viernes, 2 de diciembre de 2016

Carta a los Compañeros Peronistas (02-12-1964)

 Juan Domingo Perón.
A LOS COMPAÑEROS PERONISTAS

Río de Janeiro, 2 de diciembre de 1964.

El gobierno cipayo de este país ha frustrado mi primer intento de cumplir mi promesa de regresar al país. Una verda­dera conspiración internacional dirigida y orquestada por los imperialismos dominantes con el concurso de los países en manos de usurpadores entregados y entregadores de sus pue­blos, ha pedido en esta ocasión más que la razón que nos asiste.


El "Plan para el Retorno", como oportunamente lo ha­bíamos anunciado, es de pacificación hasta el 31 de diciembre, plazo que habíamos establecido para que los enemigos del Pueblo entraran en razón.Hace ocho meses el "Gobierno" por su "Justicia" pedía mi extradicción al Gobierno de España sin éxito. Poco después el Presidente Illía manifestaba que "el regreso del General Perón era solo cuestión del señor Perón. Hace dos días el Ministro de Relaciones Exteriores afirmaba que "si Perón regresaba al país sería detenido de inmediato". Frente a todo ello, yo decidí entrar en el país, para enfrentar esa situación y soy detenido en Río de Janeiro por los secuaces del impe­rialismo y del "Gobierno Argentino".

En esas condiciones, la respuesta de nuestros enemigos al ofrecimiento de paz y al intento mío de entrar en el país para lograrla, es la guerra. La responsabilidad de lo que ha de ocurrir en el futuro recaerá sobre ellos como así las conse­cuencias.

El comportamiento de los compañeros que integran la "Comisión Nacional por el Retorno de Perón" está más allá de toda ponderación desde que lo han expuesto todo con la mayor decisión y valor en los duros momentos que juntos hemos debido afrontar.

La inteligente preparación y ejecución de la "Operación Retomo" realizadas por estos compañeros, con gran espíritu de sacrificio, me persuade de la necesidad de confiarles la con­ducción total de las operaciones que, por designio de nuestros enemigos, se iniciará de inmediato.

La hubiera querido conducir personalmente con la ayuda de ellos, pero la imposibilidad momentánea de entrar a la Patria me lo impide. Por ser una guerra se impone que la disci­plina sea su característica más saliente en lo orgánico y funcio­nal. Ya nadie tiene otro saber que el de obedecer y de coope­rar. Se terminó el tiempo de opinar en disidencias; comienza la etapa de luchar disciplinadamente, cada uno en su puesto. Al que no esté de acuerdo con ésto es mejor que se aparte. La conducción tiene como su exigencia más funamental la disci­plina y sin ella no hay lucha posible. Esta es etapa de mando y el mando se ejerce sin limitaciones derrotistas. El que no de­see someterse a esta perentoria necesidad tiene el derecho a desertar pero no a perturbar.

En cuanto a la acción, se acabaron las contemplaciones. Hay que comenzar la guerra integral por todos los medios, en todo lugar y en todo momento. Alejado momentáneamen­te de esa lucha por imperio de las circunstancias estudiaré mi accionar futuro. Hasta entonces no habrá otro comando que el que antes indico para el cual pido a todos los compañeros, en nombre del futuro de nuestro Movimiento y de la libera­ción del Pueblo y de la Patria, su más amplia y leal subordi­nación y colaboración.

Mi larga experiencia política y mis conocimientos de los hombres y la conducción me capacitan como para poderos aconsejar al respecto. Los compañeros que forman la actual "Comisión Nacional" han sido amplia y profundamente anali­zados en su capacitación, como probados en la forma más fehaciente en su lealtad y sinceridad, por lo que me decido a delegar en ellos el mando, en la seguridad de que con ello aseguro nuestro porvenir y el de nuestro Pueblo.

En la lucha es donde yo he aprendido a conocer a los hombres que realmente valen. Nuestra juventud debe hacer­me caso porque no me equivoco. Los jóvenes deben poner- el impulso y los viejos debemos elegir la dirección. Ese mis­mo equilibrio ha sido logrado en los hombres de la conducción.

Hasta que yo esté en la Patria para luchar al lado de Uste­des, ellos dirán mi palabra.

Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón