lunes, 5 de diciembre de 2016

Ni ebrio ni dormido....

José María "Pepe" Rosa 

Noche del 5 de diciembre de 1810. 


En el cuartel de las Temporalidades –Perú entre Alsina y Moreno, donde hoy está la manzana de las luces-, el regimiento de Patricios ofrece un sarao por la victoria de Suipacha.  

En el sitio de honor está el jefe del cuerpo, a su vez presidente de la Junta de Gobierno. 

En un momento, el capitán retirado de húsares Atanasio Duarte, veterano de cuarenta años de guerras, ofrece un postre a doña Saturnina Otárola, esposa del presidente, en el cual la fantasía del repostero había dibujado un cetro y una corona: “La América espera que VV. EE. empuñen el cetro y ciñan la corona”.  

No dicen las crónicas qué ocurrió a continuación, pero seguramente hubo un aplauso de los concurrentes y un asentimiento halagado de Cornelio Saavedra.  

Este dice en sus Memorias que no dio importancia a esa bobada, pero la trascendencia del brindis debió ser mucha porque alguien corrió a informarle al secretario de Gobierno y Guerra –el doctor Mariano Moreno–, que de inmediato tomó medidas contra Duarte, contra Saavedra y contra las señoras que recibían agasajos por la posición política de sus maridos.  

La condena de Duarte fue tremenda.  

El gobierno entendió que debía perecer en el cadalso por esas palabras, pero como debió pronunciarlas mareado por el carlón le perdonó la vida, conmutándole la pena por destierro perpetuo de la ciudad, porque un habitante de Buenos Aires, ni ebrio ni dormido, debe tener impresiones contra la libertad de su país.  

El veterano se aguantó el castigo en silencio y, que se sepa, nunca pudo volver a su querido Buenos Aires: transcurrió sus últimos años en el exilio, donde algún historiador ha rastreado sus continuas reyertas con los gallegos dependientes de tabernas, sus acérrimos enemigos por españoles y tal vez por no fiarle las copas.  

¿Cuál fue el crimen del capitán retirado Duarte, que a juicio de un hombre de leyes como Mariano Moreno mereciera la pena del cadalso?  

Se repite en los textos escolares (que también sirven para aprender historia en las academias) que era proclamar la monarquía, pero la conjetura debe rechazarse: ni aun para un revolucionario de la índole de Moreno un delito de opinión pudo reprimirse con la muerte en un cadalso.  

Pero, además, Duarte no había postulado un cambio de la forma de gobierno existente: en diciembre de 1810 se vivía bajo el régimen monárquico: el retrato de Fernando VII debió encontrarse, como era de rigor, colgado en lugar visible durante el sarao, y el mismo decreto que castigaba al capitán era un decreto monárquico encabezado con la fórmula corriente: La Junta Soberana a nombre del Señor Don Fernando VII.  

Al veterano no se lo penaba, pues, por proclamar la monarquía en un medio republicano. 

Sin embargo, había cometido un delito gravísimo y nadie, ni siquiera Saavedra, se atrevió a defenderlo.  

Un delito castigado en la legislación española, precisamente, con los términos usados por Moreno en su decreto: perecer en un cadalso. 

El secretario de Guerra no quiso disimular el hecho ni omitir el castigo, seguramente porque el brindis encontró eco entre los asistentes de las Temporalidades y era conveniente un escarmiento ejemplar para que no se repitieran cosas semejantes.  

El delito de Duarte era de lesa majestad contra los derechos de Fernando VII, a quien quitaba el cetro y la corona ofertándolos a Saavedra. Sus palabras imprudentes revelaban impresiones contra la libertad de su país porque el país entero (en 1810 el país era aún España) sostenía y luchaba por los derechos del rey Fernando.  

El crimen de Duarte, esa noche del 5 de diciembre, había sido proclamar en voz alta la independencia de América.  

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Invitación a brindar, cada uno en su lugar, juntos por un patriota olvidado. 

EL PRIMERO QUE SE ATREVIÓ A SER ARGENTINO
                                                                              Por Eduardo Rosa

El 2 de diciembre de 1810 llega un jinete a Buenos Aires.   

Es un oficial trayendo una bandera española y la noticia de la victoria de Suipacha.  

Era la primera victoria militar de la flamante desobediencia del 25 de Mayo.   

No hubo festejos, solo algarabía popular en la calle.  

Pero la noche del 5 se hizo una comida en el cuartel de Patricios que habría de tener una inesperada repercusión.  

Se ha hecho una leyenda de esos incidentes triviales aprovechados para una derivación política.  

Es erróneo pensar que el centinela de la entrada le impidiese expresamente el acceso a Moreno. Moreno no asistía jamás a fiestas ni convites, y al sarao podían ir los militares en actividad o retirados con sus familias.  

Al volver de su trabajo en la Fortaleza, que prolongaba hasta altas horas de la noche, le chocó encontrar en las Temporalidades un centinela, y quiso averiguar por sí mismo si se le impedía la entrada.  

El centinela lo rechazó, porque Moreno no se dio a conocer, pues hubiera bastado que dijese ser Secretario de Guerra de la Junta para que aquél por lo menos pidiese órdenes.  

¿A quién se debe dejar pasar a un convite? – cuando el teniente coronel Marcos Balcarce pregunta – después del decreto de supresión de honores - sobre quienes deben dejar pasar los centinelas Moreno responde que a los ciudadanos decentes, y al requerir – con malicia - mayores precisiones para reconocerlos, Moreno, le responde se reputará decente toda persona blanca que se presente vestida de fraque o levita.  

El 6 de diciembre de 1810 la Junta de Gobierno aprobó el decreto de supresión de honores redactado por Moreno.  

Este decreto comenzaba con: -La Junta Soberana a nombre del Señor D. Fernando VII. Y lo fundaba en que al hallarse -privada la multitud de luces necesarias para dar su verdadero valor a todas las cosas, reducida por la condición de sus tareas a no extender sus meditaciones más allá de sus primeras necesidades... confunde inciensos y homenajes con la autoridad.   

El decreto suprimía los honores del Presidente, se quitaban ventajas oficiales y se eliminaba a las señoras de las distinciones de sus maridos. 

Y se establecía que el capitán de húsares retirado Atanasio Duarte, había incurrido en un delito por el cual debería perecer en un cadalso, al ofender con un brindis excesivo la probidad del Presidente (Saavedra), pero -en atención a su estado de embriaguez se le conmutaba la pena por destierro perpetuo de la ciudad, porque ningún habitante de Buenos Aires, ni ebrio ni dormido, debe tener impresiones contra la libertad de su patria.  

¿Qué grave delito había cometido el capitán Atanasio Duarte?.  

Siempre se dijo que haber proclamado la monarquía, pues en el famoso brindis ofreció a Cornelio Saavedra la corona de emperador de América.  

Pero esa opinión, muy generalizada, no es aceptable. 

No fue el republicanismo de Moreno el que se ofendió con el monarquismo de Duarte.  

No sabemos a ciencia cierta si Moreno fue lo que hoy llamaríamos republicano, pues cuando emplea en sus escritos la palabra República, lo hace como sinónimo de Estado o Cosa pública.   En 1810 reino e independencia eran sinónimos.   

El mismo Himno Nacional lo repite aún hoy: -Ya su trono dignísimo abrieron.... 

Lo que sí podemos asegurar es que el decreto que condenaba a Duarte no era un decreto republicano, pues estaba encabezado con la fórmula habitual: -La Junta Soberana a Nombre del Señor don Fernando VII.                                                                                                                                          

Pero Duarte cometió evidentemente un delito tan grave que Moreno – hombre de leyes – entendía que -debería perecer en cadalso.  

Un delito mucho más grave que opinar a favor de la monarquía en un medio republicano, que de ninguna manera puede llevar al cadalso.  

Ese delito debía ser el de lesa majestad por conspirar contra los derechos de Fernando VII. 

Al brindar ofreciendo la corona a Cornelio Saavedra, se la estaba quitando a Fernando VII.   

El capitán había incurrido en el delito de lesa majestad y merecía por lo tanto el -cadalso, como lo mandaban las leyes españolas.  

Aquello de -tener impresiones contra la libertad de su patria no puede entenderse como contrario a la nacionalidad naciente.. 

La patria en 1810 no era la República Argentina, pues aún no se había declarado la independencia; la patria era Fernando VII, el rey cautivo, contra cuya libertad tenía impresiones el capitán Duarte.  

¿Quiere decir entonces que Duarte fue el precursor de la independencia Argentina, y Moreno no era partidario de esta independencia?... 

Lo primero es exacto; pero no así lo segundo.  Moreno también era partidario de la independencia, como Duarte y casi todo el mundo. 

Pero Duarte dijo a gritos una verdad que no convenía decir sino en voz baja. Por eso lo condenaron.   

La verdad es que Saavedra se portó mal con Duarte. 

Pues Moreno salió de la Junta el 18 de diciembre, precisamente por la conmoción popular producida por su decreto, que se interpretó – equivocadamente – a favor de la dependencia de España.  

Y que además, menospreciaba la opinión pública al tenérsela como privada de luces.    

Saavedra pudo entonces levantar la pena a Duarte; pero no lo hizo, tal vez para no comprometerse. ¿Qué fue de Duarte después de aquella noche famosa?...  

Cumplió resignadamente su destierro en San Isidro, olvidado por Saavedra que nada hizo por él y también por los demás gobiernos que nunca le levantaron la injusta pena.   

Cada tanto armaba alguna batahola en una taberna cuando algún gallego (él los motejaba como sarracenos) vertía palabras imprudentes contra la patria, como una famosa pelea contra seis de ellos cuyo relato repetía orgulloso.  

La patria le debe un desagravio a quien declaró POR PRIMERA VEZ la independencia en voz alta, y supo aguantarse el castigo orgullosamente.  

Invitamos a todos los Argentinos a que en diciembre, en cualquier lugar donde estemos, olvidemos nuestras diferencias y levantemos una copa en su recuerdo.  

CAPITÁN DE HÚSARES ATANASIO DUARTE
¡BRINDAMOS A TU MEMORIA!
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5 DE DICIEMBRE DE 1810
Era una noche como esta.Buenos Aires en silencio
En las esquinas amarillean mortecinos faroles
Aquí, a una cuadra, tras la iglesia de San Ignacio, en un edificio que aún existe,
Voces y risas.
Risas porque estaban de festejo.Buenos Aires había tenido miedo.  
Miedo por su osadía de echar al virrey.
Muy poco tiempo atrás habían llegado barcos realistas y con un solo cañonazo nos habían indicado que los dados estaban echados.
Por miedo – fernandeábamos -  disfrazándonos de fieles custodios del reino de Fernando VII.
Porque no es nuevo que las almas pequeñas no se atrevan a la grandeza.
Entonces temíamos la reacción de -los españoles.
Hoy tememos a otros, porque nos asustan nuestras audacias.
Porque pocas veces, como quiso Rubén Darío, nos sentimos cachorro del león español.
Pero esa noche mágica había risas y crecía la confianza en nosotros mismos.
Tres días antes, el Capitán Tollo había llegado con una bandera realista capturada.
Hubo algarabía
Festejábamos la primera victoria, la de Suipacha.
Victoria de una batalla pequeña pero que encendió motines en casi todas las ciudades del Alto Perú.
Algo estaba comenzando¡
Ya era hora que la lanza americana se imponga a la monarquía cada vez más alejada de los antiguos ideales!  

Y ESA NOCHE ALGUIEN SE ATREVIÓ A DECIR LO QUE TODOS PENSABAN Y PRUDENTEMENTE CALLABAN.  

Era el capitán de Húsares Atanasio Duarte
El pensó en grande y brindó por la independencia
De toda América.
No podía ser menos:
Nacido en la Banda Oriental, 
hijo de un venezolano y una brasilera.

¿Ebrio?  ... tal vez 
Corre una brisa del río
Hay una magia en el aire
brillan los ojos,callan las bocas... 

Los tiempos viejos se van
Capitán
¡Ha nacido un nuevo espacio!
Atanasio
Y en el te sentiste parte
Duarte.  

Y levantaste tu copa
Brindando por toda América
Que se separa de Europa 
¡No queremos olvidarte!
Y brindaremos con vino
Por el Húsar  Argentino

El gran Atanasio Duarte! 

¡CAPITÁN DE HÚSARES ATANASIO DUARTE – BRINDAMOS A TU MEMORIA!

Fuente: Nac &  Pop