martes, 29 de noviembre de 2016

Mary Terán de Weiss: la “putita” que enamoró a Perón y cambió el tenis

Camilo Francka
¿Cómo el micromundo elitista del deporte blanco iba a tolerar la estampa de una militante peronista? Mary Terán de Weiss fue la precursora de la popularización del tenis femenino. Cosechó envidias que la llevaron a trastabillar en la cancha y a sufrir un atentado nunca esclarecido. Relegada en la memoria del deporte nacional, acabó con su vida en 1984.
Se escuchó, como un relámpago, en medio de la cancha: “Putita rosarina”. 

Sucedió en la final de un torneo de la década del 40 cuando Felisa Piédrola, figura del tenis nacional, se lo gritó a Mary Terán de Weiss, su Némesis dentro y fuera del court, esa “putita rosarina” que, según Piédrola, desteñía la esencia de un deporte blanco e inmaculado. 

Fueron rivales en varias finales, pero estaban separadas por mucho más que eso: en una Argentina donde las divisiones doctrinales alimentaban el caldo cotidiano, el tenis era una actividad circunscrita a las clases altas que resistían el avance de lo masivo. Y Mary Terán de Weiss, esa “putita rosarina”, además de contracultural, también era talentosa con la raqueta, bella, rebelde y emanaba aires populistas. 

¿Cómo el micromundo del tenis, impoluto en su apariencia, iba a tolerar la estampa de una militante peronista? Amiga de Juan Domingo Perón y funcionaria justicialista, Mary no era bienvenida. La vertiente clasista quería alejarla del centro de la escena, y nadie más que Piédrola, con quien Mary mantuvo una rivalidad que excedió los courts. En la pista repartieron triunfos y derrotas; afuera del rectángulo defendían políticas opuestas. Una respiraba peronismo; la otra despreciaba al General y su estela.

El periodista Roberto Andersen, que cubrió muchos eventos de Mary, evoca aquel instante y asegura que es la primera vez que el hecho sale a la luz: “En un momento, al cambiar de lado después de un tanto muy discutido con el árbitro, Piédrola le dice a Terán: ‘Putita rosarina’. Todos los periodistas lo escuchamos. Mary no contestó pero empezó a sentir dolor de estómago, se tuvo que retirar momentáneamente y, al volver, terminó perdiendo el partido”.

Piédrola no era una cualquiera. Lideró seis años el ranking argentino (1939, 1940, 1942, 1943, 1949 y 1950), la misma cantidad que Terán de Weiss, pero a diferencia de la rosarina no tuvo posibilidades de mostrarse más allá de Sudamérica. Algunos afirman que su antipatía hacia el peronismo complicó su proyección internacional. Cuando Mary irrumpió en el tenis y adquirió trascendencia, Piédrola sintió que su corona estaba en riesgo. Como a casi cualquier atleta de un deporte individual, le acomplejaba la idea de compartir la gloria, pero en este caso sentía un doble ultimátum: su amenaza era una tenista peronista. Liliana Morelli, en su libro “Mujeres deportistas”, sostiene que “Felisa era de carácter fuerte y malhumorado”, mientras que a Mary la describe con un semblante tímido y sensible, aunque no por eso con falta de determinación.

El lazo entre Mary y Perón registró un contrapunto en la primavera de 1952. En la soledad de su despacho en la residencia de Olivos, el presidente argentino jugó una ficha de grueso calibre. Delante de una vitrina que guardaba tesoros muy preciados, el General, confiado, la invitó: “Elija una de estas joyas”. Terán de Weiss rechazó la propuesta y fundamentó su negativa en que no usaba alhajas. Las joyas que ofreció Perón tenían una connotación especial porque pertenecían a la colección privada de Evita, que había fallecido hacía pocos meses, el 26 de julio. Consumada la respuesta, el diálogo continuó:
-Muchacha, quiero significar que mi deseo es que todas las piezas le pertenezcan siendo mi esposa. Estoy pidiendo su mano.
-Yo simpatizo por su gobierno, pero no tengo un sentimiento de amor hacia usted. Y en segundo lugar, no tengo fibra política, no soy Eva Duarte y no voy a subir a ninguna tribuna a hablar. Yo me dedico a otra cosa. Usted necesita una compañera de fuste a su lado.
Mary, también viuda ese año (su marido había muerto el 30 de agosto), hizo lo que muy pocos se atrevían: decirle que no a la personalidad más influyente del país. “Si hubiera aceptado el casamiento, habría sido la presidenta de la Nación”, presume Víctor Lupo, dirigente del Movimiento Social del Deporte (MSD). La réplica de Mary, en tono apacible, provocó que la buena relación que tenía con Perón no se resquebrajara. El General, no obstante, minimizó la situación en los años siguientes. En su libro “Del poder al exilio”, publicado en 1973, Perón desliza que se trató de versiones infundadas y utiliza un recurso dispersivo no demasiado elegante: “Fue mi tercera o cuarta o quinta amante…”. Lo que sí está claro es que, al truncarse el anhelo conyugal, no hubo insistencia ni nuevas arremetidas. El líder y la tenista no pasaron a vivir un enamoramiento clandestino ni ocasional ni, mucho menos, un noviazgo. Sólo tejieron un vínculo ideológico.

El único obstáculo que estorbó a Mary dentro del peronismo fue Juan Duarte, hermano de Eva y secretario de Perón. Perspicaz, Duarte percibió que el General estaba interesado en la tenista, y que en un principio pretendía algo más que la amistad. Duarte no quería que el acercamiento se acrecentara e hizo el máximo esfuerzo para impedir que Terán de Weiss fuera la nueva primera dama. A cualquier costo, casi con ínfulas asesinas, o al menos intimidantes: Mary solía trasladarse en moto, y en ese dato se alojaba una oportunidad. 

A finales de 1952, cuando la rosarina salió de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) con su vehículo y tomó la avenida Figueroa Alcorta, un auto que circulaba en la misma dirección aceleró el paso y embistió a la moto. Mary salió despedida y, con suerte, cayó sobre un montículo de arena ubicado enfrente de una obra en construcción. Salvó su vida de milagro. A los pocos días, Terán de Weiss reconoció en su círculo íntimo que sabía que el coche era conducido por Duarte, pero no hizo la denuncia policial por respeto a la memoria de Evita. El atentado quedó impune.  

Pero Mary Terán de Weiss fue, antes de contraer matrimonio, María Luisa Beatriz Terán, una mujer que nació en Rosario el 29 de enero de 1918 en una familia de clase media baja. Desde chica irradió destreza para practicar deportes: primero sobresalió en natación y luego fue timonel del equipo de remeros del club Alberdi. El de Mary era un pequeño cuerpo en el que germinaba un talento que duplicaba su complexión física. Los inicios en el tenis no fueron sencillos. Su madre no quería que agregara otra actividad a la extensa lista de ocupaciones: creía que era demasiada carga para una colegiala. Sin embargo, Mary aprovechó que su padre era el responsable del bufet del Rosario Rowing y empezó a jugar en las canchas de arcilla del club. Primero participó en los torneos del Alberdi (más adelante ficharía en Atlético del Rosario) y, muy pronto, consiguió el título de campeona juvenil y la cima del ranking santafesino.

Superada ya la instancia provincial, la rosarina aceptó una invitación para entrenarse y competir en el Adrogué Tennis Club de Buenos Aires, donde desembarcó en 1937. Cuatro años después, en 1941, Mary afianzó su nivel y conquistó por primera vez el primer puesto de la clasificación nacional. También fue la mejor tenista argentina en 1944, 1946, 1947, 1948 y 1952. En los Panamericanos de Buenos Aires 1951, en el que curiosamente compartió la delegación nacional junto a Felisa Piédrola de Zappa (también medallista), Terán de Weiss ganó dos medallas de oro y, como tantos otros deportistas animados por el peronismo, salió de la Argentina para explorar el mercado extranjero. Le fue muy bien y el logro que la catapultó fue el Plate de Wimbledon, un certamen en el que participaban las 68 jugadoras que habían sido eliminadas en las tres primeras rondas del torneo. Andersen apunta que Mary ganó muchos títulos internacionales, entre ellos los Abiertos de El Cairo, Tel Aviv, Venecia, Viena, Hamburgo y Calcuta, y que se convirtió en la primera argentina en integrar el top ten mundial femenino. Su carrera prologó la de Norma Baylon y Gabriela Sabatini.

En un viaje en tren rumbo a Córdoba para jugar el Campeonato del Centro de la República, Mary conoció a Heraldo Weiss, un tenista que fue primero del ranking nacional en 1944 y triple ganador del Abierto Argentino en 1942, 1945 y 1947. Miradas cómplices, palabras, acercamientos, risas… hasta que brotó el amor. La pareja se casó el 6 de agosto de 1943 y, a partir de entonces, Mary Terán pasó a ser Mary Terán de Weiss, lo que derivó en un doble cambio para su vida, y no sólo por el nuevo estado civil: fue Heraldo quien le inculcó la militancia peronista, por lo que Mary pasó a estrenar nombre e ideología. 

Poco después, en un acto celebrado en la Casa Rosada, el General y Evita hicieron una pausa para conversar con Weiss, que estaba acompañado por su flamante esposa. La charla desembocó en un plan para fomentar el tenis y, lentamente, hacerlo accesible a las clases populares. Esa jornada marcó el amanecer de una ligazón eterna y, a través de la Dirección de Deportes, Perón propuso colaboración para que Terán de Weiss pudiera costearse los viajes al exterior. Andersen aclara: “Ayudaron a muchos deportistas. El primero fue (Juan Manuel) Fangio, que precisaba mucha plata para el movimiento de la Fórmula 1. Era un dinero muy bien invertido porque todo el mundo hablaba de Fangio y de la Argentina. Con respecto a Mary hay que contar que tanto ella como Heraldo han agregado dinero de su bolsillo porque tampoco les daban una fortuna”. 

Durante el gobierno peronista, Terán de Weiss fue designada vicepresidenta de la Fundación Eva Perón y jefa de los Campos Deportivos Municipales. El 27 de marzo de 1953, el diario español Mundo Deportivo difundió un testimonio de la rosarina: “Perón me encargó un programa de amplio alcance para producir nuevos jugadores de tenis en años venideros (…). Cuando mi marido murió en 1952, el presidente me llamó para que pusiera en práctica nuestro proyecto. Con fondos que nos ha proporcionado la municipalidad de Buenos Aires, damos entrenamientos a más de 1500 chicos y chicas de 8 a 18 años y a cualquier familia que quiera aprender el juego”.

El estallido de la Revolución Libertadora, en 1955, fue un quiebre en la historia peronista. En los bombardeos del 16 de junio, circuló un (falso) rumor que aseveraba que Terán de Weiss y Perón estaban juntos, y que por eso cayó un ataque aéreo “en las inmediaciones de la Avenida Alvear, justamente en el departamento de los ‘morganáticos’ amores de Juan Domingo”, según consigna el libro “Hay que matar a Perón”, de Enrique Pavón Pereyra. La consecuencia: tres civiles muertos, mientras que en el ámbito deportivo, quienes habían tenido contacto con el gobierno depuesto, fueron sancionados y excluidos de los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956. 

Mary se fue exiliada a España, donde le concedieron la carta de ciudadanía y en poco tiempo llegó a la cima del ranking de ese país, mientras el acoso desde Buenos Aires no disminuía ni siquiera a la distancia. Incluso la Asociación Argentina de Tenis solicitó que la Federación Internacional no la dejara actuar en los torneos españoles, aunque su pedido nunca resultó correspondido. “Fue la más crucificada por ser militante peronista. Y en segundo lugar por su condición de mujer”, analiza Lupo en referencia a Terán de Weiss, que finalmente regresó a la Argentina en agosto de 1959 y siguió sufriendo un boicot sin precedentes. Antonio Vespucio Liberti, presidente de River, fue el único dirigente que se animó a incorporarla al equipo de tenis de su club, una muestra de solidaridad aislada en medio de una caza de brujas: las comisiones directivas del resto de las instituciones y muchas otras jugadoras rehusaron a participar del torneo interclubes porque Terán de Weiss integraba el plantel de River.  

Pocos se acordaban entonces que Mary, en su rol de funcionaria justicialista, había terciado para que la Municipalidad no abriera una calle proyectada para atravesar por el medio las instalaciones del Belgrano Athletic, ni que había impedido que le quitaran la personería jurídica al Buenos Aires Lawn Tennis Club. “Mi situación constituye una inhumana e injusta persecución (…) ¡Qué fácil olvida la gente!”, escribió Mary en una carta abierta publicada por El Gráfico, el 22 de julio de 1964.

Dos décadas después, herida por el puñal del olvido, y juzgada y sentenciada por la corriente elitista del deporte blanco, Terán de Weiss, a los 66 años, se suicidó el 8 de diciembre de 1984, en Mar del Plata. No pudo domar una crisis depresiva que se profundizó con el deceso de su madre y se arrojó al vacío desde un séptimo piso. Gracias a la Ley 2502 de la Ciudad, aprobada por mayoría el 8 de noviembre de 2007, el estadio de Parque Roca, en el que suelen jugar como locales los equipos argentinos de Copa Davis y Fed Cup, pasó a llamarse Mary Terán de Weiss. 

El periodista Guillermo Salatino relativiza la trayectoria de Mary y, puntualizando más en los méritos deportivos de los tenistas que en los simbolismos, manifiesta: “No estoy de acuerdo con que el estadio lleve su nombre porque fue una jugadora más de las tantas buenas que hubo en esa época y su nombre se debe a que era íntima amiga de Perón. De no haber estado vinculada a Perón nadie la conocería como no se conocen a ninguna de su generación. Está puesto por una cuestión política y quiero dejar constancia que no tengo absolutamente nada contra su persona, ni como jugadora ni en el orden personal. Creo que esa cancha debería llamarse Guillermo Vilas”. 

“El triunfo de Mary es la aparición posterior de Vilas, que masificó el tenis. Ella fue la pionera, e incluso decía que había que apoyar a Guillermo porque proyectaba en él su propia ambición”, replica Lupo, quien también propuso para que se denominara Mary Terán de Weiss a la parada del metrobus que circunda el estadio, aunque el gobierno porteño finalmente la bautizó “Parque Roca”.

Aún hoy, a 29 años de su trágica decisión, Mary resulta aclamada por unos y relegada por otros, pero lo que ninguna disposición podrá negar es que fue la precursora en la popularización del tenis femenino. No se trata un éxito menor de alguien a quien ya, además, nadie se atreve a recordar como la “putita rosarina”.

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