lunes, 19 de diciembre de 2016

Déjà Vu

Eugenio Tadic
 Nac &  Pop

La situación que afecta a Europa, llenando de desesperanza a millones de seres humanos, tiene un antecedente cercano: la crisis del modelo neoliberal en la Argentina  que derivó en el ¨formidable¨ estallido social de diciembre del año 2001, acabando con un gobierno impopular y enterrando  para siempre el proyecto que empezó el 24 de Marzo de 1976. 
Desde el comienzo de esa oscura noche, el objetivo principal del Gobierno Militar fue la sumisión  total al capital financiero  internacional,  usando como mecanismo, el aumento exponencial de la deuda externa, para aquellos que fueran un “estorbo” para sus planes,  se implementó la metodología de la desaparición forzada de personas.

Un claro ejemplo del cipayaje local, es la triste y letal  figura de Domingo Felipe Cavallo, que en tiempos de la dictadura, y encontrándose al frente del Banco Central de la República Argentina, fue el artífice de la estatización de la deuda privada. 

Ya en tiempos de democracia, marcó a fuego la restauración neoliberal de la década del 90, siendo el padre de la convertibilidad, en tiempos del menemismo, y en su afán por mantener con vida al  ¨bebé de Rosemary ¨,  no pudo evitar aún siendo Superministro de Economía del gobierno de la Alianza, que el monstruo eclosionara llevándose la vida de 39 personas. 


La privatización indiscriminada de las empresas públicas expulsó a miles de argentinos de sus empleos, registrándose la tasa de desocupación más alta de toda la historia. 

La soberanía económica se perdió, y el sueño de la Justicia Social se hizo cada vez más inalcanzable.    

La concentración económica  característica de esa época, la transferencia de recursos de los sectores más vulnerables a los acomodados, amplió la brecha entre ricos y pobres. 

El último acto de esta tragedia fue la restricción de la libre disposición del dinero de los depósitos (Corralito), plazos fijos, cajas de ahorro o cuentas corrientes. 

El objetivo perseguido era frenar el drenaje que estaba experimentando el sistema financiero. 

En diciembre del 2001, el pueblo se cansó y tomó las calles de todo el país, exigiendo el fin de las políticas de aflicción y ruina,  pidiendo a gritos: “…Que se vayan todos…”. 

El helicóptero se elevó y no solo se llevaba un presidente, era el comienzo del fin de una era marcada por la entrega del país al ordenamiento económico mundial que se había trazado en el denominado “Consenso de Washington”,  un país sin industrias y dedicado a ser el granero del mundo, viejo sueño de la oligarquía criolla. 

La “Ley de Acefalía”, ungió como Presidente al gobernador de San Luís, Adolfo Rodríguez Saa, quien en el Congreso Nacional proclamó el cese del pago de las obligaciones de la deuda externa (Default), anuncio que fue ovacionado por todos los miembros presentes. 

Días más tarde y tras la renuncia del puntano, asume la primera magistratura, el senador por Buenos Aires, Eduardo Duhalde,  resaltando: el fin de la convertibilidad, la ficción financiera de un dólar un peso moría, y con su deceso, se abriría para la Argentina un nuevo camino de esperanza. 

El 25 de Mayo del 2003, luego de mucha sangre, sudor y lágrimas, la política doblegó a la economía, los organismos internacionales no influyeron más en las decisiones del gobierno argentino, la democracia dejó de ser meramente electoral, se abrió un nuevo canal de participación; la búsqueda por articular mecanismos de redistribución de la riqueza entre los argentinos fue el horizonte, y desde ese entonces la historia ya no volvió a ser la misma. 

El Pueblo volvió a la historia