jueves, 15 de diciembre de 2016

8 de diciembre de 2016, a los 99 años, en Praga, muere Adolf Burger falsificador de dinero para los nazis

Adolf Burger, foto de M. Gorner
Mercedes Arancibia*

Adolf Burger, el último superviviente del taller de imprenta de moneda falsa británica instalado por los nazis en el campo de concentración de Sachsenhausen, al norte de Berlín, murió el 8 de diciembre de 2016, a los 99 años, en Praga, según ha anunciado la radio oficial checa citando a la hija del fallecido.

Burger escribió un libro autobiográfico titulado “El taller del diablo”, llevado al cine en 2007 con el título de “Los falsificadores”, en una coproducción austro-alemana dirigida por Stefan Ruzowitzky e interpretada por Karl Markovics y August Diehl entre otros, que consiguió el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa en 2007.

Los nazis obligaron a Burger a participar en lo que se conocería después como la “operación Bernhard”, un complot que contó con los detenidos en el campo para imprimir moneda falsa británica. Los falsos billetes de banco –un total de 130 millones de libras esterlinas- fueron arrojados por los aviones de la Luftwaffe sobre Inglaterra, en un intento de trastornar la economía británica. Finalmente abortado, el plan fue uno de los mayores intentos de la historia de llevar a cabo un sabotaje económico.

Los prisioneros que participaron en la operación disfrutaron de  algunos privilegios especiales –cuenta el Washington Post- como mantas, ropa de civil, cigarrillos y raciones extra de comida. Pero también sabían que en cualquier momento podían matarlos, porque eran los únicos testigos. “Solo cuando, en medio del caos, los aliados avanzaron en 1945, escaparon a la ejecución”.

“De alguna manera, era peor que Auschwitz porque sabíamos con certeza que al final nos matarían”, declaró Burger más tarde al diario israelí Haaretz.

Adolf Burger había nacido en 1917 en una familia judía de Velka Lomnica, que entonces pertenecía a Austria-Hungría y hoy se encuentra en el norte de Eslovaquia. Tipógrafo de profesión y militante comunista hizo sus primeras falsificaciones para los clérigos de su país: partidas de bautismo para ayudar a los judíos a escapar de la persecución del régimen pronazi de Josef Tiso. Fue detenido en 1942, el día antes de cumplir 25 años, y deportado junto con su mujer, Gisela, a Auschwitz, donde ella murió. “Tenía dos opciones –dijo Burger en una entrevista radiofónica, recogida por Associated Press- agarrarme al alambre de hierro con púas por el que pasaba una tensión de mil kilovatios y morir en el acto, o seguir viviendo. Elegí vivir para poder contar al mundo lo que se hacía allí”.

Tras enfermar de tifus, en 1944 le comunicaron que había sido elegido para un trabajo especial. Un proyecto encargado directamente por el jefe de las SS Heinrich Himmler, en el que participaban 140 detenidos seleccionados por su experiencia profesional anterior a la guerra. Les reunieron en Sachsenhausen y les alojaron en barracones con las ventanas oscurecidas: allí  produjeron millones de billetes de banco respetando las normas de calidad más altas, como exigían los nazis. También imprimieron sellos, pasaportes y dólares americanos, pero el grueso fueron las libras esterlinas que, según el cambio, equivaldrían a siete mil millones  actuales según consta en el libro “Los hombres de Brueger. La trama de falsificación nazi secreta y los prisioneros del bloque 19”, de Lawrence Malkin.

Los nazis nunca consiguieron su propósito de arrojar los billetes sobre Inglaterra. Algunos de ellos sirvieron para pagar a espías e informadores; otros se los llevaron con ellos los responsables nazis, cuando huyeron al final de la guerra. El Washington Post asegura que la falsificación era de tal calidad que el Banco de Inglaterra estuvo retirando de la circulación billetes superiores a cinco libras durante las dos décadas siguientes al final de la contienda.

*Periodista, libertaria, atea y sentimental. Llevo más de medio siglo trabajando en prensa escrita, RNE y TVE; ahora en publicaciones digitales. He sido redactora, corresponsal, enviada especial, guionista, presentadora y hasta ahora, la única mujer que había dirigido un diario de ámbito nacional (Liberación). En lo que se está dando en llamar “los otros protagonistas de la transición” (que se materializará en un congreso en febrero de 2017), es un honor haber participado en el equipo de la revista B.I.C.I.C.L.E.T.A (Boletín informativo del colectivo internacionalista de comunicaciones libertarias y ecologistas de trabajadores anarcosindicalistas). Cenetista, Socia fundadora de la Unió de Periodistes del País Valencià, que presidí hasta 1984, y Socia Honoraria de Reporteros sin Fronteras.

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