lunes, 21 de noviembre de 2016

Presencia permanente de Leon Tolstoy

Hyalmar Blixen

Es difícil hablar de la existencia de una generación al hacer referencia a la literatura rusa del siglo XIX. Más bien hay una sucesión de prosistas y poetas, de jerarquía sin duda; Pushkin (1799-1837), Tlutchev (1803-1873), Gogol (1809-1852), Herzen (1812-1870), Goncharov (1812-1891), Lermontov (1814-1881), Turguenev (1818-1883), Fet (1820-1892), Dostoievski (1821-1881), Nekrasov (1821-1881), Tolstoy (1828-1910), Leskov (1831-1895), Korolenko (1821-1921), Chejov (1860-1904), Gorki, seudónimo de Aleksei Peshkov (1869-1936), Andreiev (1871-1919).

Hay grandes artistas que no sólo son cumbres de su patria, sino que alcanzan una dimensión tal, que los hace de todos los países del mundo: Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Molière, Goethe, Ibsen y otros. Uno de ellos es el que hoy aquí se evoca.

Lev (León) Nikolalevich Tolstoy, hijo de un conde y militar bajo el reinado del zar Alejandro I en las guerras contra Napoleón y de la princesa María Volkonsky, quedó huérfano cuando todavía era niño. La madre murió en la época en que el futuro escritor tenía apenas tres años; por eso éste no podía recordar el rostro de ella, lo que le causaba nostalgia, pues había sido mujer de cultura, fineza, de trato cariñoso para con los humildes, religiosidad casi mística, exquisito gusto musical, y conocedora, además de su propio idioma, del francés, alemán, inglés e italiano. De ella dejó Tolstoy estas líneas: "Por una extraña casualidad no quedó ni un solo retrato de ella, así que no puedo concebirla como un ser físico. Hasta cierto punto estoy conforme que sea así, porque de ese modo me la represento en su aspecto puramente inmaterial"... "Cuando quiero representarme a mi madre sólo imagino sus ojos pardos, que siempre expresaban la misma bondad y el mismo amor. Todavía me parece sentir la dulce caricia de su mano, que tanto me gustaba besar"... "Cuando mi madre se sonreía se iluminaba su cara y parecía encender la alegría en torno suyo... Si en los difíciles momentos de mi vida pudiera sentir de nuevo esa sonrisa, no comprendía la tristeza".

JUVENTUD Y PRIMEROS ESCRITOS

El joven Tolstoy, en su posesión campestre de Iásnala-Poliana veía pasar los peregrinos, mendigos, vagabundos que iban a los lugares considerados santos en esa época. Eran los que oía llamar "los pobrecitos de Dios". Y le impresionaba uno al que decían "el idiota Archim" porque conversaba con Dios, según lo manifestaba, con estas palabras: "Tú eres mi médico, tú eres mi jardinero". La servidumbre de Iásnala- Poliana se reía de él, pero en Tolstoy quedó la semilla de que los humildes, no los grandes señores ni terratenientes, tenían una enorme capacidad de elevar el espíritu. Además de los preceptores extranjeros que le enseñaron, Tolstoy hizo luego estudios en la Universidad de Kazan y en 1849 se doctoró en San Petesburgo, nombre que le dio su fundador, Pedro el Grande, a la que hoy es Leningrado. Luego de llevar una vida bastante disipada en Moscú (Moskva) hizo su experiencia militar en 1851 en la guerra ruso –turca como oficial de artillería.

Sus primeros escritos "Infancia" (1852), "Adolescencia" (1853), "Juventud" (1855 al 57) los envía a la revista "El contemporáneo" (Sobremennik), fundada por Pushkin y Pletnalev en 1836 y que difundió parte de la nueva literatura rusa del siglo XIX. Estuvo en la guerra de Crimea y en el sitio de Sebastopol y de ahí sus tres escritos que tienen por centro a esa ciudad, a través de tres períodos: diciembre de 1854, marzo de 1855, y agosto de 1855. Tras renunciar al Ejército se dedicó a escribir "Los cosacos" (1858), "Felicidad conyugal" (1859), "Choistomer" (Historia de un caballo), "Polikushka" e incluso a componer piezas de teatro: "Una familia contagiada" y "El nihilista".

SUS GRANDES NOVELAS

Pero había empezado el grandioso friso histórico "La guerra y la paz" (Vojma i mir) con los cuadros de las batallas de Austerlitz, Borodin, toma de Moscú y retirada de los franceses vencidos, no en la guerra, sino por lo que Víctor Hugo llamó "el general Invierno". Por más que sea importante la figura de Kutuzov, más vale la del pueblo ruso en general, con todas sus virtudes. Dentro de ese cuadro están desarrolladas las tramas novelísticas de dos o más familias con excepcionales pinturas de psicologías. Es una de las novelas más grandiosas de todos los tiempos. Pero el genio de Tolstoy no se agota con ella, porque, entre 1874 y 1877 escribe "Ana Karenina" donde se desarrolla de manera admirable el drama de amor, adulterio y suicidio de la protagonista. No obstante, la figura de Levin es sobresaliente y hace contraste con la Wronsky. Y aquí se plantea el problema del trabajo de la tierra, tan importante en la filosofía social y humanitaria del autor.

Más adelante escribe su tercera gran novela "Resurrección" (Voskresenie) donde el tema de la doble ascensión espiritual del príncipe Necliudov y la prostituta Katiusha Maslova está envuelto en una trama que, como lo reconoce Chejov, resulta más interesante quizá, y es la pintura de personajes que pasan un momento por la vida del protagonista que quiere reparar su falta, pero choca con una burocracia tremenda, con jueces y abogados incapaces y con la pintura sombría de cárceles y en fin, el destierro a Siberia. Hacia el final, las dos figuras se han purificado: Neckliudov para reparar la culpa que tiene en la caída de la Maslova está dispuesto a casarse con ella, pero Katiusha comprende al fin la grandeza y arrepentimiento de quien fue su seductor y al rehusar su proposición lo mira con la misma mirada de amor con que lo miraba al principio, cuando era una muchacha pura.

EL TOLSTOISMO

Poco a poco se acentúa en Tolstoy su crisis moral y religiosa. Cree en Dios, pero ¿qué es Dios?. Cree en los Evangelios pero los interpreta libremente, según se lo dice su inteligencia y su corazón. Cree en la necesidad de repartir las tierras entre los campesinos y desde luego las suyas propias, lo que le trae disgustos con su esposa, Sofía Andreevna Behrs, con la que tenía cada vez mayores disgustos. Pero, de todo ese clima, de lo que se llamó el "Tolstoísmo" que influyó incluso sobre Gandhi, salieron a la luz sus admirables cuentos populares: "La muerte de Iván Ilich", "Dios está donde hay amor", "Pakhom el mujic". Y ¿qué decir de la perfección del cuento "Iván el Imbécil"? ¡Cuánta ironía y gracia! ¡Cuánta tierna sabiduría! ¿El tema? Un campesino rico tenía tres hijos varones: Semán el guerrero, llamado así porque deja la granja, se va a la guerra y por medio de ella llega a ser zar. El segundo se decide por el comercio y la usura: es Taras el barrigudo. El tercero se queda trabajando la tierra, planta una cosecha tras de otra. Y no disputa con sus hermanos; no resiste al mal con el mal. Interviene el elemento maravilloso: el diablo está fastidiado porque los hermanos no han reñido y ordena a tres diablillos que intervengan a fin de convertirlos en pobres, juntarlos y hacerlos que se peleen. A Semán el guerrero logran derrotarlo por medio de otro zar para el que fabrican soldados con paja; a Taras el barrigudo le convierten su fortuna en estiércol. Pero contra Iván, el hombre que trabajaba la tierra y no ambicionaba otra cosa que eso, ni pueden los tres diablillos, ni el diablo jefe.

Tolstoy mismo trabajaba la tierra de sus posesiones, araba, cosía sus ropas, se hacía zapatos para enseñar que el trabajo manual era el más digno de todos. Un día quiso irse lejos, a la campiña, a morir en la soledad lejos de las rencillas de los hombres, de sus ambiciones. Y eso lo encontró en la aldea de Astapovo. Allí murió el patriarca de Yásnala – Poliana, lugar donde hoy reposan sus restos mortales. Sus libros están traducidos a todos los idiomas. Hay una estatua de Tolstoy en actitud de viajar hacia su liberación, el cuerpo hacia delante y un bastón para apoyarse. Ha renunciado a todo lo que envanece a los hombres.

Uruguay tiene la de Cervantes, la de Dante, la de Goethe, la de Confucio, porque se sabe que es un país que honra a los grandes de espíritu. ¡Qué hermoso sería que pudiéramos tener esa!

Hyalmar Blixen
Diario "Lea" - Montevideo