miércoles, 14 de diciembre de 2016

El pesimismo subversivo: alternativa al neoliberalismo

Marcos Roitman Rosenmann

Subvertir el pensamiento dominante, construir alternativa, mostrarse abierto a nuevas formas del pensar, ha tenido un final trágico y no por ello ha sido derrotado ni menos aún extinguido. Siempre presente, se desarrolla y es capaz de condensar en circunstancias adversas el saber más avanzado y liberador. Se trata de rupturas democráticas, procesos de emancipación y justicia social.

La lucha contra la explotación, el colonialismo interno, la esclavitud y el conformismo social despiertan el rechazo de las antielites. Su voz ha sido perseguida, encarcelada o invisibilizada. Sus representantes aúnan las esperanzas de las clases explotadas y dominadas, excluidas y marginadas, consecuencia de la acción depredadora de una economía de mercado asentada en el neoliberalismo trasnacional.

Desde los orígenes societales, pensar críticamente no ha sido bien visto ni tolerado por el poder. Recordemos el final trágico de Sócrates, Espartaco, Giordano Bruno o Túpac Amaru. Sin olvidar a Galileo Galilei. Obligado a retractarse ante el Tribunal de la Inquisición, apostilló: Y sin embargo se mueve. Palabras de dolor y reivindicativas como salvaguarda de su vida.

Las élites y el poder dominante han buscado contener, diseñar y controlar el futuro. De esa manera han prefigurado un entorno para imponer su cosmovisión e ideología. No permiten la formulación de saberes y conocimientos cuya dinámica suponga cuestionar el orden establecido. Para ese tipo de situaciones han dibujado un estereotipo de sujeto conflictivo, antisocial, al cual perseguir y amordazar, un peligro para la seguridad del Estado y la ciudadanía. Se trata del subversivo. El alborotador, un outsider.

El control sobre disciplinas como la política, la economía, la historia, la sociología, la cibernética y la informativa, articuladas en las ciencias de la complejidad y sistémicas, conlleva un saber encorsetado. La vigilancia del pensamiento y los límites sobre lo que es pertinente se decide en instituciones ad hoc, conocidas popularmente como academias, cuyos miembros se cooptan bajo el supuesto de su sapiencia. Para eso fueron creadas. Academia de la lengua, para acotar el lenguaje. Academia de la historia, para administrar el presente y definir hasta dónde y qué se debe entender por memoria histórica y cuáles los hechos que la integran. Academia de las ciencias, para dotarnos de objetividad y racionalidad científica. Cómo olvidar el rechazo institucional a la teoría de la evolución de Walace y Darwin, entre los académicos de la época.

No hay disciplina ni conocimientos cuya evolución no haya sido fiscalizada y sometida a control. Spinoza, Nietzche, Marx, Weber, Simmel, entre otros, fueron considerados pensadores malditos. Vincent Van Gogh, pintor rechazado, proscrito. Sin embargo, pasado el peligro, la capacidad transformadora y revolucionaria de cambio social y ruptura, las élites dominantes cooptan el pensamiento subversivo y lo integran a la dinámica consensual una vez despojada de la crítica y eliminado el peligro revolucionario. Hoy los veneran, estudian y divulgan sus conocimientos.

En nuestra América, qué decir del acoso a Miguel Hidalgo y José María Morelos. En 1810, “Miguel Hidalgo fue condenado por la Inquisición Novohispana por ‘libertino, sedicioso, cismático, hereje formal, judaizante, luterano, calvinista y sospechoso de ateísmo y materialismo’, y Morelos por haber seguido a Hobbes, Helvetius, Voltaire y Lutero. Todavía en 1822, durante el primer año del imperio de Iturbide, la Iglesia incluía una lista de 42 libros proscritos. “No fueron los primeros. Los pueblos taíno, azteca, maya, chibcha, araucano, guaraní o inca sufrieron persecución, esclavitud y muerte. Las rebeliones fueron reprimidas, sin límites al uso de la violencia y la tortura. Túpac Amaru, descuartizado. Túpac Katari, arrojado a un barranco. Otros, empalados o degollados. Sus causas siguen vivas.

Artigas, Miranda, Bolívar, San Martín, José Martí, Manuel Rodríguez, Emiliano Zapata, engrosan una lista de pensadores subversivos. Farabundo Martí, Augusto César Sandino, obispos como el costarricense Sanabria o el salvadoreño Romero. En este orden se incorporan Camilo Torres, Fidel Castro, Ernesto Guevara, Lucio Cabañas, Juan Bosch, Salvador Allende, Juan José Torres, Hugo Chávez, Ellacuría, Baró y Montes, los jesuitas asesinados por el ejército en El Salvador. La lista es larga. Hombres y mujeres. Intelectuales, artistas, trabajadoras, estudiantes y jóvenes forman parte del devenir de las ideas subversivas, por ello son combatidos, detenidos, torturados y asesinados.

En América Latina la lucha contra el colonialismo del saber y del poder marca el inicio del pensamiento rebelde y subversivo. El pensamiento crítico tiene continuidad en los proyectos que asumen la crítica al neoliberalismo, se manifiestan contra la guerra, el colapso del planeta, el extractivismo, los megaproyectos. La propuesta de pensamiento político y emancipador defiende los derechos humanos, la naturaleza, propone una vida digna dentro de un orden cuyo principio es la justicia social. El EZLN representa ese pensamiento político emancipador. La digna rabia, la lucha contra la hidra del capitalismo. Su defensa de la dignidad y la ética son parte de la esperanza que encarna el pensamiento subversivo.

Orlando Flas Borda fue el gran sociólogo de la subversión. Para él, la palabra es campo de batalla para enunciar y construir mundo, expresa y forma parte de la lucha política. De allí la importancia de crear pensamiento propio, hacer relevante la teoría, defender los saberes populares y disputar la memoria histórica.

Fijar y seleccionar conocimiento son la clave para proyectar una topía liberadora, capaz de construir y configurar un poder democrático y liberador frente al colonialismo global. No se puede luchar contra el neoliberalismo, sus valores y su cultura rehuyendo el campo de batalla del conocimiento y sin producir pensamiento subversivo, mental y político. Ese es el reto de las ciencias sociales y la acción subversiva de la lucha política democrática y anticapitalista.