lunes, 5 de diciembre de 2016

Mahatma Gandhi: Premio Nobel del Pueblo 2015

Juan Carlos Ruiz Guadalajara
(La Jornada) 
Publicado el 29 de enero de 2016

La historia del Premio Nobel de la Paz guarda profundas interrogantes, no sólo por el perfil de algunos personajes que lo han recibido, sino también por aquellos otros a quienes nunca se les otorgó. Una lectura simple del testamento de Alfred Nobel, redactado en París el 27 de noviembre de 1895, permite conocer su voluntad original en el caso concreto del premio que estableció para los campeones de la paz: debería otorgarse a quien hubiese trabajado más y mejor por la fraternidad de las naciones, por la abolición o reducción de los ejércitos permanentes, y por la promoción y celebración de congresos por la paz. El ganador lo decidiría un comité de cinco personas elegidas por el Parlamento noruego. Un año después, Alfred Nobel murió, tal vez sin imaginar las dimensiones de la violencia que estaba por experimentar la humanidad en el siglo XX. Fue precisamente en 1901 cuando se otorgó por primera ocasión el Premio Nobel de la Paz a dos ganadores: el suizo Henry Dunant, fundador de la Cruz Roja Internacional, y el francés Frédéric Passy, fundador de la Sociedad Francesa para el Arbitraje entre Naciones.

En los siguientes cuatro años, el galardón respondió fielmente a la voluntad de su creador. Incluso, en 1905 fue otorgado por primera vez a una mujer: Bertha von Suttner, pacifista nacida en Praga y autora de la novela antimilitarista ¡Abajo las armas! Sin embargo, en 1906 el premio fue para el presidente estadunidense Teddy Roosevelt, republicano radical, militarista e imperialista, aunque según el comité, mediador en la guerra ruso-japonesa. En medio de sus conflictos con Suecia, Noruega utilizó el Nobel para ganar el favor de Roosevelt. Otro Nobel de la Paz ajeno a la voluntad original de Alfred Nobel fue Henry Kissinger, quien en la Navidad de 1972 ordenó el brutal bombardeo de Hanoi, Vietnam del Norte; en 1973 compartió el Nobel con Le Duc Tho, líder vietnamita de la resistencia, quien declinó el premio. En 1978, el comité volvió a ser cuestionado al otorgar el Nobel a Menachem Begin, ex miembro del grupo terrorista de sionismo extremo Irgun. Las últimas premiaciones desafortunadas fueron para Barack Obama en 2009 y la Unión Europea en 2012. Ambos casos son contrarios al ideal del desarme y reducción de los ejércitos; incluso naciones de la Unión Europea, como España, Francia o Suecia (patria de Alfred Nobel), producen y venden armas a gobiernos que violan derechos humanos, como Arabia Saudita, gobernada por Salmán bin Abdulaziz, monarca recién condecorado por Peña Nieto con el Águila Azteca.

En contraste, Mahatma Gandhi, máximo promotor de la no-violencia activa de la historia moderna, nunca fue reconocido con el Nobel de la Paz, no obstante haber sido nominado en cinco ocasiones. Las primeras tres se dieron en 1937, 1938 y 1939 por iniciativa de la rama noruega de Amigos de la India. En 1937, Worm-Müller, evaluador de Gandhi, tras reconocer su bondad, ascetismo y nobleza, terminó por calificarlo de luchador por la libertad con rasgos de dictador, un idealista nacionalista: Es con frecuencia un Cristo, pero luego, de forma repentina, se convierte en un político ordinario. Los juicios de Worm-Müller mantenían el tono de las críticas occidentales al movimiento de Gandhi, sustentado en la No-violencia y en un irrebatible cuestionamiento a la pretendida superioridad moral de Occidente. Es muy sintomático que en 1939, por ejemplo, Gandhi haya sido candidato al Nobel a la par de Adolfo Hitler.

Fue hasta 1947 cuando Gandhi volvió a ser propuesto al Nobel. El evaluador de esa candidatura, Jens Arup Seip, ponderó su lucha no-violenta, estableciendo que su movimiento se había convertido en una gran victoria y en la peor de las derrotas, refiriéndose a la inminente declaración de independencia del Indostán y a la trágica partición del territorio entre India y Pakistán, provocando una de las mayores crisis humana del siglo XX. Dichas apreciaciones, entre otras, fueron la justificación para evadir la candidatura de Gandhi y negarle el Nobel. Tras su asesinato, el 30 de enero de 1948, organizaciones y personajes de diversas naciones, incluida la extraordinaria pacifista estadunidense Emily Greene Balch, propusieron el Nobel póstumo para Gandhi. Sin embargo, el comité noruego decidió no otorgarlo a nadie ese año.

Las recurrentes ambigüedades del Comité Nobel han provocado desencanto en la sociedad civil y la necesidad de rescatar la voluntad de Alfred Nobel. A ello se abocó el Movimiento por la Paz de la isla sueca de Orust, fundado para desarrollar formas de vida no-violenta y acciones de desobediencia civil dirigidas a detener la exportación de armas suecas y evitar la total afiliación de Suecia a la OTAN. Así, en 2013 estableció el Premio Nobel de la Paz desde el Pueblo, en Memoria del Testamento de Alfred Nobel. Tras dos años de otorgarlo a pacifistas escandinavos, el pasado 5 de diciembre [de 2015]el movimiento de Orust decidió entregar póstumamente el premio a Gandhi. El galardón, sin dinero de por medio y consistente en una simple talla en piedra, fue recibido en nombre de Mahatma y del movimiento gandhiano mundial por la gran activista india Radha Bhatt, quien por décadas ha empoderado a las mujeres del Himalaya para defender los bosques y los ríos mediante la no-violencia activa. En su discurso de aceptación, Radha Bhatt, a sus 82 años, recordó la fuerza del hombre común para guiar la historia a través de la verdad, la justicia y la no-violencia, y finalizó diciendo:

Este premio adquiere una dimensión especial porque no proviene de ningún gobierno, magnate de negocios o gran organización; proviene, en cambio, del pueblo, de personas comunes, quienes han comprendido la importancia que para el mundo actual tiene el valioso sistema de paz y armonía de Mahatma Gandhi.

El mensaje es poderoso, sobre todo para el hombre común de México...