viernes, 2 de diciembre de 2016

El origen histórico de la expresión "quemar las naves"

Jorge S. Castillas
(ABC)
Hay quien atribuye el nacimiento de esta frase a una maniobra militar de Hernán Cortés (siglo XVI), pero el primero en probar suerte con este método fue Alejandro Magno (siglo IV a.C.)
Muchas de las expresiones que utilizamos en castellano tienen un origen de lo más llamativo. Algunas nacieron como consecuencia de la tradición oral (como la expresión «hacer el indio»). Y otras como consecuencia de determinados acontecimientos históricos que marcaron un antes y un después en la forma de entender la vida, la guerra o las relaciones personales.
Al contrario que la expresión «hacer el indio», la frase «quemar las naves» mantiene su sentido original desde su incorporación al lenguaje coloquial. Tanto hoy como hace 2.000 años, «quemar las naves» ha sido sinónimo de lanzarse a por un objetivo a la desesperada, renunciando a la posibilidad de dar marcha atrás ante un eventual fracaso.

Dos versiones

Hay una versión que atribuye el nacimiento de esta expresión a los tiempos de Hernán Cortes y la conquista de México (1521). Cuentan que durante esta operación se produjo un motín y que el caudillo, tras el correspondiente consejo de guerra, mandó hundir (que no quemar) la mayor parte de sus barcos. Todo para que nadie tuviera la tentación de recular por la dificultad de la misión.
Sin embargo, la versión más consistente sobre el nacimiento de la expresión «quemar las naves» tiene su origen mucho antes. Concretamente en el siglo III antes de Cristo, tal y como refleja Manuel Campuzano en su libro «Alejandro Magno. La excelencia desde el liderazgo»(Visión). Al parecer fue el rey de Macedonia quien dio vida a esta expresión a partir de una maniobra militar. Cuenta Manuel Campuzano en su libro que, al llegar a la costa Fenicia, Alejandro Magno observó que sus enemigos le triplicaban en número y que su tropa se veía derrotada antes de pisar el campo de batalla.
Alejandro Magno desembarcó e inmediatamente mandó quemar todas las naves. Cuenta Campuzano que mientras su flota ardía, el líder macedonio «reunió a sus hombres y les dijo: Observad cómo se queman los barcos... Esa es la única razón por la que debemos vencer, ya que si no ganamos, no podremos volver a nuestros hogares y ninguno de nosotros podrá reunirse con su familia nuevamente, ni podrá abandonar esta tierra que hoy despreciamos. Debemos salir victoriosos en esta batalla, ya que solo hay un camino de vuelta y es por el mar. “Caballeros, cuando regresemos a casa lo haremos de la única forma posible, en los barcos de nuestros enemigos”».