martes, 6 de diciembre de 2016

El Obispo de los pobres y el magnate petrolero

 El Obispo de los po...
Luis Agüero Wagner
(Los Ángeles Indimedya)
Dos países miserables, expoliados y mediterráneos se vieron enfrentados de 1932 a 1935 en lo que alguien llamó "guerra de los soldados desnudos".


Paraguay y Bolivia, en la inmensidad desértica del Chaco Boreal, sangraron por las venas de sus soldados que luchaban por tierra sin tener tierra. 

El humilde labriego paraguayo, parasitado y desnutrido, se convirtió en combatiente cambiando sus rudimentos de labranza por el fusil. En Bolivia el indio quechua, el aymara y el minero explotado a través de siglos de dominación colonial, bajaron a un territorio feudal del cual ninguna noción tenían. Ambos se enfrentaron sin odios, sin conocerse. 

Hoy a siete décadas de aquella matanza, nos enteramos que el obispo de los pobres y los pueblos, aprovechando su visita a New York, acudirá a rendir pleitesía a un miembro de la familia que encendió la chispa para el estallido de aquella masacre: el empresario petrolero David Rockefeller. 

SIEMPRE EL PETRÓLEO 

La Standard Oil de New Jersey, fundada en 1870 por John D. Rockefeller, fue por mucho tiempo la mas poderosa y temida empresa del mundo capitalista. Su historia es una extensa crónica de hazañas malignas y rotundas infamias. 

Dos años antes de sufragar la guerra del Chaco, había participado en el derrocamiento de Hipólito Irigoyen en Argentina cuando se disponía a nacionalizar el petróleo. Lo mismo sucedería en la década siguiente con Ramón Castillo. 

Entre 1939 y 1942 la Standard Oil decretó un embargo contra México, a raíz de la nacionalización de las empresas efectuada por el presidente Lázaro Cárdenas. En 1949 la misma empresa interpuso veto a un préstamo que EUA estaba a punto de conceder a México, y años después hizo lo mismo con un crédito del BID. 

En Setiembre de 1955, el caudillo argentino Juan Domingo Perón marchó al exilio cuando el Congreso estaba por aprobar una concesión a la California Oil Company. Pocos años después, la empresa de Rockefeller desempeñó un papel decisivo para precipitar el embargo que sufre Cuba, pues al negarse a refinar petróleo soviético forzó al gobierno de la isla a nacionalizar el negocio petrolero. 

Arturo Illía anuló las concesiones hechas a las petroleras de EUA entre 1960 y 1962, firmadas por Frodizi, y fue derrocado en 1966 por Onganía, quien reparó el impasse al año siguiente. 

El negocio petrolero también jugó un papel preponderante para la desnacionalización de la petroquímica durante la dictadura militar brasileña, impuesta por EUA en 1964 por medio de la Operación Brother Sam. 

La Standard Oil también se involucró, según Georgia Anne Geyer, en el uso de armas químicas contra la guerrilla peruana. El ejército del Perú regó con NAPALM algunas zonas guerrilleras, en 1965, ya había sido la Internacional Petróleum Co., filial de la Standard Oil, quien les había proporcionado la gasolina y el Know How para que elaboraran las bombas en la base aérea de Las Palmas, cerca de Lima. 

Y si del presente se trata, no es ningún secreto que los intereses petroleros son grandes protagonistas en las campañas de desestabilización que sufren hoy gobiernos como los de Bolivia y Venezuela. 

LA STANDARD OIL Y LA GUERRA DEL CHACO 

La participación de los capitales vinculados al petróleo en la guerra paraguayo boliviana entre 1932 y 1935 nunca fue un secreto, como puede advertirse en las crónicas internacionales. El "Daily Herald" de Londres, en su edición del 14 de mayo de 1934, cuestionaba: "¿Porqué no se pone término a esta guerra? La intervención de la Sociedad y de los gobiernos que están representados en la entidad ginebrina no lograron restablecer la paz. Los beligerantes compran armas en Europa y EUA, reciben tanques de Gran Bretaña, aviones de Italia y se tiene entendido que los intereses petroleros norteamericanos no dejan de facilitar, de otras maneas, la continuación de las hostilidades". 

El año anterior, ante el crecimiento de la ola de rumores, la misma empresa de Rockefeller había tenido que publicar un desmentido en el "New York Times". "Resultan infundados los rumores de que la Standard Oil ayuda a Bolivia en el Chaco" afirmaba el comunicado de la empresa, publicado el 26 de enero de 1933 en Nueva York y reproducido en la prensa paraguaya el 8 de marzo del mismo año. 

Emitir desmentidos durante toda la guerra también constituyó un arduo trabajo para el ministro británico norteamericano en Asunción, mister Post Wheler. 

De la nebulosa de los rumores y las especulaciones se saltó a la polémica el 30 de mayo de 1934, cuando la discusión de la guerra del Chaco llegaba al mismo confesionario del imperio: el congreso de Washington. Como uno de esos grandes cataclismos que dieron forma al mundo, el 30 de mayo de 1934, Huey Pierce Long Jr, representante de Lousiana, sacudía el senado norteamericano con una proclama de incendiario anatema contra la Standard Oil, acusándola de haber inspirado y sufragado la guerra. 

Los rumores y denuncias de Long se confirmaron cuando el gobierno argentino, en garantía de su neutralidad en la guerra, debió clausurar varias estaciones radiotelegráficas en la provincia de Salta, propiedad de la Standard Oil, que trabajaban para la inteligencia militar boliviana en plena guerra. 

Pocos meses más tarde, el denunciante norteamericano caía asesinado en Baton Rouge, cuando su nombre se empezaba a discutir para las presidenciales del año 1936. 

LA LITURGIA DE RENDIR PLEITESÍA A LOS ROCKEFELLER 

La liturgia del gobierno paraguayo de turno, de rendir pleitesía a los Rockefeller, es aún más absurda cuando se considera que la empresa también fue responsable del despojo sufrido por el Paraguay, en las negociaciones para la paz en Buenos Aires, durante el año 1938. Spruille Braden, conocido personero de la empresa, logró preservar dentro de fronteras bolivianas –en favor de los acuerdos de su empresa- miles de kilómetros cuadrados de territorio petrolífero y Paraguay debió conformarse con "las arañas, el desierto y las serpientes" como escribiera en tono de burla un historiador boliviano. 

A pesar de todo, rendir pleitesía a los Rockefeller es una ineludible rutina de los mandatarios paraguayos. 

Así lo hizo el dictador Higinio Morínigo, quien en defensa de las concesiones de exploración y explotación a las petroleras norteamericanas desató una guerra civil en 1947. 

Así lo hizo el dictador Stroessner, quien en 1969 reprimió manifestaciones estudiantiles en protesta por los honores rendidos en Paraguay a Rockefeller, arrojando gases lacrimógenos proveídos por el Pentágono. 

Y también lo hizo el presidente Juan Carlos Wasmosy, quien recibió de David Rockefeller la bendición para destruir la banca nacional paraguaya orquestando una quiebra de bancos y financieras en dominó durante su gobierno neoliberal, en la década de 1990. 

Hoy martes 23 de Setiembre del año 2008, durante su visita a la ciudad de New York, hará lo propio el actual sátrapa, el obispo de los pobres y los pueblos, que acudirá a rendir pleitesía al magnate petrolero David Rockefeller, en su mismo feudo de la gran manzana. 

Ya lo sentenció el dramaturgo francés Gabriel Marcel, cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive. 

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