunca se efectivizó, ya que Irán nunca concretó los pasos necesarios para convalidar lo acordado, lo que lleva a concluir que el mismo no era  tan favorable como los críticos locales apuntaron; y si bien puede ser considerado un papelón de la diplomacia de nuestro país, es imposible que se tome el mismo como la prueba de traición a la patria de la Presidente Cristina Fernández y de su Canciller.  La muerte del fiscal Alberto  Nisman, que los acusaba, les permitió a los dirigentes actuales de la DAIA, herederos de Rubén Beraja acusado en el juicio por encubrimiento, salir de la difícil situación en que se encontraban y pasar a la ofensiva apoyados por los medios  que sueñan con ver presa a la ex presidente. A ello se ha sumado el triunfo del macrismo el 22 de noviembre del 2015, en cuyas filas tienen cargos dirigentes que han pasado por la DAIA y la AMIA, quien concertó una sólida alianza con el gobierno israelí de derechaí, más distintos estamentos judiciales que están dispuestos a una guerra santa contra el kirchnerismo. Basta como muestra el lenguaje “conciliador” del fiscal de la Cámara Federal Criminal y Correccional Germán Moldes: “Hay que hacer una desratización y fumigación del Poder Judicial…Hay una persona que se llama Cristina Fernández de Kirchner que no admite ser sometida al escrutinio de la Justicia y hay sembrados a lo largo de una década, estamentos en el Poder Judicial que están al servicio de esa negativa ¿Cómo me va a sorprender? Son los mismos actores que deben pleitesía a sus respectivos mandantes”. La pregunta que corresponde formularle al fiscal es a quien le rinde él pleitesía. El filósofo Protágoras que vivió 300 años antes de Cristo, con gran clarividencia se refirió a los Moldes cuando dijo: “La justicia es lo que el hombre rico dice que es” Es el mismo Moldes Es el mismo Moldes, Secretario de Población durante el menemismo con José Luis Manzano de Ministro del Interior, que  fue denunciado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y Memoria Activa por no apelar ni dejar apelar al fiscal Alberto Nisman en los sobreseimientos dictados en la causa por el encubrimiento del atentado a funcionarios menemistas, policías y autoridades.    

La influencia de Israel en todo esto es indudable, impulsando el direccionamiento de la causa, con la total subordinación de la dirigencia judía local como es histórico. A ambos, mucho más que la verdad sobre lo sucedido, les interesa cerrar el caso con los imputados determinados, por lo cual proponen el juicio en ausencia  no contemplado en nuestra legislación. Exactamente lo contrario que proponen la mayoría de los familiares de las víctimas.

EE.UU que siempre ha presionado en la misma dirección, se mantiene posiblemente menos activo porque ha sacado a Irán del “eje del mal”.

La Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (APEMIA), solicita la apertura de todos los archivos del Estado y crear una comisión investigadora que dictamine sobre las responsabilidades criminales.

Todo esto puede ser percibido con cierta claridad.

En cambio, el desinterés casi generalizado del periodismo, sigue siendo un misterio.

Para revelarlo, tal vez, haya que recurrir a Sherlock Holmes, el detective de Arthur Conan Doyle, quién sostenía: “Cuando aporten lo imposible, lo que resta por improbable que parezca, es la verdad”    

27-09-2016  

1-En la audiencia número 11 del 22 de octubre prestó declaración testimonial (es una forma benévola de decirlo) el ex jefe de la SIDE, Hugo Anzorreguy; el comunicado de Memoria Activa consigna: “Ni bien se sentó en el banquillo para prestar declaración afirmó que ““por recomendación de mis médicos, no voy a declarar'". Es por eso que se leyó el descargo que, por escrito, el ex SIDE presentó durante la etapa de instrucción. En el mismo, Anzorreguy declara haber autorizado la salida de los u$s400.000 de los fondos reservados de la SIDE por pedido del entonces juez de la causa, Galeano. Según aclaró, el ex juez le había manifestado que ese dinero iba a ser entregado a Carlos Telleldín con el objetivo de garantizarle seguridad a su familia. Sin embargo, Anzorreguy no da explicaciones sobre algún operativo que se haya realizado para proteger a la familia de Telleldín, ni tampoco afirma haberse cerciorado de que efectivamente el dinero se haya utilizado para tal fin.”

En realidad se le pagaba 400.000 dólares al reducidor de autos para que denunciara a los policías bonaerenses, instigado por el juez de la causa. Una verdadera joya judicial.

El 26 de noviembre declaró Sergio Burstein, ex esposo de Rita Worona, fallecida en el atentado. Junto a otros familiares integra la Asociación 18J, formada luego de que en 2011 Burstein y otros familiares hayan sido expulsados por autoridades de la AMIA del acto del 17° aniversario del atentado. En su declaración comenzó por denunciar el encubrimiento pergeñado por el entonces juez Juan José Galeano y los funcionarios menemistas: “Asumimos que todo era una farsa, el juicio no se nos cayó porque pagaron. Se cayó porque era todo mentira. Hoy estamos acá juzgando a los que les importó tres pitos los 85 muertos. Son unos cobardes”, aseguró.

En 1997 Burstein adhirió a la querella unificada de la dirigencia comunitaria, y en el contexto de la causa AMIA, contó que mantuvo muchas reuniones con dirigentes, fiscales y eventualmente con el juez.

Sobre Juan José Galeano dijo que "siempre tenía las puertas abiertas de su despacho para los familiares", sin embargo agregó que el juez solía ponerse en el lugar de víctima.

Mirándolo directamente a los ojos, el testigo aprovechó y le dijo a Galeano, a quien tenía a unos metros: "De víctima no tenés nada, las víctimas somos nosotros por lo que vos hiciste".

En cuanto a los dirigentes de AMIA y DAIA, contó que al comienzo creyó en ellos y en el manejo de la investigación, al punto de aceptar ser representado por el Dr. Julio Frederick y Luis Dobniewski. “¿Cómo íbamos a dudar de que pudieran engañarnos nuestras instituciones?. Querían convencernos de cosas que no eran verdad. Y no solo de los 400 mil dólares” señaló.

También mencionó una reunión de la Comisión Directiva de la AMIA en la cual el abogado Miguel Bronfman habría admitido que todos sabían sobre el pago a Carlos Telleldín. “Nosotros no sabíamos nada, las instituciones nos usaron para poner la chapa de familiares. Nos usaron. No tengo ninguna duda” dijo Burstein. Como mencionó que esas reuniones solían grabarse, la querella del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos pidió el material para incorporarlo como prueba. También se solicitó al Tribunal la incorporación de los cables completos de Wikileaks, en los cuales aparecen vínculos entre dirigentes comunitarios, el fallecido fiscal Nisman y la embajada de EEUU.

En la audiencia número 25 del 17 de marzo del 2016 declaró Diana Malamud: “A partir del 18 de julio de 1994 nuestra vida cambió. Todo es un antes y un después”. Así comenzó su testimonio Diana Wassner de Malamud, quien perdió a su marido Andrés en el atentado. “Vivimos la imposibilidad de elaborar un duelo por la falta de justicia” expresó y recordó el nacimiento de Memoria Activa por la necesidad de hacer públicos sus reclamos, a diferencia de lo que se solía hacer dentro de la comunidad. “Eso fomentaba el tratamiento del atentado a la AMIA como algo judío, lo que se veía en los medios de comunicación e incluso en el discurso del presidente Menem, quien tras el atentado, envió sus condolencias a Israel” recordó. Entre los perjuicios que le ocasionó la lucha por justicia, mencionó por ejemplo que tras su discurso en el acto aniversario de 1996, quisieron despedirla de su trabajo por orden expresa de Menem. Y que sufrió una persecución por un auto con dos personas que, luego de hacer la denuncia, se enteraron pertenecían a la Policía Federal y habían sido enviadas "como protección". “Aparentemente la Policía Bonaerense quería matarme” dijo. En este extraño episodio, según contó, Diana pudo ir comprendiendo los vínculos que tenían los dirigentes comunitarios con el jefe de la Federal, quien se disculpó por lo ocurrido en una reunión posterior organizada por el ex presidente de la DAIA, Rubén Beraja y su asesor Jorge Bronstein, a quien no por nada apodaban “el comisario”. Las primeras dudas respecto a las irregularidades en la causa llegaron cuando el entonces juez Juan José Galeano fue desde el aeropuerto directamente a la quinta de Olivos tras su reunión en Venezuela con un testigo. “Le pregunté por qué y me contestó que era una ‘causa de Estado’. Eso ya me generó dudas” recordó. Fue así como Diana decidió empezar a leer la causa, en cuyos expedientes encontró, sin ser abogada, numerosas incoherencias. Es el caso de la foja 114, correspondiente a una solicitud de escuchas telefónicas al imputado Carlos Telleldín, su entorno y a miembros de la embajada iraní en Buenos Aires, entre otros. Esa foja aparecía ubicada antes de que se encontrara el motor de la Trafic que vinculaba a Telleldín con el atentado. “¿Cómo se explicaba que eso estuviera en la foja 114 si no había aparecido el motor?” cuestionó Diana y agregó “cuando le preguntamos a Galeano, a Beraja y a los fiscales sobre ello, nos contestaron sorprendentemente lo mismo: que era una foja traspapelada”. En otras ocasiones detectaron incongruencias tanto en los datos de las autopsias de los fallecidos como en los peritajes realizados de la explosión. “Lo de las autopsias lo hablé con Beraja, y me pidió que no se hiciera público o exhumarían todos los cuerpos. Sobre las incoherencias en el peritaje, recibimos retos por parte de Bronstein y Cichowolski (abogado de la querella AMIA/DAIA)” expresó. También denunció que el juez Galeano tenía "legajos secretos" que los familiares desconocían pero de los que sí tenía conocimiento la dirigencia comunitaria. Esto sumado a la enorme cantidad de veces que desde Memoria Activa se solicitaban medidas de prueba y no se cumplían. "Vivíamos apelando a la Cámara porque no hacían nada de lo que pedíamos" explicó. Desde un principio se veía la estrecha relación que los dirigentes comunitarios tenían con el gobierno. Tal es así que, en el aniversario del atentado en 1995, Diana fue invitada al programa de Bernardo Neustadt junto al ex presidente Carlos Menem y Rubén Beraja, ambos imputados en este juicio. “¿Cómo estás Rubén? ¿Qué hacés Carlitos?” se saludaron, según recordó la testigo. A su vez, Diana describió los tratos amistosos que recibían los abogados y dirigentes de AMIA y DAIA por parte del personal del juzgado, además de informarlos sobre todo lo que ocurría y de lo que Memoria Activa presentaba. “Cuando íbamos al juzgado, había que pedir entrevista. Nos hacían esperar mucho y mientras, entraban los de la DAIA adelante de nuestras narices. Tenían un trato tan cordial que sorprendía. Todos hablaban de ‘Juancito’ para referirse a Galeano” dijo.

En línea con lo que declaró su antecesora y compañera de Memoria Activa, Adriana Reinsfeld, quien perdió a su hermana Noemí en el atentado, continuó ejemplificando la estrecha relación entre los dirigentes y el juzgado de Galeano. Recordó que en determinado momento Luis Dobniewski, abogado de AMIA, les ofreció, según dijo “sacar a dar una vuelta a Telleldín”, quien ya estaba preso por el ser el último poseedor conocido del motor de la Trafic que habría explotado en la AMIA. “Galeano también nos ofreció visitar a Telleldín para convencerlo de que hablara. Era algo ilegal y nos negamos” recordó.

También hizo referencia a un evento de recaudación de fondos para pagarle a Marta Nercellas, abogada de la DAIA, al que fue invitada junto a su marido. “Me encontré con los ex fiscales de la causa Eamon Mullen, José Barbaccia y Alberto Nisman. Ellos eran los oradores” dijo con ironía. Las presiones del gobierno se las hacían llegar a los integrantes a través de los dirigentes de AMIA y DAIA. "Nos decían que Menem estaba enojado y que Corach quería que nos fuéramos de la plaza" expresó y recordó un llamado telefónico a su casa en el cual, sobre un fondo de música judía, le pedían que se fuera a reclamar a su país.

En la audiencia 29 del 14 de abril del 2016, Memoria Activa la tituló: “La querella AMIA/DAIA se manifestó a favor del imputado Beraja”, clara demostración que a las autoridades de la colectividad le interesa más la protección de la dirigencia que el esclarecimiento.

“La semana pasada la defensa del ex presidente de la DAIA, Rubén Beraja solicitó se incorporaran fragmentos de dos videos correspondientes a los aniversarios del atentado de 1996 y 1997. En esta audiencia, las partes se expresaron al respecto. La querella de Memoria Activa, acompañada por otras querellas y la Fiscalía, planteó que los videos debían admitirse en la medida en la que se presentara la totalidad de los actos conmemorativos y no los pocos minutos que pretendía la defensa, de modo que pueda contextualizarse la prueba. A su vez, pidieron incorporar la entrevista periodística realizada al ex DAIA en 1997 a la salida de una reunión en Casa Rosada, en la que pidió disculpas por el discurso de los familiares durante la conmemoración del atentado. Las defensas se opusieron al pedido pero las querellas la aceptaron a excepción del abogado representante de AMIA y DAIA, quien fue claro al expresar su adhesión solamente a la prueba solicitada por la defensa del imputado Beraja.”

2- En la audiencia 50 del juicio por el encubrimiento del atentado a la AMIA, declaró como testigo el periodista Raúl “Tuny” Kollmann. Desde la investigación que realizó en los primeros tiempos junto a Román Lejtman, de quien se distanció posteriormente, Kollmann contó sobre sus conversaciones con el imputado Carlos Telleldín y las versiones que éste les daba sobre la entrega de la camioneta. Más allá de que el Tribunal Oral Federal 3 en su sentencia del juicio por el atentado no lo haya confirmado (la investigación fue declarada nula), según Kollmann a la conclusión a la que habían llegado como periodistas en base al diálogo “fluído pero difícil” que mantenían con Telleldín, era que había entregado la camioneta a personal policial de la Brigada de Vicente López, quienes además lo extorsionaban constantemente debido a su trabajo con automotores robados. “Telleldín divagaba mucho, mentía, decía y se desdecía. Pero esa información es la que surgía siempre”, dijo. Sin embargo “al ex comisario Juan José Ribelli de Lanús nunca lo mencionó”. Ribelli era señalado en 1996 por el ex juez Juan José Galeano como el líder de la conexión local. Y, tras negociar una declaración falsa con Telleldín -tal como se ve en el video que circuló por los medios de comunicación- el doblador de autos finalmente lo inculpó junto a otros policías bonaerenses, luego absueltos por en el juicio por el atentado. Como reflexión al respecto, y ante preguntas de las defensas que quisieron ahondar en la supuesta culpabilidad de los policías bonaerenses, el periodista aclaró que ellos “manejaban” todas las hipótesis y en ese momento, la versión que daba Telleldín sobre la camioneta era la más creíble” y que, por lo tanto, la publicaban como todo aquello que les decían sus fuentes. En sus palabras: “Escribíamos varias hipótesis y dudábamos de todo. Y, además, tampoco era nuestro deber resolver el caso”. De las conversaciones que mantenía con Telleldín, contó Kollmann, surgió la posibilidad de escribir un libro ya que el imputado había comenzado a reunir información y “desconfiaba del juez como para contárselo”. Si bien la idea no prosperó, los abogados interrogaron al testigo por el libro al que se hace referencia en el video filmado en secreto en el juzgado de Galeano. “El video me sorprendió. La idea había caído hace rato y no cerraba que Telleldín hablara sobre eso con el juez”, admitió Kollmann quien además explicó que en una reunión que mantuvo con Lejtman y Stinfale sobre la idea de escribir un libro, se dio cuenta de que su colega había hablado a sus espaldas con la editorial y mantuvieron una fuerte discusión a partir de la cual dejaron de escribir juntos para el diario. Por otro lado, contó que se enteró del pago de 400.000 dólares por voz del doblador de autos o de su abogado, Víctor Stinfale, quienes se lo informaron mucho antes de que saliera a la luz en el juicio por el atentado. Según dijo Kollmann, durante gran parte de la investigación mantuvo buenas relaciones con los involucrados pero que, aún así, “todos operaban y había desconfianza”. Incluso habló del ex comisario Luis Vicat y el ex Secretario de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Federico Domínguez (ambos procesados por encubrimiento). “Ellos jugaban a la guerra. No les tenía confianza”, recordó.

En la audiencia número 52 realizada el 22 de septiembre, se presentaron a declarar como testigos, el periodista Rolando Graña, una ex directora de la Editorial Sudamericana y Jorge Damonte, compañero de celda de Carlos Telleldin. El primero declaró durante más de una hora especialmente sobre su relación con el entonces prosecretario del Juzgado Federal 9, Claudio Lifschitz, quien denunció las irregularidades que se estaban cometiendo en la causa. “Era la primera vez que desde adentro alguien traía pruebas” afirmó el periodista. “Mi productor me lo presentó. Al principio no le creí todo. Hablé con él durante seis meses hasta que difundimos la información por televisión” contó Graña y agregó: “Irónicamente ese programa midió mal”. Según el periodista, de los datos y las hipótesis que manejaba el entonces  prosecretario se desprendía  que “la investigación de la nada terminaba en los policías bonaerenses”, por lo que entendía que las irregularidades efectivamente se estaban cometiendo. Como ejemplo de esto, mencionó “el claro trato especial” que recibió el empresario allegado a la familia Menem, Alberto Kanoore Edul y el llamado que, según Lifschitz, hizo Munir Menem al ex juez Juan José Galeano para impedir que se investigue esa pista. Entre sus fuentes, además de Lifschitz que era el principal, Graña dijo que contaba con los abogados de las querellas y que se reunía con los funcionarios al frente de la investigación, a muchos de los cuales conocía de otras causas. Por cercanía particular al ex fiscal Eamon Mullen, Graña contó que fue a “tomar mate” a su casa previo a difundir el programa de televisión  con denuncias de irregularidades. “Le dije que se despegara de Galeano o iba a terminar procesado. Y no me equivoqué”, recordó Graña, quién agregó  que la respuesta de Mullen fue que Lifschitz  era un “boludo”. Esa conversación es relevante porque demuestra la conciencia  que el ex fiscal Mullen tenía de lo que estaba ocurriendo. Según contó el periodista, tras hacer públicas sus denuncias, Lifschitz decidió irse del país a raíz de las amenazas que recibía. “Tenía miedo y antes de irse  me dejó una caja con documentación. Me dijo que era la garantía de su vida.” Además de fotocopias de la causa y de la agenda de Kanoore Edul, entre esas pruebas  había un casete  con escuchas en farsi  que, al parecer, pertenecían a células dormidas iraníes. “Esa cinta se la entregué a Nisman en el 2003 aproximadamente, pero nunca fue incorporada a la causa”, afirmó con seguridad….Durante el juicio oral por el atentado que se llevaba a cabo ante el TOF 3, el periodista difundió como primicia una escucha telefónica que probaba que la SIDE le había realizado un pago a Ana Boragni, pareja de Telleldín. “Esa grabación fue pedida por orden judicial. Pero no estaba en la causa. Alguien la había filtrado. Era fuerte. Esa escucha demostraba que había plata para que la investigación se desviara hacia los policías. Con esto, la versión del libro que hablaban Galeano y Telleldín en el video difundido por los medios, se caía. La teoría del libro era para reírnos. Todos sabemos que nunca se pagan 400.000 dólares de anticipo. Era la tapadera de otra cosa…En esa escucha, aparecía el agente de inteligencia Isaac Eduardo García, quien- tras el levantamiento de la obligación de guardar secreto- declaró en el juicio oral y ratificó el pago. Mucho tiempo después  hablé con Isaac García y también me contó que era el chofer de Moshe Rabbani. De hecho, se jactaba de haberle tomado la foto buscando la Trafic”, expresó al tiempo que agregó  algo de color: “García decía que llevaba a Rabbani muy seguido a un prostíbulo que pertenecía a Raúl Martins. Ahí había un bartender iraní a quien le pedían traducciones de las escuchas en farsi”. Siguiendo con el tema del pago  y el libro que Telleldín  quería escribir, el testimonio de la ex directora de Editorial  Sudamericana Gloria López Llobet, se tornó relevante. Si bien no estuvo en la sala más de 20 minutos, la testigo afirmó que efectivamente el periodista Román Letjman le había propuesto un libro sobre el atentado  y que luego Carlos Telleldín, a través de su abogado Víctor Stinfale, le exigió “una cifra que era una locura” por el libro. Esa fue la razón por la cual esa propuesta nunca llegó a concretarse. En función de su experiencia opinó que 400.000 dólares por un libro era un monto  “fuera de toda lógica para la época” y que es poco habitual que se pague por adelantado más del 20% del total.  Esto es una prueba más de que el libro al que Galeano hace referencia en una charla informal con Telleldín y la supuesta conexión con el posterior pago al imputado, no resulta creíble.  Por último declaró el ahora abogado Jorge Daniel Damonte, quien compartió cinco meses de detención con Carlos Telleldín en el pabellón 49 de la cárcel de Devoto. “Telleldín estaba solo en una celda y en un momento me pasaron con él. Ahí surgió la conversación sobre su vida y él tomó la iniciativa de escribir esos relatos”, contó Damonte quien fue el encargado de escribir en un manuscrito, lo que el doblador de autos decía. “Yo le daba forma” afirmó. Casualidad o no tanto, previo a ser detenido por falsificación de documentos, Damonte había trabajado como fiscal, haciéndose pasar por abogado, junto a José Barbaccia en la fiscalía en la que luego cayó la causa AMIA. Además, la instrucción de la causa en la que estaba imputado la llevaba el destituido juez Galeano. “Cuando me juntaba con Galeano, me preguntaba sobre las condiciones de detención pero nunca le conté sobre el manuscrito de Telleldín”, afirmó.

La nota fue publicada originalmente en el Blog de Hugo Presman

*Periodista

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